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¿Por qué asumimos riesgos en el trabajo? Las claves detrás de las decisiones inseguras

riesgos en el trabajo

En prevención de riesgos laborales existe una pregunta tan antigua como compleja: si una persona conoce un peligro, ¿por qué decide exponerse igualmente a él?

La respuesta no es sencilla. Durante años, determinados accidentes se han explicado recurriendo a expresiones como “exceso de confianza”, “imprudencia” o “incumplimiento del procedimiento”. Sin embargo, la investigación científica sobre comportamiento, percepción del riesgo y toma de decisiones muestra una realidad mucho más compleja.

Conocer un riesgo no significa necesariamente percibirlo como suficientemente relevante para modificar nuestra conducta.

La experiencia acumulada, la ausencia previa de accidentes, la familiaridad con una tarea, la cultura de seguridad de la organización o determinados sesgos cognitivos pueden modificar nuestra percepción del peligro y, con ella, nuestras decisiones.

La percepción del riesgo condiciona nuestra conducta

Una revisión sistemática publicada en 2025 en Safety Science analizó la relación entre percepción del riesgo y comportamientos de seguridad en trabajadores expuestos a actividades de alto riesgo.

La mayoría de los estudios revisados encontró una asociación entre una mayor percepción del riesgo y comportamientos más seguros. Sin embargo, los autores advierten de que esta relación no es automática ni uniforme.

La percepción del riesgo no consiste únicamente en conocer técnicamente la probabilidad de que ocurra un accidente o la gravedad de sus consecuencias.

También existe una dimensión emocional.

Miedo, preocupación, confianza, familiaridad o sensación de control influyen en cómo interpretamos una situación peligrosa.

Esto ayuda a explicar por qué dos trabajadores con una formación similar pueden comportarse de manera diferente ante un mismo peligro.

Uno puede considerar que la situación requiere detener el trabajo.

El otro puede pensar que “se puede hacer”.

“Lo he hecho cien veces y nunca ha pasado nada”

Probablemente sea una de las frases más peligrosas que pueden escucharse en un entorno laboral.

Y, paradójicamente, responde a un mecanismo psicológico perfectamente comprensible.

Cuando una persona se expone repetidamente a un peligro sin sufrir consecuencias, puede comenzar a interpretar esa ausencia de accidentes como una evidencia de seguridad.

Pero existe un problema:

que un accidente no haya ocurrido anteriormente no significa que el riesgo haya desaparecido.

La investigación denomina a este fenómeno habituación al riesgo.

Un estudio publicado en iScience analizó cómo trabajadores expuestos repetidamente a señales de peligro podían desarrollar una menor respuesta frente a ellas.

Los investigadores encontraron incluso evidencia neurofisiológica de este proceso mediante electroencefalografía.

La exposición repetida a determinadas señales de advertencia reducía progresivamente la respuesta sensorial de los participantes.

En términos preventivos, el fenómeno resulta especialmente importante.

Un trabajador puede comenzar una actividad prestando mucha atención a un peligro y, después de cientos de exposiciones sin consecuencias, terminar considerándolo parte normal del trabajo.

El riesgo sigue allí.

Lo que ha cambiado es nuestra percepción del riesgo.

La experiencia puede proteger, pero también generar exceso de confianza

La experiencia profesional suele mejorar la capacidad para reconocer peligros, anticipar problemas y gestionar situaciones complejas.

Pero la experiencia también puede generar un efecto contrario.

Un trabajador que lleva años realizando una operación sin sufrir accidentes puede desarrollar una percepción subjetiva de control muy superior al control real que tiene sobre la situación.

Se produce entonces un razonamiento implícito:

“Si nunca me ha pasado nada, probablemente tampoco me pase ahora”.

Este tipo de razonamiento puede convertirse en un poderoso “anclaje” mental.

Un estudio publicado en Safety and Health at Work analizó precisamente este fenómeno en 1.418 trabajadores de minería del carbón.

Los investigadores comprobaron que las referencias previas utilizadas por los trabajadores para valorar un peligro podían modificar significativamente su percepción.

Cuando el “ancla” transmitía una percepción de riesgo elevada, aumentaba la valoración del peligro y disminuía la predisposición a realizar conductas inseguras.

Por el contrario, determinadas experiencias anteriores podían disminuir la percepción del riesgo.

Por ejemplo, haber realizado previamente una conducta peligrosa sin sufrir consecuencias puede convertirse en una referencia mental para interpretar situaciones futuras.

En otras palabras:

el éxito de una conducta insegura puede reforzar esa misma conducta.

La persona aprende algo que, desde el punto de vista preventivo, es completamente equivocado:

“Funcionó la última vez”.

El sesgo de optimismo: los accidentes les ocurren a otros

Existe además otro mecanismo ampliamente estudiado en psicología: el sesgo de optimismo.

Las personas tendemos a considerar que determinados acontecimientos negativos tienen menos probabilidades de ocurrirnos a nosotros que a otras personas comparables.

