InicioSeguridad VialAlcohol y conducción: cómo afecta al riesgo de accidente y qué medidas...

Alcohol y conducción: cómo afecta al riesgo de accidente y qué medidas debe aplicar la empresa

alcohol+volante

El alcohol continúa siendo uno de los factores de riesgo más relevantes en seguridad vial. Sin embargo, desde una perspectiva preventiva, la cuestión no debería centrarse únicamente en conocer cuál es el límite legal de alcoholemia, sino en comprender cómo afecta el alcohol a la capacidad para conducir y desde qué niveles comienza a incrementarse el riesgo de accidente.

La evidencia científica disponible muestra que el deterioro de determinadas capacidades necesarias para conducir puede comenzar con concentraciones relativamente bajas de alcohol, incluso antes de que el conductor perciba claramente que sus facultades están afectadas. Esta circunstancia resulta especialmente importante porque la sensación subjetiva de encontrarse en condiciones de conducir no constituye un indicador fiable de seguridad.

El alcohol afecta a prácticamente todas las capacidades psicofísicas necesarias para una conducción segura. Puede alterar la atención, la percepción visual, la coordinación motora, el tiempo de reacción, la capacidad para mantener la trayectoria del vehículo y la correcta valoración de las distancias y velocidades.

A estos efectos se añade otro especialmente peligroso: el alcohol también puede modificar la percepción que el conductor tiene de sus propias capacidades. La persona puede sentirse más segura, asumir mayores riesgos o infravalorar situaciones que en condiciones normales identificaría como peligrosas.

El riesgo aumenta progresivamente con la alcoholemia

La relación entre alcohol y siniestralidad vial presenta una clara respuesta relacionada con la cantidad consumida. A medida que aumenta la concentración de alcohol en sangre, el riesgo de accidente se incrementa de manera cada vez más acusada.

La investigación científica sobre conducción simulada ha encontrado alteraciones significativas en el control lateral del vehículo, especialmente en la capacidad para mantener una posición estable dentro del carril. También se han observado efectos sobre la atención dividida, la vigilancia, el procesamiento de la información y la velocidad de respuesta ante situaciones imprevistas.

Esto significa que no es necesario alcanzar un estado evidente de embriaguez para que la conducción se vea afectada. El deterioro puede comenzar mucho antes.

Uno de los principales errores preventivos consiste precisamente en asociar exclusivamente el riesgo al conductor que presenta signos visibles de intoxicación. La seguridad vial debe actuar mucho antes de llegar a esa situación.

El límite legal no equivale a un nivel seguro

Otra cuestión fundamental es diferenciar entre cumplimiento legal y seguridad preventiva.

Que una determinada tasa de alcoholemia se encuentre dentro de los límites permitidos legalmente no significa que no exista un incremento del riesgo. Diferentes estudios han identificado alteraciones de determinadas funciones relacionadas con la conducción a concentraciones inferiores a algunos de los límites legales establecidos.

Por este motivo, desde el punto de vista preventivo, el mensaje resulta mucho más sencillo: si se va a conducir, la opción más segura es no consumir alcohol.

Intentar calcular cuántas bebidas pueden consumirse sin superar determinado nivel presenta importantes limitaciones. La alcoholemia puede variar considerablemente en función de factores como la cantidad ingerida, la velocidad de consumo, el tiempo transcurrido, el peso corporal, el sexo, la alimentación o determinadas características metabólicas individuales.

Por tanto, no existe una fórmula doméstica fiable que permita garantizar que una persona está en condiciones seguras para conducir.

Una experiencia previa sin accidentes no demuestra que sea seguro

Existe además un fenómeno especialmente relevante desde la perspectiva de la conducta preventiva.

Una persona puede haber conducido anteriormente después de consumir alcohol sin sufrir ningún accidente. Si esta situación se repite, puede aparecer una falsa percepción de control: “lo he hecho otras veces y nunca ha pasado nada”.

Este razonamiento es peligroso.

La ausencia de consecuencias anteriores no demuestra que el comportamiento sea seguro. Simplemente significa que en esas ocasiones no se produjo la combinación de circunstancias necesaria para desencadenar el accidente.

La repetición de una conducta de riesgo puede incluso reforzar psicológicamente la sensación de seguridad y favorecer que el comportamiento vuelva a producirse.

Alcohol y conducción en el ámbito laboral

Cuando la conducción forma parte de la actividad profesional, la gestión preventiva adquiere todavía mayor importancia.

