
El Instituto de Seguridad y Bienestar Laboral (ISBL) comparte los principales resultados de este trabajo, centrado en cómo han cambiado las valoraciones vinculadas al tecnoestrés entre 2016 y 2024 en población teletrabajadora en España. El estudio compara dos muestras transversales independientes (2016: n=488; 2024: n=270), con un total de 758 participantes, y analiza percepciones y efectos asociados al uso de TIC en el trabajo.
Los resultados señalan un desplazamiento en la experiencia subjetiva con las TIC: en 2024 aumentan las respuestas neutrales y negativas, y disminuyen las valoraciones “bastante” y “muy” positivas respecto a 2016, lo que sugiere una relación más ambivalente con la digitalización cotidiana del trabajo.
En términos de subescalas, en 2024 se observa menor autonomía y menores consecuencias positivas asociadas al uso de TIC, mientras que aumentan las consecuencias negativas y también la capacidad percibida para trabajar bien con TIC. Es decir: mejora la competencia digital, pero convive con un incremento de demandas cognitivas y organizativas percibidas.
El estudio también detecta que en 2024 más personas declaran problemas por uso excesivo de determinadas tecnologías, con aumentos estadísticamente significativos en redes sociales y teléfono móvil frente a 2016 (aunque con tamaños de efecto pequeños).
En conjunto, los cambios entre 2016 y 2024 son significativos pero, por lo general, de magnitud reducida. Los datos no apuntan a una “explosión” del tecnoestrés tras la pandemia, sino a una evolución gradual: adaptación de habilidades a la vez que crecen, poco a poco, las exigencias psicosociales vinculadas al trabajo digital.














