
Mentelem pone el foco en el malestar de las personas que continúan trabajando pese a presentar niveles relevantes de afectación psicológica, una realidad que no aparece reflejada en las estadísticas de absentismo.
El absentismo laboral continúa situándose entre los principales retos para las organizaciones. En el segundo trimestre de 2026, la tasa de absentismo alcanzó el 7,2%, dos décimas más que en el mismo periodo del año anterior.
Según los datos recogidos en la nota de prensa de Mentelem, la media diaria de personas que no acudieron a su puesto de trabajo fue de 1.637.174, de las cuales 1.274.528 se encontraban de baja médica, lo que equivale al 5,6% de las horas pactadas. :chatgpt-content-reference{index=”0″}
La dimensión del fenómeno también se refleja en los datos correspondientes a 2025. El XV Informe Adecco sobre Empresa Saludable y Gestión del Absentismo situó la tasa de absentismo en el 7,88% en el cuarto trimestre de ese año, mientras que el coste total asociado al absentismo en España ascendió a 59.109 millones de euros. :chatgpt-content-reference{index=”1″}
El malestar de quienes continúan trabajando
Frente a estas cifras, Mentelem pone el foco en una realidad diferente: la de las personas que continúan desempeñando su actividad profesional pese a encontrarse en una situación relevante de malestar.
Entre los más de 500 empleados evaluados dentro de su plataforma, hasta un 32% presenta un nivel de malestar medio o alto, mientras que un 12% alcanza un nivel clínicamente significativo. :chatgpt-content-reference{index=”2″}
El absentismo permite conocer quién no acude a trabajar, pero no muestra qué ocurre con quienes permanecen en su puesto pese a presentar un nivel importante de malestar.
Esta situación se vincula con el denominado presentismo laboral, es decir, la permanencia en el puesto de trabajo pese a experimentar un deterioro significativo del bienestar o de la salud.
Alejandro Pereira, psicólogo clínico, fundador de Mentelem y Premio Nacional de Psicología 2023, señala que las bajas “solo muestran la punta del problema” y destaca la importancia de medir también el malestar de las personas que continúan trabajando para detectar situaciones que, de otro modo, pueden pasar desapercibidas. :chatgpt-content-reference{index=”3″}
Absentismo y malestar: dos indicadores complementarios
La nota destaca que ambos indicadores responden a realidades diferentes. Mientras el absentismo permite cuantificar las ausencias y las horas de trabajo no realizadas, la medición del malestar aporta información sobre el estado de las personas que permanecen en activo.
Esta diferencia resulta especialmente relevante para las organizaciones, ya que las bajas identifican una ausencia, pero no reflejan aquellas situaciones en las que una persona sigue desempeñando sus funciones pese a experimentar niveles elevados de malestar.
Analizar únicamente las bajas puede ofrecer una visión incompleta de la situación real de los equipos.
Pereira subraya que absentismo y malestar son indicadores distintos y complementarios, y que disponer solo de información sobre las bajas deja fuera una parte importante de la realidad laboral de las organizaciones. :chatgpt-content-reference{index=”4″}
La prevención como herramienta de detección temprana
Este enfoque refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos de gestión capaces de detectar señales de malestar antes de que evolucionen hacia situaciones de mayor gravedad.
La combinación de indicadores de absentismo, evaluación psicológica, análisis del riesgo psicosocial y seguimiento continuo puede aportar una visión más completa de la salud de las personas trabajadoras y facilitar actuaciones preventivas más tempranas.
Para las organizaciones, el reto pasa por no limitar el análisis a las ausencias, sino por incorporar herramientas que permitan conocer también cómo se encuentran quienes siguen trabajando y detectar posibles situaciones de presentismo, deterioro del bienestar, riesgo psicosocial o futura incapacidad temporal.
















