
1.- Introducción.
En los últimos años el extraordinario incremento de los procesos de incapacidad temporal (IT) ha situado el denominado “absentismo laboral” en el centro del debate económico, político y empresarial. La preocupación por el aumento del gasto en prestaciones, la pérdida de productividad y las dificultades organizativas derivadas de las ausencias laborales ha propiciado que, con creciente frecuencia, la incapacidad temporal sea analizada, medida e incluso denominada simplemente como absentismo.
Sin embargo, esta identificación plantea una importante confusión conceptual. La incapacidad temporal constituye una prestación de Seguridad Social de naturaleza sanitaria y protectora que exige necesariamente la existencia de una enfermedad o lesión incapacitante acreditada mediante un acto médico. El absentismo, por el contrario, representa un concepto organizativo y económico que describe la ausencia del trabajador respecto de su puesto de trabajo y las consecuencias que dicha ausencia produce sobre la organización empresarial o sobre el sistema productivo.
Abordaremos ambos fenómenos, aunque con una singularidad preferente la de la repercusión que este “absentismo por Incapacidad Temporal” (IT) tiene para la empresa.
El absentismo ya no es solo una cifra
El absentismo laboral ha dejado de ser una cuestión secundaria de la gestión empresarial. Y teniendo en cuanta que el “absentismo por Incapacidad temporal (IT)” constituye uno de los grandes desafíos del mercado de trabajo español y afecta simultáneamente a la salud de las personas, la organización de las empresas, la productividad, la sostenibilidad del sistema de protección social y la economía.
Los datos más recientes ayudan a dimensionar el problema.
El absentismo cerró 2025 en España en el 7,68%, máximo histórico, mientras que en el cuarto trimestre alcanzó el 7,88%. Cada día entre 1,6 y 1,7 millones de personas no acudieron a su puesto de trabajo y, de ellas, aproximadamente 1,27 millones estaban en situación de incapacidad temporal por baja médica.
Más allá de la magnitud del dato, estas cifras plantean un debate de fondo. Tienen implicaciones directas en la salud laboral, las condiciones de trabajo, la organización de las empresas y la sostenibilidad de los sistemas de salud y protección social, lo que nos obliga a formularnos preguntas más profundas.
Es urgente abordar y resolver el problema estructural del absentismo por incapacidad temporal porque el coste que está suponiendo para las empresas amenaza ya su capacidad productiva, competitividad y viabilidad.
2.- ¿Estamos realmente ante un problema de absentismo o ante algo mucho más profundo relacionado con la salud y la capacidad laboral?
Porque cuando analizamos el crecimiento del absentismo descubrimos que la incapacidad temporal explica prácticamente todo el incremento reciente: la tasa de absentismo por IT alcanzó el 5,97% en 2025 lo que representa el 77,7% del total. Por tanto, cuando hablamos de absentismo en España estamos hablando, fundamentalmente, de incapacidad temporal. Y esto nos conecta con la idea básica de las dos caras de la moneda de la incapacidad temporal, de la que ya hablamos en nuestra publicación ‘Las dos caras de la Incapacidad Temporal’ (Vicente Pardo, 2026), la cara de la salud donde prima la atención sanitaria, la prevención, la epidemiologia laboral, la salud laboral y la cara del gasto en prestaciones para el sistema de protección y el coste para las empresas donde prima el control, la gestión de la prestación, el corregir las desviaciones o los abusos, la gestión empresarial del absentismo y mantener la sostenibilidad del sistema de protección.
Y eso cambia completamente la perspectiva.
La pregunta ya no es cuánto cuesta el absentismo
Durante mucho tiempo el debate se ha planteado alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿Cuánto cuesta el absentismo a las empresas?
La respuesta es tremenda y es bueno conocerla, para colocar las cosas en su sitio, y no minimizar su efecto devastador en la economía empresarial.
El coste global del absentismo en 2025 estuvo próximo a los 34.000 millones de euros, de los que más de 17.000 millones serían soportados directamente por las empresas. Pero esta cifra, siendo importante, es solo una parte del problema. Porque el coste empresarial del absentismo no termina en aquello que puede contabilizarse directamente.
