La presencia de agentes químicos peligrosos en los lugares de trabajo es una realidad en numerosos sectores productivos: industria, laboratorios, mantenimiento, limpieza, agricultura o sanidad. Sin embargo, la evaluación del riesgo químico sigue siendo uno de los ámbitos donde más deficiencias se detectan en la práctica preventiva. La Guía técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relacionados con agentes químicos del INSST ofrece criterios claros sobre cómo debe abordarse esta evaluación, pero también permite identificar algunos errores frecuentes en las empresas.
1. Limitar la evaluación a los productos “identificados” y no a todos los agentes presentes
Uno de los errores más habituales consiste en evaluar únicamente los productos químicos comercializados presentes en el centro de trabajo. Sin embargo, la evaluación debe referirse a todos los agentes químicos peligrosos presentes en el lugar de trabajo, incluidos aquellos que puedan generarse durante los procesos productivos o por reacciones químicas.
Esto incluye, por ejemplo, vapores, humos, aerosoles o subproductos generados durante operaciones de soldadura, combustión o reacciones químicas. Ignorar estos agentes conduce a evaluaciones incompletas y a una infravaloración del riesgo real.
2. Evaluar el peligro sin considerar las condiciones reales de trabajo
Otro error frecuente consiste en centrarse exclusivamente en la peligrosidad intrínseca del agente químico (clasificación, frases H, toxicidad, etc.) sin analizar cómo se utiliza realmente en el puesto de trabajo.
La magnitud del riesgo depende de múltiples factores: cantidad utilizada, forma de manipulación, condiciones del proceso o sistemas de control existentes. Un mismo agente puede implicar riesgos muy diferentes según el contexto de uso. Por ejemplo, no representa el mismo nivel de riesgo un pequeño recipiente utilizado ocasionalmente que un gran depósito o un proceso industrial continuo.
Por tanto, la evaluación debe integrar simultáneamente el peligro del agente y las condiciones de exposición.
3. No considerar todas las vías de exposición posibles
En muchas evaluaciones se presta atención casi exclusiva a la exposición inhalatoria, cuando en realidad los riesgos asociados a agentes químicos pueden derivarse de distintas vías.
Entre ellas se encuentran:
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inhalación de vapores o partículas,
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absorción dérmica,
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contacto con piel y ojos,
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ingestión accidental,
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exposición parenteral (por heridas o pinchazos).
Además, deben tenerse en cuenta otros riesgos asociados a la presencia de sustancias químicas, como incendios, explosiones o reacciones químicas peligrosas.
4. Ignorar las condiciones de trabajo no habituales
Las evaluaciones de riesgo suelen centrarse únicamente en las condiciones normales de trabajo. Sin embargo, las operaciones no habituales —mantenimiento, limpieza de equipos, trasvases, trabajos en espacios confinados o situaciones de emergencia— pueden generar exposiciones significativamente mayores.
La guía técnica insiste en que la evaluación debe considerar todas las condiciones en las que se desarrolla la actividad laboral, tanto habituales como no habituales.
Ignorar estas situaciones puede dejar sin control algunos de los escenarios de mayor riesgo.
5. Priorizar el uso de EPI frente a medidas técnicas o de proceso
Otro error común consiste en basar la prevención fundamentalmente en el uso de equipos de protección individual. Sin embargo, la normativa establece una jerarquía clara de medidas preventivas.
Las medidas prioritarias deben dirigirse a eliminar o sustituir el agente químico peligroso, modificar el proceso o implantar controles técnicos (automatización, procesos cerrados, extracción localizada o ventilación). Solo cuando estas medidas no sean suficientes deben utilizarse equipos de protección individual.
Aplicar esta jerarquía es clave para una gestión eficaz del riesgo químico.
Una evaluación que requiere conocimiento técnico
La evaluación de los riesgos relacionados con agentes químicos es un proceso complejo que exige conocimientos técnicos específicos y experiencia profesional. No se trata únicamente de revisar fichas de datos de seguridad o identificar productos peligrosos, sino de analizar de forma integral el agente químico, el proceso, las condiciones de exposición y las medidas de control disponibles.
Cuando estos aspectos no se abordan de forma rigurosa, la evaluación puede convertirse en un mero trámite documental, sin reflejar adecuadamente el riesgo real existente en el lugar de trabajo. Y, en materia de agentes químicos, esa diferencia puede tener consecuencias importantes para la seguridad y la salud de las personas trabajadoras.















