El uso intensivo de pantallas de visualización de datos (PVD) constituye uno de los escenarios ergonómicos más relevantes en los entornos laborales contemporáneos. La digitalización del trabajo, el teletrabajo y la generalización de dispositivos móviles han ampliado el tiempo de exposición a pantallas, generando nuevas demandas físicas, visuales y cognitivas para los trabajadores. Desde el punto de vista ergonómico, esta exposición prolongada se asocia principalmente con trastornos musculoesqueléticos (TME), fatiga visual, sedentarismo y sobrecarga mental, todos ellos ampliamente documentados en la literatura científica.
Fatiga visual y síndrome visual informático
Uno de los efectos más frecuentes asociados al trabajo con PVD es la fatiga visual, también denominada Computer Vision Syndrome o síndrome visual informático. Este conjunto de síntomas incluye sequedad ocular, picor, visión borrosa, cefaleas y sensación de pesadez ocular. Diversos estudios epidemiológicos estiman que entre el 50 % y el 90 % de los trabajadores que utilizan pantallas de forma intensiva experimentan síntomas de fatiga visual.
Desde el punto de vista fisiológico, el problema se relaciona con la reducción de la frecuencia de parpadeo durante el trabajo frente a pantallas, lo que favorece la evaporación de la lágrima y la aparición del síndrome del ojo seco. Además, factores ambientales como iluminación inadecuada, reflejos en la pantalla o mala calidad del aire interior pueden agravar los síntomas.
La evidencia técnica indica que el uso prolongado de pantallas puede provocar síntomas como sequedad ocular, visión borrosa, cefaleas y molestias cervicales asociadas a la fatiga visual.
Trastornos musculoesqueléticos asociados a PVD
Los trastornos musculoesqueléticos de origen laboral constituyen el principal problema ergonómico asociado al trabajo con pantallas. Estos trastornos afectan a músculos, tendones, ligamentos, articulaciones y nervios, siendo el resultado de posturas mantenidas, movimientos repetitivos y cargas estáticas prolongadas.
En el contexto del trabajo con PVD, los TME más frecuentes incluyen:
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Cervicalgias y dorsalgias derivadas de posturas incorrectas del cuello y la espalda.
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Síndrome del túnel carpiano, relacionado con la compresión del nervio mediano en la muñeca.
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Tenosinovitis de De Quervain, asociada a movimientos repetitivos del pulgar.
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Epicondilitis, producida por la repetición de movimientos de agarre o uso intensivo del ratón.
La evidencia muestra que el uso repetitivo de dispositivos y teclados pequeños puede provocar inflamación tendinosa, dolor en la mano y disminución de la fuerza de agarre.
Asimismo, el uso de smartphones y tabletas ha introducido nuevos patrones posturales. Por ejemplo, el fenómeno conocido como “text neck” describe la sobrecarga cervical producida por mantener la cabeza inclinada al mirar dispositivos móviles. Se ha estimado que una inclinación cervical de 60° puede generar una carga equivalente a aproximadamente 27 kg sobre la columna cervical.
Sedentarismo y riesgos asociados
El trabajo prolongado con PVD favorece conductas sedentarias caracterizadas por largos periodos en posición sentada con bajo gasto energético. Según investigaciones recogidas en el ámbito de la salud laboral, permanecer sentado más de 7 horas al día se asocia con un aumento significativo del riesgo de mortalidad, incrementándose este riesgo aproximadamente un 5 % por cada hora adicional de sedentarismo.
Este comportamiento sedentario se ha vinculado con diversas consecuencias para la salud, entre ellas:
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mayor prevalencia de trastornos musculoesqueléticos
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aumento del riesgo cardiovascular
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alteraciones metabólicas
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disminución del rendimiento laboral
La evidencia científica sugiere que interrumpir la postura sedentaria cada 30 minutos durante al menos dos minutospuede contribuir significativamente a reducir estos riesgos.
Carga mental y digitalización del trabajo
Más allá de los aspectos físicos, el trabajo con PVD también implica una dimensión cognitiva relevante. La digitalización ha incrementado la carga mental, entendida como la interacción entre las demandas cognitivas del trabajo y la capacidad del trabajador para responder a ellas.
Factores como la hiperconectividad, la multitarea, la presión temporal y la sobrecarga informativa pueden generar fatiga mental, estrés y disminución de la capacidad de concentración. Además, el teletrabajo y el trabajo móvil pueden reducir la interacción social y el apoyo organizativo, generando sensación de aislamiento.
El trabajo con pantallas de visualización de datos representa hoy uno de los principales retos ergonómicos en los entornos laborales. La evidencia científica muestra que la exposición prolongada a PVD puede generar fatiga visual, trastornos musculoesqueléticos, sedentarismo y sobrecarga mental, especialmente cuando las condiciones ergonómicas del puesto de trabajo son inadecuadas o la organización del trabajo no contempla pausas ni alternancia de tareas.
Desde la perspectiva preventiva, la literatura especializada coincide en la necesidad de aplicar medidas integrales que incluyan diseño ergonómico del puesto, formación en hábitos posturales, pausas activas, reducción del sedentarismo y gestión adecuada de la carga de trabajo digital. Solo mediante un enfoque ergonómico integral será posible reducir el impacto de estos riesgos en la salud y el bienestar de las personas trabajadoras.