Una persona ausente significa, según las circunstancias: sustituciones, contratación; reorganización de turnos; horas extraordinarias; redistribución de tareas; costes administrativos; pérdida de productividad; dificultades para cubrir puestos; sobrecarga de otros trabajadores; pérdida de continuidad. Y existe todavía un coste más difícil de medir: el coste de lo que deja de hacerse, el coste de oportunidad: Una venta que no se realiza; un pedido que se retrasa; una intervención que no puede ejecutarse; un servicio que debe reorganizarse; una oportunidad de negocio que se pierde, que en 2025 ascendió a 81.978 millones de euros (el 4,9% del PIB).
El propio indicador adelantado del XV Informe Adecco sobre empresa saludable y gestión del absentismo estima que cada trabajador pierde de media 10,9 horas al mes, con repercusión sobre la planificación, la cobertura de puestos y los costes de actividad.
Por eso hablar solamente del coste económico directo del absentismo es quedarse corto.
Pero aquí debemos introducir una precisión fundamental: una persona que está de baja no es un solo un coste empresarial, aunque signifique un coste muy elevado, es una persona enferma que necesita atención, tratamiento, recuperación y protección.
No podemos convertir la enfermedad en una responsabilidad empresarial ni interpretar cada incapacidad temporal como una conducta inadecuada. Pero tampoco podemos negar el problema del “incremento del absentismo por incapacidad temporal” y lo que para las empresas económicamente supone.
El incremento sostenido de la IT está produciendo consecuencias reales sobre las empresas y sobre la economía. Y es el incremento lo que debe preocuparnos.
| 2020 | 2025 | Incremento porcentual | |
| Duración media de los procesos finalizados en el periodo | 42 | 45,29 | +7,83% |
| Incidencia media mensual por cada mil trabajadores protegidos | 20,88 | 36,24 | +73,56% |
| Número de procesos iniciados en el periodo | 4.385.911 | 9.757.650 | +122,48% |
| Prevalencia por cada mil trabajadores protegidos | 35,74 | 55,17 | +54,36% |
| Trabajadores protegidos al final del periodo considerado | 16.956.060 | 22.434.673 | +32,31% |
Recordemos cuanto se cobra y quien paga las bajas por enfermedad común o accidente no laboral
- Días 1 al 3: No se cobra nada (0%), salvo que el convenio colectivo diga lo contrario.
- Días 4 al 20: Se cobra el 60%. Del día 4 al 15 paga la empresa; del día 16 al 20 paga la Seguridad Social o la mutua (a través de pago delegado de la empresa). Las bajas de menos de 15 días suponen el 68% de todas las bajas iniciadas.
- Día 21 en adelante: Se cobra el 75%. Lo paga la Seguridad Social o la mutua
Así que el coste para las empresas queda bastante evidente, incluyendo el incremento por convenio en cada uno de los tramos. Volviendo al coste aquí aparece una de las paradojas fundamentales del modelo de gestión: La empresa soporta una parte importante del coste del absentismo, pero no controla buena parte de las variables que determinan la incapacidad temporal, una vez iniciada. La empresa no diagnostica, la empresa no prescribe el tratamiento, la empresa no decide la baja médica, la empresa no controla las listas de espera, ni la empresa no determina los tiempos de acceso a una prueba diagnóstica o a una consulta especializada. Pero sí soporta muchas de las consecuencias de la ausencia de la persona trabajadora en baja. Por eso no podemos pedir a la empresa que resuelva sola un problema que es sistémico, aunque el SPS (Servicio Público de Salud) o la propia Seguridad Social estén obligados a resolvérselo, procurando una atención sanitaria correcta, un control correcto, y una gestión correcta. La incidencia y la duración para una empresa son dos dimensiones que tienen consecuencias diferentes. Una baja corta puede ser relativamente sencilla de absorber. Una baja prolongada puede alterar completamente la organización.
