
Autores/as: J. Francisco Martínez-Losa / Antonio Peña Pulido / Xavier Peralta Maniviesa (Audit & Control Estrés)
El liderazgo en el sector sanitario no es solo una cuestión organizativa: es un factor determinante en la salud psicosocial de los equipos. Este estudio, presentado en el V Congreso Internacional Prevencionar (Madrid, 24–26 de septiembre de 2025), analiza la relación entre liderazgo, burnout y bienestar en 3.244 profesionales sanitarios de Catalunya.
La investigación, desarrollada dentro del proyecto sobre riesgos psicosociales en el sector sanitario catalán, utilizó una batería de cuestionarios que incluyó el instrumento UNIPSICO, el CESQT para burnout y el modelo de liderazgo resiliente y saludable LIDERA R3.0 en versión 360º . El análisis estadístico confirma que el liderazgo está estrechamente vinculado con la satisfacción laboral y con los niveles de burnout.
Los datos son especialmente significativos: el 39,4 % presenta niveles muy altos o críticos de burnout y un 24,9 % niveles altos . Además, se identifican factores como alta carga de trabajo (57,6 %), conflictos interpersonales (56,3 %), inequidad organizativa (62 %), baja autonomía (69,8 %) y percepción insuficiente de apoyo desde la dirección (80,9 %) .
El modelo LIDERA R3.0 permitió analizar cuatro dimensiones clave: gestión proactiva del trabajo, empoderamiento y estímulo del talento, liderazgo emocional ético y liderazgo emocional frente a las dificultades . En todas ellas se detecta una brecha significativa entre la autopercepción de los responsables y la valoración de sus equipos, siendo esta última sistemáticamente más baja.
Los focus groups refuerzan la evidencia cuantitativa: el liderazgo se percibe distante, poco empático y con escasa capacidad de resolver problemas reales. Se señala una brecha entre la dirección y la práctica asistencial, así como una sensación de burocratización y falta de apoyo ante la sobrecarga emocional .
La conclusión es clara: el liderazgo saludable, ético y resiliente actúa como factor protector frente al distrés y el burnout. Pero no puede desarrollarse en el vacío. Requiere formación específica, sistemas de evaluación participativos y, sobre todo, una apuesta institucional decidida por un liderazgo humano, cercano y coherente con las exigencias psicosociales del sector sanitario.














