
Las altas temperaturas vuelven a situar la prevención de riesgos laborales en el centro de la gestión empresarial. El calor extremo no es solo una incomodidad: puede convertirse en un riesgo grave para la salud de las personas trabajadoras, especialmente cuando se combinan exposición solar, esfuerzo físico, humedad, falta de ventilación, uso de equipos de protección o jornadas prolongadas.
La Xunta de Galicia, a través del Instituto de Seguridad y Salud Laboral de Galicia —Issga—, ha instado a reforzar la prevención de los riesgos laborales asociados a las altas temperaturas mediante la campaña Trabajo y calor, dirigida tanto a empresas como a personas trabajadoras. La iniciativa insiste en medidas básicas pero decisivas: hidratación frecuente, descansos, alimentación ligera, aclimatación progresiva y vigilancia de los síntomas asociados al estrés térmico.
El estrés térmico: un riesgo que puede evolucionar rápido
El estrés térmico aparece cuando el organismo tiene dificultades para mantener su temperatura interna dentro de límites seguros. No depende únicamente de la temperatura ambiental. También influyen la humedad, la radiación solar, la intensidad del trabajo, la ropa utilizada, la duración de la exposición y las condiciones individuales de cada persona.
Por eso, el riesgo puede ser especialmente relevante en trabajos al aire libre, actividades con esfuerzo físico intenso, tareas en espacios mal ventilados o puestos en los que sea necesario utilizar determinados equipos de protección individual. En estos casos, la prevención debe planificarse antes de que aparezcan los síntomas.
Entre las señales de alerta pueden encontrarse el cansancio intenso, dolor de cabeza, mareos, náuseas, calambres, sudoración excesiva, piel caliente, confusión, sensación de ahogo o aumento anormal de la temperatura corporal. Ante estos síntomas, la respuesta debe ser inmediata: detener la actividad, buscar una zona fresca, hidratarse y activar los protocolos establecidos.
Medidas preventivas que deben estar presentes
La prevención frente al calor debe integrarse en la evaluación de riesgos y en la planificación preventiva de la empresa. No basta con recomendar “beber agua” cuando las temperaturas ya son extremas. Es necesario anticiparse, reorganizar el trabajo y adaptar las condiciones de exposición.
Entre las medidas más importantes se encuentran:
- Planificar las tareas más exigentes en las horas de menor temperatura.
- Establecer pausas periódicas en zonas frescas, ventiladas o sombreadas.
- Garantizar el acceso permanente a agua fresca.
- Favorecer una hidratación frecuente, incluso sin sensación de sed.
- Evitar comidas copiosas durante la jornada.
- Reducir, cuando sea posible, la carga física de las tareas.
- Facilitar ropa ligera, transpirable y adecuada al tipo de trabajo.
- Proteger frente a la radiación solar directa.
- Prever procesos de aclimatación para personas no habituadas al calor.
- Formar e informar sobre síntomas, medidas preventivas y actuación ante emergencias.
- Reforzar la vigilancia en personas especialmente sensibles o con condiciones de salud que puedan aumentar el riesgo.
Sectores especialmente expuestos
Aunque cualquier actividad puede verse afectada por episodios de calor intenso, algunos sectores presentan una exposición particularmente elevada. Entre ellos destacan agricultura, ganadería, pesca, jardinería, limpieza viaria, logística, transporte, hostelería en terrazas, mantenimiento, emergencias, industria con fuentes internas de calor y trabajos en cubiertas, carreteras, patios, naves o espacios exteriores.
También deben considerarse los trabajos en interiores donde exista acumulación de calor, falta de ventilación o presencia de maquinaria que incremente la temperatura del entorno.
Responsabilidad compartida, obligación empresarial
La campaña del Issga recuerda la importancia de la responsabilidad compartida: las personas trabajadoras deben comunicar síntomas o situaciones de riesgo, pero corresponde a las empresas implantar las medidas necesarias para proteger la seguridad y salud de su plantilla.
En este sentido, la Xunta ha puesto a disposición del tejido productivo un servicio de asesoramiento técnico para resolver dudas sobre la gestión del trabajo en condiciones de altas temperaturas y ayudar a las organizaciones a crear entornos laborales más seguros y saludables.
Además, el Issga se suma a la campaña estatal del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo sobre fenómenos meteorológicos adversos, que incluye materiales preventivos relacionados con olas de calor, radiación ultravioleta, nieve, hielo o viento fuerte.
Prevenir el calor también es organizar mejor el trabajo
La gestión del calor no debe abordarse como una medida puntual o improvisada. El cambio climático y el aumento de episodios de temperaturas extremas obligan a integrar este riesgo en la gestión preventiva ordinaria.
Adaptar horarios, rediseñar tareas, reforzar pausas, formar a los mandos intermedios, escuchar a las personas trabajadoras y actuar ante los primeros síntomas puede marcar la diferencia entre una jornada segura y un accidente grave.
La prevención frente al calor no consiste solo en soportar mejor las altas temperaturas. Consiste en organizar el trabajo para que nadie tenga que poner en riesgo su salud para cumplir con su tarea.