- Las bajas: un coste empresarial difícilmente sostenible, los datos, y lo que reflejan
Las empresas están soportando un coste derivado de la incapacidad temporal que empieza a adquirir una dimensión difícilmente sostenible, como ahora señalaremos; y no se trata únicamente del coste económico directo de las bajas, a ello se suman la pérdida de productividad, las dificultades de sustitución, la sobrecarga de las plantillas, la pérdida de capacidad productiva y, en último término, el impacto sobre la competitividad. Pero sería un error pensar que la solución pasa simplemente por pedir a las empresas que gestionen mejor su absentismo o pensar que todo se arreglaría con una mejor vigilancia de la salud o la prevención de la incapacidad. La IT es un fenómeno sistémico y su evolución no puede atribuirse a un único actor.
Además, cuando analizamos los datos, el problema no está solo en cuántas bajas se producen, sino también en cuánto duran, qué enfermedades las generan, a qué trabajadores afectan, en qué edades y actividades, en qué puestos y condiciones de trabajo, y qué factores están condicionando su prolongación. Necesitamos conocer también las listas de espera y su posible influencia sobre la duración de los procesos si realmente queremos comprender el problema, prevenir la incapacidad y mejorar su gestión.
La incidencia nos informa de cuántos procesos se producen; la duración, de cuánto tiempo permanecen. Pero es necesario ir más allá: relacionar cada proceso con las características de la persona trabajadora, su edad, sexo, ocupación, actividad y condiciones de trabajo permite conocer mejor el impacto de la enfermedad sobre la población trabajadora y entender la IT como un verdadero indicador de salud laboral.
La evolución histórica de la prevalencia muestra, además, que no estamos ante una fluctuación coyuntural, sino ante un cambio de escenario del incremento de la IT que parece no guardar relación con otras variables sanitarias o del trabajo. En 2019 la prevalencia se situaba en torno a 34 procesos por cada 1.000 trabajadores, mientras que en 2025 había superado los 53. El incremento es suficientemente importante como para obligarnos a preguntarnos qué está ocurriendo detrás de estas cifras, sus variaciones e incrementos.

Pero es que incluso estamos ante un cambio epidemiológico de la IT al cambiar el perfil de los procesos. Los trastornos musculoesqueléticos y los problemas de salud mental ocupan hoy un lugar central entre las causas de IT, y especialmente preocupante es la evolución de los procesos relacionados con la salud mental, que se han incrementado de forma muy significativa en los últimos años.
Por tanto, las cifras de IT no son únicamente cifras de absentismo: son también un reflejo de la salud de la población trabajadora, de las condiciones de trabajo y del funcionamiento de los sistemas sanitario, de protección y de prevención.
Y aquí aparece una cuestión especialmente relevante: una reducción de las bajas no significa necesariamente una mejora de la salud de la población trabajadora. Puede significar también que las personas están trabajando enfermas.
La situación de los trabajadores autónomos ilustra bien esta paradoja. Presentan, en general, una menor frecuencia de procesos de IT, pero cuando finalmente se produce la baja, su duración puede ser considerablemente mayor. No necesariamente porque enfermen menos, sino porque, en muchos casos, no pueden permitirse enfermar.
La IT, por tanto, debe interpretarse más allá del número de bajas. Importa cuánto enferma la población trabajadora, cuánto tarda en recuperarse, por qué se prolonga la incapacidad y qué ocurre mientras tanto en el trabajo. Solo desde esta perspectiva podremos diferenciar absentismo, enfermedad e incapacidad y abordar el problema desde la prevención y la sostenibilidad del sistema.
Y otra cuestión que merece especial atención y que supone la otra cara del absentismo es el presentismo. Trabajar enfermo, retrasar la consulta médica, no solicitar una baja o continuar trabajando pese a una limitación funcional puede ocultar parte del verdadero impacto de la enfermedad sobre la población trabajadora. Esta realidad puede ser especialmente intensa entre los trabajadores autónomos, para quienes una baja puede significar pérdida de clientes, interrupción de la actividad, mantenimiento de costes fijos y una responsabilidad directa sobre la continuidad del negocio. De hecho, la evolución histórica muestra cómo, en periodos de mayor presión económica, la prevalencia de IT entre los autónomos ha descendido, en un contexto en el que la necesidad de mantener la actividad puede favorecer el presentismo.
Por ello, menos absentismo no siempre significa más salud. A veces significa simplemente más enfermedad trabajando.
