Los efectos propios del desgaste profesional provienen principalmente del hecho de que es la misma dedicación a una tarea, su implicación en ella, la que facilita su aparición. Los efectos del desgaste profesional provienen en gran medida de que el esfuerzo del profesional por alcanzar unos objetivos es dificultado, de formas muy diferentes, por la misma organización que debería facilitarle su logro. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que, en principio, el burnout es una respuesta disfuncional estrictamente laboral, aunque pueda tener consecuencias más amplias no laborales. Es principalmente en los casos clínicos cuando los problemas de conducta y salud pueden tener una incidencia importante.
Existen numerosos estudios dirigidos a estudiar las relaciones entre el desgaste profesional y la salud física y mental de los trabajadores en distintos grupos profesionales, entre los que suelen destacar personal sanitario y profesores. Atendiendo a la definición más habitual del síndrome como una respuesta emocional a los problemas organizacionales e interpersonales, cabe esperar que los aspectos emocionales de salud mental puedan verse especialmente afectados. En efecto, los estudios han encontrado que el burnout suele estar asociado tanto a la depresión como a la ansiedad en sus diversas manifestaciones, (Kahill, 1988). En Europa, en el ámbito del personal sanitario, se ha encontrado relación entre burnout y depresion (Korkeila et al. 2003; Iacovides, Fountoulakis, Moysidou, y Ierodiakonou ,1999; Ahola y Hakanen, 2007) y ansiedad (Richardsen, Burke, y Leiter et al., 1992). Las personas afectadas por el burnout de forma clínica suelen perder tolerancia a la frustración, aumentar la irritabilidad y desarrollar una experiencia especialmente sensible a los fallos en la organización y a las relaciones interpersonales (Maslach, 1982). Otros trabajos europeos ponen de manifiesto su relación con la depresión y ansiedad (Brenninkmeijer, van Yperen, y Buunk, 2001; Landsbergis, 1988 y McCranie y Brandsma, 1988).
En las formas más severas de burnout aparecen igualmente efectos sobre la salud. Entre las consecuencias más habituales suele citarse la perdida de apetito, disfunciones sexuales, problemas de sueño (Kahill, 1988), fatiga crónica (Shiron, 1989), problemas musculoesqueleticos (Langballe et al., 2009; Melamed, 2009) y empeoramiento de la calidad de vida (Schwab, Jackson, y SchuleR,1986). Schaufeli y Enzman (1998) han encontrado que está unido a las quejas psicosomáticas, de forma que ambos fenómenos comparten entre un 20% y un 46% de su varianza. Los estudios de Wolpin (1986), utilizando una metodología longitudinal, han encontrado que después de un año de seguimiento los profesores afectados por el burnout mostraban mas quejas psicosomáticas. En la recopilación de estudios que Kirsi Ahola (2007) ha realizado sobre una amplia muestra finlandesa encuentra datos en la línea de lo anteriormente expuesto de forma que el burnout se relaciona con ansiedad, depresión, afectación músculoesquelética y cardiovascular.
El modelo de burnout desarrollado por Appels (2004) conocido como “Agotamiento vital “y que propone el exceso de fatiga, la falta de energía, el aumento de la irritabilidad y los sentimientos de desmoralización, ha aportado resultados que vinculan el burnout a los trastornos cardiovasculares. El cuerpo de evidencia de sus conclusiones indica que después de controlar y ajustar otros factores de riesgo como la edad, el índice de masas corporal, el consumo de tabaco, la presión sanguínea y niveles de lípidos, el agotamiento vital es un claro predictor de los trastornos cardiovasculares (Appels y Morder, 1988, Schuitemaker, Dinant, Van der Pol y Appels, 2004; Prescott et al. 2003).
Resulta preocupante el hecho de que pueda ser un fenómeno “contagioso” dentro de las organizaciones (Bakker, Le Blanc y Schaufeli, 2005; Bakker y Schaufeli, 2000). Se ha encontrado una asociación positiva entre burnout y dependencia al alcohol en distintos países (Cunradi, Greiner ,Ragland, Fisher, 2003 en USA, Winwood, Winefield, y LushingtON,2003 Australia; Ahola et al., 2006 en Finlandia).