Ese fenómeno también puede aparecer en seguridad laboral.

Un trabajador puede reconocer perfectamente que una tarea es peligrosa y, al mismo tiempo, considerar que posee suficiente habilidad o experiencia para evitar el accidente.

No niega el peligro.

Niega, en cierta medida, su propia vulnerabilidad frente al peligro.

Una investigación realizada con trabajadores de construcción encontró que el sesgo de optimismo relacionado con los riesgos laborales se asociaba con una mayor tendencia a asumir riesgos.

Es especialmente relevante porque desmonta otra idea habitual en prevención:

aumentar el conocimiento sobre un riesgo no garantiza necesariamente que cambie el comportamiento.

Una persona puede saber perfectamente que existe peligro y continuar realizando la misma conducta porque considera improbable que las consecuencias le afecten personalmente.

La normalización del riesgo

Los comportamientos inseguros también pueden convertirse progresivamente en comportamientos normales.

Una desviación respecto al procedimiento puede comenzar siendo excepcional.

Después se repite.

No ocurre ningún accidente.

Se vuelve a repetir.

Y termina integrándose en la forma habitual de trabajar.

El resultado es peligroso porque la organización puede terminar aceptando implícitamente prácticas que inicialmente habría considerado inaceptables.

Podemos representarlo de forma sencilla:

desviación → ausencia de consecuencias → repetición → aceptación → normalización.

En ese momento, la conducta deja incluso de percibirse como insegura.

“Siempre lo hacemos así”.

Esta frase debería considerarse una auténtica señal de alerta preventiva.

El trabajador no toma decisiones en el vacío

Centrar todo el análisis en la psicología individual sería, sin embargo, un error.

Las decisiones de seguridad se producen dentro de una organización.

Los trabajadores reciben continuamente señales sobre qué comportamientos son realmente valorados.

No necesariamente mediante procedimientos escritos.

También mediante decisiones cotidianas.

¿Qué ocurre cuando producir rápido entra en conflicto con trabajar de forma segura?

¿Qué hace el mando cuando observa un incumplimiento?

¿Se detiene una operación si las condiciones no son adecuadas?

¿Los trabajadores pueden comunicar un peligro sin temor a represalias?

¿Se agradece realmente que alguien pare una tarea?

¿Los objetivos productivos contradicen indirectamente los mensajes preventivos?

Todo ello construye el clima de seguridad.

Una investigación internacional realizada sobre miles de trabajadores de construcción encontró una relación consistente entre un mejor clima de seguridad y una menor tolerancia hacia comportamientos de riesgo.

Esto introduce un elemento fundamental:

las organizaciones también enseñan cuánto riesgo es aceptable asumir.

Si un trabajador observa que determinadas conductas inseguras son toleradas, que los resultados productivos se premian incluso cuando implican desviaciones o que los mandos actúan de manera diferente a lo establecido en los procedimientos, el mensaje preventivo real puede ser muy distinto del mensaje formal.

Cuando las señales de peligro dejan de funcionar

Las organizaciones utilizan habitualmente señales, carteles, alarmas y procedimientos para advertir de los riesgos.

Pero una señal repetida continuamente puede perder progresivamente su capacidad de llamar nuestra atención.

Es un fenómeno conocido en numerosos ámbitos relacionados con los factores humanos.

Si una alarma aparece constantemente y casi nunca implica una situación realmente peligrosa, las personas pueden empezar a ignorarla.

Si un cartel permanece durante años en el mismo lugar, puede terminar formando parte del paisaje.

Si una advertencia aparece en todas las operaciones, independientemente del nivel real de riesgo, puede perder capacidad para modificar el comportamiento.

Una advertencia que deja de generar atención deja también de cumplir parte de su función preventiva.

La prevención debería analizar no solo si existe información sobre el riesgo, sino también si esa información continúa siendo capaz de modificar la percepción y la conducta.

¿Puede la realidad virtual ayudar?

La investigación sobre habituación al riesgo aporta un resultado particularmente interesante.

En el estudio publicado en iScience, los trabajadores fueron expuestos mediante realidad virtual a la experiencia de un accidente.

Posteriormente, los investigadores observaron una recuperación de la respuesta frente a determinadas señales de peligro y una mejora de la vigilancia ante riesgos reales.

Esto abre una vía interesante para la formación preventiva.

No significa que la realidad virtual sustituya a la formación convencional.

Pero sí sugiere que experimentar de forma inmersiva las consecuencias de determinadas decisiones puede generar un aprendizaje diferente al de simplemente recibir información sobre ellas.

Leer que una conducta puede provocar un accidente y experimentar virtualmente ese accidente son experiencias cognitivas muy distintas.

El problema de repetir siempre la misma formación

Muchas empresas realizan periódicamente acciones formativas sobre riesgos que los trabajadores conocen desde hace años.