Y el presentismo tampoco carece de costes. Trabajar con una limitación funcional puede reducir la productividad real, aumentar los errores y el riesgo de accidente, favorecer la cronificación de determinados problemas de salud y, finalmente, conducir a procesos de IT más prolongados. Absentismo y presentismo son, por tanto, dos respuestas diferentes ante una misma realidad: la relación entre enfermedad, capacidad para trabajar y condiciones económicas y laborales. Analizar únicamente las bajas puede llevarnos a una visión incompleta del verdadero estado de salud de la población trabajadora.
4.- ¿Qué está detrás del incremento de la IT?
No existe una única causa. Y probablemente uno de los errores más frecuentes sea buscar una explicación simple para un fenómeno complejo.
Hay variables relacionadas con la salud, la edad, el trabajo, la organización, los riesgos laborales, la salud mental, la asistencia sanitaria, la situación socioeconómica, la gestión de la incapacidad y la motivación.
La salud debiera ser el condicionante principal, es decir, la pérdida de la salud incapacitante laboral, la individualidad de cada proceso y su evolución. Aunque es evidente no puede ser que una peor salud sea causa exclusiva del incremento
El envejecimiento de la población ocupada tiene importancia. Una población trabajadora de mayor edad presenta mayor probabilidad de patologías crónicas, musculoesqueléticas y degenerativas y, en consecuencia, puede presentar procesos de mayor duración. Aunque su peso en el incremento exponencial de las bajas es poco significativo, desde luego no proporcional. También han adquirido un protagonismo creciente los problemas de salud mental.
El trabajo es elemento principal cuando en procesos no graves o de intensidad aguda súbita, el trabajo sus requerimientos funcionales son esenciales para valorar si procede o no la incapacidad y hasta qué momento, pero tampoco puede asignarse el incremento solo a unas peores condiciones de trajo o fracaso preventivo.
La organización del trabajo se ha tornado como un elemento destacable tanto por la siniestralidad derivada de la misma como condicionante para la aparición de la incapacidad laboral.
Los riesgos psicosociales en el desarrollo de la incapacidad en la situación actual del tipo de trabajo, así como otros riesgos por supuesto son precipitantes de muchos procesos bien como causa principal o concausa de otros procesos no laborales, aunque estos riesgos pueden hacer proseguir algunas patologías hasta configurar una situación de baja.
La salud mental en los últimos cinco años y coincidente con la postpandemia es una de las causas principales del desmesurado incremento de las bajas, hasta constituir un tsunami que el año pasado arrastró a 715.000 personas a esta situación de incapacidad temporal por “salud mental”. duplicando el número de bajas en ese periodo desde 2021.
Pero existe un elemento fundamental en la incapacidad y en permanecer de baja y es el fracaso del sistema sanitario para atender, diagnosticar y tratar con rapidez. Cuando una prueba diagnóstica, una consulta especializada, una intervención o una rehabilitación se demora, esa demora repercute sobre la duración de la incapacidad temporal, y no sólo eso, sino su pronóstico y la dificultad al retorno laboral, como acreditan todos los estudios sobre IT. Así mismo esta demora asistencial hace que no todo el tiempo de una IT equivalga necesariamente a tiempo de enfermedad activa, pues parte del tiempo corresponde a tiempos de espera, de transición, mientras la recuperación funcional o las dificultades para retornar al trabajo permanecen, con una indudable repercusión sobre la salud de la persona y sobre su calidad de vida.
Pero, además de estas variables, la evolución de la IT a lo largo del tiempo pone de manifiesto la existencia de un componente social y económico que no puede ignorarse. Resulta especialmente revelador observar cómo la prevalencia de la incapacidad temporal ha evolucionado en paralelo a los distintos ciclos económicos, hasta el punto de obligarnos a asumir que la IT no responde únicamente a una lógica sanitaria.
Durante la crisis económica iniciada en 2008 se produjo una marcada reducción de la prevalencia de la IT, que alcanzó en 2012 uno de sus niveles más bajos. Posteriormente, coincidiendo con la recuperación del empleo y una mayor estabilidad del mercado laboral, la curva inició un ascenso progresivo.
