Durante años, el debate sobre la salud mental en el trabajo se ha centrado en el estrés, la sobrecarga laboral o el conocido síndrome de burnout. Sin embargo, existe un fenómeno menos visible, pero cada vez más presente en muchas organizaciones: el boreout, o aburrimiento crónico en el trabajo.
Aunque pueda parecer paradójico, la falta de carga de trabajo, de retos o de sentido en las tareas puede generar un impacto negativo similar al exceso de trabajo. Desde la psicología laboral se reconoce que la inactividad prolongada, la repetición constante de tareas o la infrautilización de las capacidades profesionales pueden provocar desmotivación, apatía e incluso problemas de salud mental.
Cuando la prevención se vuelve rutinaria
El trabajo del técnico de prevención de riesgos laborales suele asociarse a una alta responsabilidad: evaluación de riesgos, formación, investigación de accidentes, auditorías o gestión de sistemas de prevención. Sin embargo, en determinadas organizaciones la función preventiva puede acabar convirtiéndose en una actividad excesivamente burocrática y repetitiva.
Informes que se repiten año tras año, evaluaciones que se actualizan sin cambios reales o reuniones en las que apenas se toman decisiones pueden generar una sensación de estancamiento profesional.
En estos contextos aparece el boreout, caracterizado por tres elementos fundamentales:
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Infraexigencia: sensación de que el puesto exige menos de lo que el profesional puede aportar.
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Aburrimiento crónico: apatía o falta de estímulo intelectual durante la jornada laboral.
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Desinterés por el trabajo: pérdida de identificación con la actividad profesional.
El problema no es únicamente individual. Cuando estas situaciones se prolongan, pueden derivar en descenso de la productividad, baja implicación profesional y deterioro del clima laboral.
¿Por qué ocurre en prevención?
Existen varias razones organizativas que pueden favorecer este fenómeno en el ámbito de la prevención:
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Sistemas preventivos muy formales pero con poca capacidad real de decisión.
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Técnicos que quedan relegados a tareas administrativas.
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Falta de integración de la prevención en la estrategia empresarial.
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Escasa participación en proyectos de mejora o innovación.
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Poca autonomía para impulsar cambios organizativos.
Paradójicamente, esto puede ocurrir incluso en profesionales altamente cualificados. Cuando el conocimiento técnico no se aprovecha, aparece la sensación de estar desaprovechando talento profesional.
El riesgo invisible para la seguridad
El boreout no solo afecta al bienestar del trabajador. También puede tener consecuencias en la eficacia del sistema preventivo.
Un técnico desmotivado puede limitarse a cumplir formalmente con los requisitos documentales sin impulsar cambios reales en la organización. En otras palabras, la prevención se convierte en gestión de papeles en lugar de gestión de riesgos.
Esto es especialmente crítico en un momento en el que la prevención necesita evolucionar hacia modelos más avanzados basados en cultura de seguridad, liderazgo preventivo y participación de las personas trabajadoras.
Cómo evitar caer en la rutina preventiva
La prevención moderna exige perfiles profesionales activos, capaces de impulsar cambios y aportar valor a la organización. Algunas estrategias que pueden ayudar a evitar el boreout incluyen:
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Participar en proyectos de innovación en seguridad y salud.
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Impulsar indicadores preventivos más allá de la siniestralidad.
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Integrar la prevención en procesos estratégicos de la empresa.
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Desarrollar nuevas competencias (ergonomía, factores psicosociales, cultura de seguridad).
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Promover iniciativas de mejora continua.
La prevención de riesgos laborales no debería ser un trabajo rutinario. Bien gestionada, es una disciplina con un enorme potencial transformador dentro de las organizaciones.