Esto puede ser necesario desde el punto de vista preventivo y normativo, pero plantea una cuestión importante:

¿estamos aumentando realmente la percepción del riesgo o simplemente repitiendo información conocida?

Un trabajador puede conocer perfectamente:

  • el procedimiento;
  • el peligro;
  • las consecuencias;
  • los equipos necesarios;
  • las normas aplicables.

Y, aun así, realizar una conducta insegura.

En esos casos, probablemente el problema no sea exclusivamente de conocimiento.

Puede estar relacionado con:

  • percepción incorrecta del riesgo;
  • exceso de confianza;
  • presión temporal;
  • normalización de desviaciones;
  • hábitos adquiridos;
  • comportamiento de compañeros y mandos;
  • sensación de control;
  • experiencias anteriores sin consecuencias.

Esto obliga a replantear determinadas estrategias formativas.

De enseñar riesgos a modificar decisiones

Una prevención más eficaz debería trabajar no solo sobre qué debe hacer el trabajador, sino también sobre cómo toma decisiones cuando aparece una situación real.

Algunas medidas pueden resultar especialmente útiles:

  • analizar las conductas de riesgo sin reducir inmediatamente su explicación a “imprudencia”;
  • estudiar qué condiciones organizativas favorecen determinadas decisiones;
  • utilizar accidentes e incidentes reales como herramienta de aprendizaje;
  • evitar que desviaciones habituales terminen normalizándose;
  • reforzar el liderazgo visible de los mandos;
  • revisar señales y advertencias que hayan perdido eficacia;
  • introducir escenarios prácticos de toma de decisiones en la formación;
  • utilizar simulación o realidad virtual cuando resulte apropiado;
  • promover la comunicación de errores e incidentes sin daño;
  • analizar las presiones productivas o temporales que puedan competir con la seguridad.

La pregunta correcta no es “¿por qué incumplió?”

Después de un accidente resulta tentador buscar rápidamente una conducta incorrecta.

“No utilizó el equipo”.

“No siguió el procedimiento”.

“Entró donde no debía”.

“Desconectó la protección”.

Estas afirmaciones pueden describir lo que ocurrió.

Pero no necesariamente explican por qué ocurrió.

Una investigación preventiva realmente útil debería ir un paso más allá.

¿Por qué consideró aceptable hacerlo?

¿Por qué la conducta se había realizado anteriormente?

¿Otros trabajadores actuaban igual?

¿Era conocida por los mandos?

¿Había ocurrido anteriormente sin consecuencias?

¿Existía presión de tiempo?

¿El procedimiento era compatible con la realidad del trabajo?

¿El peligro había dejado de percibirse como tal?

Estas preguntas probablemente proporcionen mucha más información preventiva que limitarse a identificar el último error cometido.

El gran reto: mantener viva la percepción del riesgo

Existe una paradoja importante en prevención.

Cuanto mejor funciona un sistema preventivo y menos accidentes ocurren, más difícil puede resultar mantener la percepción de que determinados riesgos continúan siendo graves.

La ausencia prolongada de accidentes puede interpretarse como una demostración de que las medidas preventivas funcionan.

Y probablemente sea cierto.

Pero también puede generar una peligrosa sensación colectiva:

“Aquí nunca pasa nada”.

Es precisamente entonces cuando la organización debe evitar que la confianza se convierta en complacencia.

Porque un riesgo puede permanecer durante años sin producir consecuencias y materializarse en segundos.

La prevención efectiva no consiste únicamente en conseguir que los trabajadores conozcan los peligros.

Consiste también en conseguir que sigan percibiéndolos como relevantes después de cientos o miles de exposiciones sin consecuencias.

Y posiblemente ahí se encuentre una de las claves más importantes de la seguridad laboral: el trabajador que asume un riesgo no siempre desconoce el peligro. En ocasiones lo conoce perfectamente, pero ha aprendido a pensar que esta vez tampoco ocurrirá nada.

Referencias

Priolo, G., Vignoli, M., & Nielsen, K. (2025). Risk perception and safety behaviors in high-risk workers: A systematic literature review. Safety Science, 186, 106811. ScienceDirect

Qiu, Z., Liu, Q., Li, X., & Zhang, Y. (2024). Why do Workers Generate Biased Risk Perceptions? An Analysis of Anchoring Effects and Influential Factors in Workers’ Assessment of Unsafe Behavior. Safety and Health at Work, 15(3), 300–309. ScienceDirect

Kim, N., Grégoire, L., Razavi, M., Yan, N., Ahn, C. R., & Anderson, B. A. (2023). Virtual accident curb risk habituation in workers by restoring sensory responses to real-world warning. iScience, 26(1), 105827. ScienceDirect

Xia, N., Xie, Q., Hu, X., Wang, X., & Meng, H. (2022). How Optimism Bias and Safety Climate Influence the Risk-Taking Behavior of Construction Workers. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(3), 1243. pmc.ncbi.nlm.nih.gov

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