Esta evolución nos señala algo esencial: la incapacidad temporal también está condicionada por el contexto económico y laboral en el que se produce. En situaciones de incertidumbre, desempleo o temor a perder el puesto de trabajo puede aumentar el presentismo y reducirse la utilización de la IT, incluso ante problemas de salud que podrían justificarla. Por el contrario, en contextos de mayor estabilidad y protección laboral, pueden aflorar con mayor facilidad situaciones de incapacidad que anteriormente quedaban ocultas o se afrontaban mediante la permanencia en el puesto de trabajo.
Por tanto, la evolución de la IT no puede interpretarse al margen de la realidad social, económica y laboral. La curva de la incapacidad temporal es también, en cierta medida, un reflejo de la relación entre salud, empleo, seguridad y condiciones de vida. Y es que se quiera o no la IT es una variable “procíclica” con la economía.
El descontrol y las deficiencias en la gestión son uno de los factores de mayor peso en el incremento desmesurado de las bajas y del gasto. La falta de control efectivo por las inspecciones médicas tanto del INSS como de las CCAA que apenas controlan las bajas de menos de 365 días, actuando con indudable retraso lleva a determinados procesos a superar esa duración. Por otra parte, las Mutuas tampoco disponen de capacidad normativa para emitir altas en contingencia común, y todo hay que decirlo, aunque a veces se reclama esta competencia, igual que las inspecciones médicas, tampoco disponen de medios personales adecuados para el control. Porque lo evidente es el déficit estructural en estos “controladores” con una dotación inadecuada de personal, una falta de capacitación y de herramientas informáticas ágiles de estas entidades (INSS, SPS y Mutuas).
Burocracia y mala gestión de la incapacidad temporal. La excesiva burocratización, la lentitud de los procedimientos, la falta de coordinación entre los distintos agentes y las dificultades en los procesos de valoración y control pueden favorecer la prolongación de los procesos de IT. No se trata únicamente de un problema administrativo: cuando la gestión es lenta, fragmentada o poco ágil, se retrasa la toma de decisiones y se incrementa la presión sobre el sistema sanitario, los trabajadores y las empresas.
Desconexión institucional: Existe una separación estricta entre el médico que prescribe clínicamente la baja (en el sistema sanitario autonómico) y el organismo que asume el coste y control (el Instituto Nacional de la Seguridad Social), lo que debilita el seguimiento unificado, y esto también está tras el incremento de las bajas.
La desmotivación. La desmotivación no constituye por sí misma una causa médica de baja, pero puede condicionar la decisión de solicitarla y favorecer su prolongación cuando concurre con otros factores de salud, laborales o sociales. Puede responder a dos grandes dimensiones la laboral por malas condiciones de trabajo, sobrecarga, elevada presión, organizaciones deshumanizadas o relaciones conflictivas, que pueden generar desánimo, bloqueo y pérdida de energía, y la socioeconómica, derivada de la precariedad, salarios insuficientes respecto a las exigencias del puesto, pérdida de poder adquisitivo, dificultades de conciliación e incertidumbre económica. La desmotivación actúa como una variable moduladora de la IT, especialmente cuando interactúa con factores laborales, psicosociales y socioeconómicos.
El abuso o mal uso de la IT, debiera ser tenido en cuenta en una prestación asegurada que encierra alto riesgo de componente voluntario (denominado en término de seguros como “riego moral”) que puede estar en el inicio de la baja o su prolongación, eso sí sin considerar lo anecdótico como algo generalizado, pero este riesgo es un elemento central en justificar la necesidad de control.

5.- El absentismo también puede ser un indicador de salud empresarial
Hasta ahora hemos tratado el absentismo fundamentalmente como un coste. Creo que debemos empezar a considerarlo también como un indicador de cómo está funcionando una organización. Un incremento del absentismo puede estar señalando problemas que van mucho más allá de la propia baja: problemas ergonómicos, sobrecarga física, riesgos psicosociales, dificultades de organización, problemas de liderazgo, conflictos laborales, falta de conciliación, envejecimiento de las plantillas, dificultades de adaptación o insuficiencias preventivas.