Muchas organizaciones cuentan con trabajadores que utilizan vehículos diariamente: comerciales, técnicos de mantenimiento, personal sanitario, repartidores, transportistas, instaladores, personal de obra, responsables de centros o trabajadores que realizan desplazamientos frecuentes entre instalaciones.

En estos casos, el riesgo vial debe integrarse dentro de la gestión preventiva de la empresa y no limitarse a campañas puntuales de sensibilización.

Una política eficaz debería establecer de forma clara la incompatibilidad entre consumo de alcohol y conducción relacionada con el trabajo. Pero comunicar una norma no es suficiente.

La empresa debe analizar también las circunstancias organizativas que pueden favorecer situaciones de riesgo.

Por ejemplo, deberían planificarse alternativas de transporte cuando se organicen comidas de empresa, celebraciones, reuniones comerciales o eventos corporativos en los que pueda existir consumo de alcohol.

También es importante evitar situaciones en las que un trabajador pueda sentirse presionado para conducir después de haber consumido alcohol simplemente porque necesita regresar a su domicilio, devolver un vehículo de empresa o desplazarse hasta otro centro de trabajo.

Alcohol, medicamentos y otras sustancias

La prevención debe prestar especial atención a la combinación de alcohol con determinados medicamentos u otras sustancias.

Algunos medicamentos pueden producir somnolencia, disminución de la atención, alteraciones visuales, reducción de los reflejos o problemas de coordinación. La combinación con alcohol puede potenciar estos efectos.

Por ello, los trabajadores que conducen habitualmente deberían estar sensibilizados sobre la importancia de revisar las advertencias relacionadas con la conducción cuando utilizan determinados tratamientos farmacológicos.

Esta cuestión debe gestionarse respetando siempre la confidencialidad y las competencias propias de la vigilancia de la salud.

Medidas prácticas que puede adoptar la empresa

La prevención del alcohol en la conducción laboral debería formar parte de un Plan de Movilidad Segura y Sostenible o integrarse dentro de la evaluación y gestión del riesgo vial.

Entre las medidas que pueden implantarse destacan:

Establecer una política clara de alcohol cero para la conducción relacionada con el trabajo.

Informar y formar a los trabajadores sobre los efectos reales del alcohol en la conducción, evitando mensajes exclusivamente centrados en sanciones o límites legales.

Planificar alternativas de transporte en reuniones, celebraciones o actividades corporativas donde pueda existir consumo de alcohol.

Analizar los accidentes e incidentes viales para identificar posibles factores humanos, organizativos o relacionados con las condiciones del desplazamiento.

Incluir la seguridad vial en la acogida y formación de los trabajadores que utilizan vehículos.

Sensibilizar sobre los riesgos derivados de combinar alcohol, medicamentos y otras sustancias.

Favorecer una cultura preventiva en la que cualquier trabajador pueda comunicar que no se encuentra en condiciones adecuadas para conducir sin miedo a consecuencias negativas.

Café, agua o dormir un rato no eliminan inmediatamente el alcohol

También siguen existiendo falsas creencias sobre métodos para reducir rápidamente la alcoholemia.

Tomar café, ducharse, beber mucha agua, realizar ejercicio, abrir las ventanillas del vehículo o dormir durante un breve periodo de tiempo no eliminan de forma inmediata el alcohol del organismo.

El alcohol necesita tiempo para ser metabolizado.

Por este motivo, confiar en estas estrategias puede generar una falsa sensación de seguridad y conducir a decisiones incorrectas.

Una regla preventiva sencilla

La seguridad vial laboral no debería plantearse buscando cuánto alcohol puede consumir una persona antes de conducir, sino intentando eliminar un factor de riesgo que es perfectamente evitable.

El vehículo puede constituir una auténtica herramienta de trabajo y, como cualquier otro equipo utilizado durante la actividad laboral, requiere unas condiciones adecuadas de utilización.

En este caso, una de ellas depende directamente del estado del conductor.

La regla preventiva es sencilla: si vas a conducir, alcohol cero.

Prevencionar
Prevencionarhttps://prevencionar.com
🥇 Prevencionar medio de información digital líder en Salud, Seguridad y Bienestar en el Trabajo
ÚLTIMAS PUBLICACIONES

ÚLTIMAS PUBLICACIONES

Grado en Prevención
QuirónPrevención
Vitaly
Baroig
Boletínspot_img
Prevycontrol
Prevencionar
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

¡Clic para escuchar!