
La prevención de riesgos laborales suele asociar la carga física con lesiones musculoesqueléticas, fatiga o sobreesfuerzos. Sin embargo, una revisión sistemática publicada en International Journal of Industrial Ergonomics recuerda que el trabajo físicamente exigente también puede suponer una carga relevante para el sistema cardiovascular.
El artículo “Cardiovascular load assessment in the workplace: A systematic review”, elaborado por Mariana Dias, Luís Silva, Duarte Folgado, Maria Lua Nunes, Cátia Cepeda, Marcus Cheetham y Hugo Gamboa, analiza cómo se evalúa la carga cardiovascular en el trabajo y qué métricas se utilizan para identificar situaciones de mayor exigencia fisiológica. La revisión parte de una premisa clara: las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial y determinados factores laborales —como el trabajo físico intenso, las posturas forzadas, los movimientos repetitivos, las largas jornadas o el ruido— pueden relacionarse con un incremento del riesgo cardiovascular ocupacional.
Los autores revisaron estudios observacionales publicados entre 1984 y 2022, siguiendo las directrices PRISMA, e incluyeron finalmente 76 artículos. Su objetivo fue identificar las métricas utilizadas para medir la carga cardiovascular, los factores de riesgo estudiados, los sectores analizados y las recomendaciones preventivas derivadas de la evidencia disponible.
Entre las variables más utilizadas destacan las mediciones objetivas, especialmente las basadas en la frecuencia cardiaca, como la frecuencia cardiaca relativa, el porcentaje de carga cardiovascular, la variabilidad de la frecuencia cardiaca, el consumo de oxígeno o la presión arterial. También se contemplan métodos subjetivos, como las escalas de esfuerzo percibido, aunque los autores advierten que no deberían sustituir a las mediciones objetivas cuando estas son posibles.
La revisión identifica factores de riesgo muy diversos: condiciones ambientales como calor, humedad o ruido; características del puesto como duración de la jornada, pausas o turnos; exigencias de la tarea como manipulación de cargas, repetitividad o posturas forzadas; y características individuales como edad, sexo, condición física o masa corporal.
Una de las conclusiones más relevantes es que la carga cardiovascular no depende solo de “trabajar mucho” o “hacer esfuerzo”, sino de la interacción entre la tarea, el entorno, la organización del trabajo y la capacidad individual del trabajador. Por ello, la prevención debe ir más allá de recomendaciones genéricas e incorporar evaluaciones más precisas, especialmente en sectores como industria, construcción, agricultura, limpieza, minería, emergencias o trabajos expuestos al calor.
El artículo también señala la necesidad de avanzar en sistemas de monitorización, wearables y herramientas basadas en datos, pero sin olvidar lo esencial: rediseñar tareas, mejorar herramientas, organizar pausas, reducir exposiciones ambientales y adaptar el trabajo a las capacidades reales de las personas.
Referencia: Dias, M., Silva, L., Folgado, D., Nunes, M. L., Cepeda, C., Cheetham, M., & Gamboa, H. (2023). Cardiovascular load assessment in the workplace: A systematic review. International Journal of Industrial Ergonomics, 96, 103476. https://doi.org/10.1016/j.ergon.2023.103476