Los datos muestran, además, que el absentismo no es homogéneo. Existen diferencias importantes entre sectores y actividades. En 2025, por ejemplo, la industria alcanzaba un absentismo del 8,34%, frente al 6,54% de la construcción, mientras que determinadas actividades presentaban tasas todavía más elevadas. Esto nos dice algo importante: no todas las empresas tienen el mismo problema, no todos los puestos tienen las mismas exigencias y no todos los trabajadores están expuestos a los mismos riesgos. Por tanto, tampoco puede existir una única receta para abordar el absentismo.
Prevenir el absentismo comienza antes de la baja. Esta debería ser una de las ideas centrales. Si queremos reducir el impacto de la IT, no podemos esperar a que aparezca la baja para empezar a actuar. Hay que prevenir los trastornos musculoesqueléticos, actuar sobre los riesgos psicosociales, mejorar la ergonomía, detectar precozmente los problemas de salud mental, revisar las cargas de trabajo, mejorar la organización, promover liderazgos saludables, favorecer la conciliación y adaptar los puestos cuando sea necesario. Y debemos prestar especial atención a una realidad que va a adquirir cada vez mayor importancia: el envejecimiento de la población trabajadora. El nuevo escenario laboral está marcado precisamente por el envejecimiento, la mayor exigencia física y el impacto creciente de la salud mental. Por eso, la prevención del absentismo no puede consistir únicamente en actuar sobre el trabajador. Tiene que actuar también sobre el trabajo.
En cualquier caso, después de lo expuesto, ni criminalizar al trabajador ni negar el problema. Hablar de absentismo exige equilibrio. No podemos convertir cada baja médica en una sospecha, pero tampoco podemos asumir que todo incremento de la IT responde exclusivamente a un deterioro de la salud.
Hay que proteger al trabajador enfermo, prevenir la enfermedad evitable y los riesgos laborales, tratar de forma precoz y eficaz, recuperar la salud y la capacidad funcional, adaptar el trabajo cuando la capacidad residual lo permita, pero también hay que controlar las situaciones de mala gestión, las desviaciones o la utilización inadecuada cuando existan. Prevenir y controlar no son conceptos contrapuestos. Son dos obligaciones complementarias de un sistema eficaz. Pero para que este modelo funcione necesitamos dar un paso más: dejar de gestionar únicamente bajas y empezar a gestionar capacidad.
6.- El cambio de modelo de gestión, de gestionar bajas a gestionar capacidad
Necesitamos un cambio de paradigma. Durante mucho tiempo hemos organizado la gestión alrededor de una pregunta: «¿Está de baja?»; cuando tenemos que empezar a formular otras: ¿Qué le ocurre?, ¿qué limitaciones funcionales tiene?, ¿qué capacidades conserva?, ¿qué puede hacer?, ¿qué exige su puesto?, ¿puede adaptarse temporalmente el trabajo?
Esto exige conectar tres dimensiones: la SALUD (diagnóstico, tratamiento y evolución), la CAPACIDAD (limitaciones y capacidades funcionales) y el TRABAJO (puesto, tareas y exigencias).
La verdadera gestión de la incapacidad temporal debería producirse precisamente en ese punto de encuentro. No se trata de forzar un alta. Se trata de recuperar capacidad, porque el retorno al trabajo empieza antes del alta, 00+0comienza durante la recuperación.
Una incapacidad temporal debería contemplar, cuando proceda, un proceso que vaya desde el diagnóstico → tratamiento → recuperación funcional → valoración de capacidad → preparación del retorno → adaptación → seguimiento.
La reincorporación no siempre tiene que significar volver exactamente al mismo trabajo, con las mismas exigencias y de la misma manera que antes de enfermar. la adaptación puede ser una herramienta preventiva cuando existen limitaciones funcionales persistentes, reincorporación tras graves dolencia o cáncer con “aptitud sobrevenida”, o tras largas bajas por cuadros musculoesqueléticos, o por problemas de salud mental o en trabajadores de mayor edad,
El retorno progresivo o adaptado puede ser también una herramienta de productividad. Porque recuperar capacidad laboral es recuperar salud, pero también recuperar capacidad productiva.
Necesitamos modificar la forma de entender el problema del absentismo por IT, porque el absentismo es la cifra visibley la incapacidad temporal es el fenómeno. Pero la pérdida de capacidad laboral es el verdadero problema que debemos aprender a gestionar.
