En prevención de riesgos laborales se habla constantemente de accidentes, incidentes, siniestralidad, cultura preventiva o falta de compromiso. Sin embargo, con frecuencia se actúa sobre diagnósticos imprecisos. Aquí es donde la llamada Ley de Kidlin adquiere valor práctico: si no puedes definir claramente el problema, difícilmente podrás resolverlo.
Aplicada a la PRL, esta idea obliga a una disciplina intelectual que no siempre se ejerce: formular el riesgo en términos técnicos, verificables y vinculados al proceso de trabajo.
El error habitual: trabajar sobre el síntoma
Imaginemos una empresa industrial donde se repiten cortes leves en manos en una línea de manipulación. El diagnóstico superficial suele ser:
“Los trabajadores no usan correctamente los guantes.”
La respuesta preventiva habitual será reforzar la formación o recordar la obligatoriedad del EPI. Sin embargo, tras varias acciones formativas, los cortes continúan.
Aquí es donde la Ley de Kidlin obliga a reformular el problema:
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¿En qué punto exacto del proceso se producen los cortes?
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¿Durante qué tarea específica?
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¿Qué herramienta está implicada?
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¿Se producen al inicio del turno, al final o en picos de producción?
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¿El guante elegido es técnicamente adecuado para el riesgo real?
Cuando el problema se redefine con precisión, puede aparecer una realidad distinta:
“El 82% de los cortes se produce durante la retirada manual de rebabas en piezas con aristas vivas, en turnos con sobrecarga de producción, utilizando guantes con nivel de resistencia al corte insuficiente para ese material.”
El problema ya no es “falta de uso de EPI”. Es un fallo de evaluación técnica del riesgo y de selección del equipo de protección.
Aplicación estructurada en PRL
Aplicar la Ley de Kidlin en prevención implica introducir una metodología de formulación del problema basada en:
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Datos objetivos (frecuencia, localización, momento, tarea).
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Análisis del proceso real, no del procedimiento escrito.
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Identificación del factor técnico dominante (ergonómico, organizativo, mecánico, químico, etc.).
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Vinculación con la evaluación de riesgos vigente.
Este enfoque evita medidas genéricas y obliga a intervenir donde realmente está el fallo del sistema preventivo.
Impacto en la gestión preventiva
Cuando la formulación del problema es rigurosa:
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Se reducen acciones formativas innecesarias.
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Se ajustan correctamente los EPIs.
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Se detectan fallos organizativos (ritmos, presión productiva).
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Se mejora la credibilidad del sistema de prevención.
En términos estratégicos, la Ley de Kidlin introduce una idea incómoda pero esencial: muchos problemas preventivos no se resuelven porque no están bien definidos. No es un problema de falta de concienciación, sino de falta de precisión técnica.
En PRL, definir correctamente el riesgo no es una cuestión semántica. Es el punto de partida para intervenir con eficacia.















