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El manual de resistencia del técnico de PRL

El manual de resistencia del técnico de PRL

Por Carmen Cassini · Prevycontrol

Hace unos años se publicó en España un libro titulado Manual de Resistencia. Lo firmaba un presidente del Gobierno, y no voy a entrar aquí en si el contenido me convence o no, entre otras cosas porque esto es el blog de una auditoría de prevención de riesgos laborales y porque el título, en sí mismo, es magnífico. De hecho, es tan bueno que da pena dejarlo en manos de la política.

Porque, siendo justos, todo el mundo tiene su propio manual de resistencia. Lo tiene quien gobierna y lo tiene quien limpia el edificio donde se gobierna. La diferencia es que solo unos pocos manuales llegan a imprenta, y curiosamente no suelen ser los más gruesos.

Así que propongo un ejercicio: coger el título prestado, con todo el respeto y sin ninguna intención de molestar a nadie, y devolvérselo a quien lleva años escribiéndolo sin publicarlo. A ese señor o esa señora que ahora mismo está a las siete de la mañana en la puerta de una obra, con el chaleco puesto y el móvil en la mano, intentando que alguien —quien sea— le firme la coordinación de actividades empresariales antes de que entre la primera subcontrata.

Porque los manuales de resistencia más largos de este país no los escriben los cargos. Los escriben los oficios.

Así que aquí va, gratis y sin editorial, el auténtico manual de resistencia: el del técnico de prevención de riesgos laborales.

Capítulo I. La toma de posesión

No hay investidura. Hay un correo de bienvenida y una mesa compartida entre Recursos Humanos y el almacén de EPI.

Nadie le presentará como técnico superior de prevención con tres especialidades, máster, formación continua y responsabilidad legal encima. Le presentarán como «el chico nuevo, el de los papeles», o en su versión avanzada, «la de los cascos». A partir de ese momento, su nombre real solo aparecerá en dos sitios: en la nómina y en los informes que firma.

Capítulo II. La oposición

Todo gobierno tiene su oposición. La del técnico de PRL tiene una ventaja competitiva notable: es transversal, unánime y no necesita pactar con nadie. Va desde el operario hasta el director general, y tiene un programa electoral de tres puntos que no cambia nunca:

  1. «Esto siempre se ha hecho así.»
  2. «Con el arnés no se puede trabajar.»
  3. «Yo llevo treinta años en esto y no me ha pasado nada.»

Este último es mi favorito, porque técnicamente es cierto y estadísticamente es irrelevante. Treinta años sin accidente no demuestran que el riesgo no exista; demuestran que hasta hoy ha tenido usted una racha extraordinaria. Es exactamente el mismo razonamiento por el que nadie contrata un seguro de incendios: hasta ahora la casa no se ha quemado ni una sola vez.

Capítulo III. La cuestión de confianza

Llega el momento presupuestario. El técnico solicita una barandilla, una plataforma, una revisión de la instalación o —radicalismo puro— dos horas de formación práctica en lugar de una diapositiva.

Y entonces se formula la pregunta que sostiene media siniestralidad de este país:

«¿Pero esto es obligatorio-obligatorio?»

Traducción: ¿me puede multar alguien por no hacerlo? Porque si la respuesta es no, lo dejamos para el próximo ejercicio.

Curiosamente, existe un único escenario en el que la partida presupuestaria de prevención se aprueba sola, sin reuniones y sin tres firmas: el ejercicio siguiente a un accidente grave. La prevención es la única inversión que casi todo el mundo valora justo cuando ya ha dejado de ser prevención y ha pasado a ser reparación.

Capítulo IV. Las cuarenta y ocho horas

Y un día pasa. Y todo el mundo, absolutamente todo el mundo, se acuerda del teléfono del técnico.

Investigación del accidente, notificación, plazos, parte, comunicación a la autoridad laboral, informe, visita de la Inspección, llamada del abogado, llamada del cliente, llamada del que hace dos meses le dijo que la barandilla podía esperar. Cuarenta y ocho horas en las que la prevención pasa de ser un gasto a ser el departamento más importante de la empresa.

Y siempre, sin excepción, aparece la pregunta estrella:

«¿Pero tú esto lo tenías evaluado?»