Y esto cambia completamente la respuesta al incremento desmesurado de la IT. No es un problema exclusivamente de las empresas: es un problema que afecta al sistema de salud, al sistema de protección social y al sistema preventivo.
La empresa puede y debe actuar, debe prevenir, conocer sus riesgos, mejorar la organización, adaptar los puestos, preparar el retorno y utilizar el absentismo como información para mejorar. Pero no puede resolver por sí sola un problema que también depende del sistema sanitario, del sistema de protección social, de la gestión de la incapacidad temporal y de las condiciones generales del mercado de trabajo.
Necesitamos, por tanto, mejorar la coordinación y comunicación entre el Servicio Público de Salud, el INSS, lasMutuas, los Servicios de Prevención, y la Empresa. Y hacerlo con un objetivo común de que la persona recupere la salud y la capacidad laboral en el menor tiempo seguro posible. No se trata de trasladar responsabilidades. Se trata de integrarlas.
Pero para gestionar la capacidad hay que tener capacidad de gestión, y aquí aparece otro problema que no podemos seguir ignorando: la insuficiente capacidad de control y valoración de la incapacidad temporal.
La empresa soporta una parte muy importante del coste, pero no dispone de las herramientas necesarias para gobernar la incapacidad temporal. Y el propio sistema tampoco dispone siempre de los recursos suficientes para evaluar, controlar y gestionar adecuadamente millones de procesos.
Hay que afirmar con rotundidad que la insuficiencia de recursos de control y valoración contribuye al descontrol y dificulta una gestión adecuada de los procesos, aunque forme parte de un problema mucho más amplio.
Cuando un sistema tiene que gestionar millones de procesos de incapacidad temporal y no dispone de suficientes recursos médicos y administrativos para realizar un seguimiento adecuado, se genera necesariamente una pérdida de capacidad de control. No porque todos los procesos sean inadecuados. No porque todas las bajas estén mal indicadas, sino porque un sistema sin capacidad suficiente para evaluar, controlar y gestionar sus procesos termina siendo un sistema con dificultades para gobernarse a sí mismo.
La insuficiencia de efectivos en los dispositivos encargados de la valoración y control de la incapacidad temporal, unida a la presión asistencial, las demoras y la fragmentación entre los distintos agentes, favorece que determinados procesos se prolonguen más allá de lo que sería deseable desde una perspectiva clínica, funcional y laboral.
Y esto tiene una consecuencia que trasciende a la empresa.
Si la IT crece de forma exponencial y no somos capaces de poner límites a esa tendencia, el problema deja de ser exclusivamente sanitario o empresarial: pasa a ser un problema de sostenibilidad del sistema de protección social.
Porque la incapacidad temporal tiene que proteger a quien enferma. Pero un sistema de protección también tiene que ser sostenible para poder seguir protegiendo.
Por eso, cualquier reforma que pretenda abordar el problema del absentismo desde una perspectiva exclusivamente transversal, administrativa o coyuntural, pero que no sea capaz de actuar sobre las causas del crecimiento de la IT, sobre su duración y sobre la capacidad real de control y gestión de los procesos, corre el riesgo de abordar los efectos sin actuar sobre el problema.
No poner coto a un crecimiento exponencial de la incapacidad temporal y a su repercusión económica es, en definitiva, negarse a reconocer un problema de sostenibilidad que ya afecta al sistema de protección social y que puede terminar poniendo en jaque la propia economía del país.
Proteger no significa dejar crecer indefinidamente el gasto. Controlar no significa desproteger. Sostener el sistema significa ser capaces de proteger mejor, controlar mejor y recuperar antes.
El absentismo por incapacidad temporal representa hoy una de las grandes tensiones de nuestro mercado laboral. Pero también puede ser una oportunidad para cambiar el modelo para mejorar la prevención, conocer mejor los problemas de salud de la plantilla, detectar riesgos organizativos, modernizar la gestión de la IT y reducir tiempos de espera, recuperar antes la capacidad funcional, adaptar el trabajo, mejorar el retorno y, finalmente, mejorar la productividad y competitividad de nuestras empresas.
