La mejora ergonómica en la industria no siempre requiere sistemas complejos o tecnologías avanzadas. A veces, el verdadero cambio comienza con algo más sencillo: observar de forma sistemática cómo trabajan las personas. Ese es precisamente el planteamiento del artículo clásico de Osmo Karhu, Pekka Kansi e Ilkka Kuorinka, en el que se presenta el método OWAS (Ovako Working Posture Analysing System), desarrollado para identificar, clasificar y corregir posturas de trabajo inadecuadas en entornos industriales.
El valor del enfoque no está solo en su utilidad técnica, sino en su intención práctica. Los autores parten de una idea clara: si un método ergonómico quiere ser útil en la empresa, debe ser suficientemente simple como para ser utilizado por personal no especializado, ofrecer respuestas claras y poder integrarse en la rutina habitual de análisis del trabajo. Frente a métodos más sofisticados pero menos operativos, OWAS se diseñó para que ingenieros de métodos, personal de seguridad o profesionales de salud laboral pudieran aplicarlo tras un breve periodo de formación.
El sistema se apoya en la observación de las posturas mediante muestreo del trabajo. A partir de ahí, clasifica las posiciones adoptadas según la espalda, los brazos y las piernas, generando una codificación que permite analizar la frecuencia y duración de cada postura. En total, el método estructuró 72 posturas de trabajo, construidas a partir de material fotográfico tomado en distintas áreas de una acería. Esa clasificación no se hizo solo por conveniencia descriptiva, sino considerando también la incomodidad asociada y el posible efecto sobre la salud.
Uno de los aspectos más interesantes del artículo es que no se queda en la mera descripción postural. Los autores avanzan hacia una priorización de la intervención, agrupando las posturas en cuatro clases operativas. La clase 1 incluye las posturas consideradas normales; la clase 2 señala aquellas que deben revisarse en el próximo control habitual; la clase 3 identifica posturas que requieren atención en un futuro próximo; y la clase 4 marca las que exigen una actuación inmediata. Este paso convierte la observación en decisión preventiva, algo especialmente valioso en contextos industriales donde abundan los problemas detectados, pero no siempre los criterios claros para intervenir.
El artículo también aporta un elemento de solidez metodológica al comprobar la fiabilidad del sistema. Tras una fase piloto con ingenieros formados durante una semana, el método fue aplicado en decenas de tareas y miles de observaciones, mostrando un buen nivel de consistencia entre observadores. Además, los autores explican que la evaluación final de las posturas combinó la opinión de trabajadores experimentados y de especialistas en ergonomía, reforzando así la utilidad práctica del sistema.
La principal enseñanza que deja este trabajo sigue siendo plenamente actual: la ergonomía aplicada gana valor cuando ayuda a decidir, priorizar y rediseñar. OWAS no prometía sofisticación, sino utilidad. Y precisamente por eso logró contribuir a la mejora de puestos concretos y a la reconstrucción de líneas de producción completas. En prevención, disponer de un método sencillo, comprensible y accionable puede ser más transformador que acumular diagnósticos que nunca llegan a traducirse en cambios reales.