Sí. Está evaluado. Y planificado. Y comunicado por escrito. Y consta en el acta del comité de seguridad y salud de hace catorce meses, punto cuarto del orden del día, ese que se despachó en dos minutos porque el punto tercero se había alargado y había que ir a comer.

El técnico de PRL es probablemente el único profesional que archiva sus propios avisos con la serenidad de quien sabe que algún día alguien los va a leer en voz alta. Preferiblemente, no un juez.

Capítulo V. La resistencia documental

Capítulo largo. El técnico moderno ya no combate únicamente el riesgo: combate plataformas.

Cinco portales de coordinación distintos, cinco contraseñas, cinco criterios y cinco formatos de PDF. Documentos rechazados por falta de sello. Documentos rechazados por exceso de sello. Formación válida en una plataforma y caducada en la de al lado. Certificados que expiran a las 23:59 de un viernes de agosto con precisión suiza.

Hay días enteros de trabajo preventivo que se consumen íntegramente en demostrar documentalmente que se está haciendo prevención, sin que quede un solo minuto para hacerla. A esto se le llama, en el sector, «prevención documental», y es el equivalente laboral a limpiar la casa solo cuando vienen visitas.

Capítulo VI. El riesgo psicosocial del que evalúa riesgos psicosociales

Este capítulo debería ser obligatorio.

El técnico pasa cuestionarios a toda la plantilla. Mide carga mental, ambigüedad de rol, conflicto de rol, doble presencia, apoyo social, autonomía. Redacta el informe. Propone medidas. Las defiende en comité.

Nadie le pasa nunca un cuestionario a él.

Y si se lo pasaran, saldría un caso de manual: conflicto de rol permanente (la empresa le pide una cosa y la norma le exige otra), ambigüedad de rol crónica, responsabilidad alta con capacidad de decisión baja y un apoyo social que se activa exclusivamente en situaciones de emergencia. Es decir, el perfil exacto que él mismo marcaría en rojo si lo viera en cualquier otro puesto de la organización.

Capítulo VII. El día en que no pasa nada

Aquí está el problema de fondo de esta profesión, y no tiene ninguna gracia.

El éxito del técnico de prevención es invisible. Su mejor resultado posible es que no ocurra nada: que la plataforma aguante, que el arnés esté anclado, que el producto químico esté etiquetado, que la máquina tenga el resguardo puesto, que la carga no caiga, que el trabajador de sesenta y dos años no acabe con una hernia discal, que la persona que ha vuelto de una baja larga tenga el puesto adaptado de verdad y no en un papel.

Nadie escribe un manual de resistencia sobre lo que no ha ocurrido. Nadie sale en el telediario diciendo «hoy, en un polígono industrial, no se ha caído nadie de un andamio porque un técnico insistió en octubre». No hay foto de portada para eso. No hay presentación en un salón con moqueta.

Y sin embargo, esa es exactamente la métrica del oficio.

Epílogo, ya sin sarcasmo

Que conste que no tengo nada contra los manuales de resistencia de nadie. Resistir es resistir, y cada uno sabe lo que le cuesta llegar al viernes. Pero los que a mí me impresionan de verdad son los que se escriben cada día y no se publican nunca: los de quien resiste en un oficio.

Los escribe el electricista que se niega a trabajar en tensión, aunque le metan prisa. La enfermera que hace el turno número no sé cuántos y sigue verificando la medicación. El transportista que cumple los tiempos de conducción cuando nadie le mira. El docente que sostiene un aula entera. Y los escribe el técnico de PRL, que tiene además una particularidad incómoda: su resistencia no es para conservar un puesto, es para que otras personas vuelvan a cenar a su casa.

Dicho lo cual, aquí va la parte que de verdad importa: si el técnico de prevención resiste solo, la empresa tiene un problema. Un problema de organización, de cultura preventiva y, tarde o temprano, de responsabilidad legal. La prevención no funciona porque haya un resistente heroico en la planta baja; funciona cuando está integrada en la línea de mando, en las decisiones de compra, en la planificación de la obra y en la conversación de dirección.

El día en que la prevención esté realmente integrada, el técnico dejará de ser un superviviente para pasar a ser, simplemente, un profesional haciendo su trabajo con los medios adecuados.

Ese día, este manual dejará de tener sentido. Ojalá se descatalogue pronto.

Carmen Cassini — Prevycontrol

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