No debemos enfrentar salud frente a economía, ni trabajador frente a empresa. ni protección frente a control.
El objetivo debe ser otro: menos enfermedad evitable, mejor atención, y mejor gestión.
Disponer de trabajo saludable, recuperación de la capacidad y retorno seguro y sostenible. Porque una persona que recupera su salud gana. Una empresa que recupera su capacidad productiva gana. Un sistema sanitario que evita la cronificación gana. Un sistema de protección social que gestiona mejor sus recursos gana. Y una economía que reduce la pérdida de capacidad laboral también gana.
Por eso el absentismo por incapacidad temporal ya no puede entenderse como una cuestión menor de recursos humanos, porque es un problema de salud, un problema empresarial, un problema de productividad, un problema de sostenibilidad, y, en definitiva, es un problema de país. Pero precisamente por eso debemos ser capaces de convertir el problema en una oportunidad para cambiar el modelo.
CONCLUSIONES
El incremento de la incapacidad temporal tiene causas diversas y no todas son médico-laborales. En su evolución confluyen razones médico-laborales, relacionadas con la enfermedad, la capacidad funcional y el trabajo, junto a factores no médico-laborales o impropios que pueden influir en el inicio, la prolongación o la gestión de los procesos. Ignorar cualquiera de estas dimensiones conduce necesariamente a una interpretación incompleta del problema.
Esto no significa que la incapacidad temporal sea una prestación utilizada de forma inadecuada de manera generalizada, ni que deba cuestionarse la protección de quien enferma. Significa reconocer que, junto a la necesidad de proteger, existe también la necesidad de gestionar, controlar y corregir las desviaciones que puedan producirse.
La cuestión, por tanto, no es elegir entre proteger o controlar, sino conseguir proteger mejor, controlar mejor y recuperar antes.
La incapacidad temporal no debería ser simplemente el tiempo que transcurre entre la enfermedad y el alta. Debería ser el tiempo necesario para recuperar la salud, preservar la capacidad y volver al trabajo de forma segura y sostenible.
Porque si no somos capaces de gestionar adecuadamente la incapacidad temporal, no solo estaremos hablando de absentismo empresarial: estaremos hablando de la capacidad de nuestro país para sostener su sistema de protección social.
Un sistema de protección también tiene que ser sostenible para poder seguir protegiendo; y el liderazgo del cambio estratégico corresponde a la Seguridad Social, que es a quien corresponde la gestión de la prestación, además de consensuar las medidas necesarias con las organizaciones sindicales, empresariales y con el SPS.
Y este cambio ya no puede aplazarse. Resolver el problema estructural del absentismo por incapacidad temporal es una necesidad urgente, porque el coste que soportan las empresas está alcanzando una dimensión que compromete su capacidad productiva, su competitividad y, en algunos casos, su propia sostenibilidad.
Bibliografía
Vicente Pardo, José Manuel. «Las dos caras de la Incapacidad Temporal: indicador de salud laboral y reto socioeconómico».
Vicente Pardo, José Manuel La Incapacidad Temporal: consecuencias sobre la salud laboral, el sistema sanitario y el sistema de gestión. 23 junio 2026
José Manuel Vicente Pardo. Hacia un modelo integrado de gestión del absentismo por Incapacidad Temporal: el papel clave de la salud laboral, 27 de marzo 2026
José Manuel Vicente Pardo. Qué prevenir y qué controlar en la incapacidad temporal.
4 de marzo 2026
https://prevencionar.com/2026/03/04/que-prevenir-y-que-controlar-en-la-incapacidad-temporal/
José Manuel Vicente Pardo. Propuestas de mejora preventivas y de gestión en el absentismo por incapacidad 10 de octubre de 2025
Vicente Pardo, José Manuel Las bajas, verdades, mentiras o medias verdades en el absentismo por incapacidad temporal 3 de agosto de 2025
https://prevencionar.com/2025/08/03/las-bajas-verdadese-mentiras-absentismo/
Vicente Pardo, José Manuel Qué esconde el incremento de la Incapacidad Temporal https://prevencionar.com/2025/04/23/que-esconde-el-incremento-de-la-incapacidad-temporal/
















