Los riesgos químicos y biológicos siguen siendo una de las principales causas de enfermedad profesional en Europa, pese a los avances en prevención y vigilancia de la salud laboral. Un reciente análisis evidencia que la exposición a estos agentes no se distribuye de forma homogénea entre los trabajadores, sino que se concentra en determinados grupos ocupacionales, lo que contribuye directamente a las desigualdades en salud laboral.
El estudio identifica un total de 308 agentes peligrosos —entre sustancias químicas y agentes biológicos— que pueden generar al menos 693 exposiciones directas en el entorno laboral. Estas exposiciones no afectan por igual a todos los trabajadores, sino que se concentran especialmente en cuatro grandes grupos: técnicos (ISCO 3), operarios (ISCO 8), trabajadores agrícolas (ISCO 6) y ocupaciones elementales (ISCO 9) .
En el caso de los riesgos químicos, destacan los agentes carcinógenos, sensibilizantes, mutagénicos y tóxicos para la reproducción. Su presencia es habitual en sectores como la industria química, la construcción, la metalurgia o la agricultura. Sustancias presentes en pinturas, disolventes, pesticidas, resinas o productos de limpieza están directamente relacionadas con enfermedades como el cáncer laboral, la dermatitis profesional o el asma ocupacional. De hecho, algunos estudios sitúan el coste social de estas patologías entre 2.900 y 126.000 euros por caso y año, dependiendo del tipo de enfermedad .
Por otro lado, los riesgos biológicos afectan principalmente a trabajadores del ámbito sanitario, agrícola y veterinario. La exposición a virus, bacterias y otros patógenos se produce a través del contacto con fluidos biológicos, bioaerosoles o vectores, generando enfermedades infecciosas y respiratorias. Profesionales sanitarios, por ejemplo, presentan un riesgo significativamente mayor de contraer infecciones como hepatitis, tuberculosis o gripe en comparación con la población general .
Un aspecto especialmente relevante es que estas exposiciones están fuertemente ligadas a las condiciones de trabajo y a la organización productiva. No se trata únicamente de la presencia de agentes peligrosos, sino de cómo se diseñan los procesos, las tareas y los entornos laborales. En este sentido, el estudio subraya que la desigual distribución de los riesgos es un factor clave en la generación de enfermedades profesionales y en las desigualdades sociales en salud.
Además, una parte importante del impacto económico recae directamente sobre los trabajadores, especialmente en forma de pérdida de ingresos, incapacidad o deterioro de la calidad de vida. Esto refuerza la necesidad de adoptar un enfoque preventivo más ambicioso, que no solo actúe sobre la exposición, sino también sobre el diseño del trabajo.
En conclusión, los riesgos químicos y biológicos siguen siendo un desafío estructural en la prevención de riesgos laborales. Su reducción pasa necesariamente por integrar la salud en el diseño de los procesos productivos y por priorizar estrategias que eliminen o sustituyan los agentes peligrosos desde el origen. La prevención, en este contexto, no es solo una obligación normativa, sino una cuestión de equidad y sostenibilidad social.















