En seguridad y salud laboral solemos hablar de formación, capacitación y competencia profesional. Sin embargo, con frecuencia se presta menos atención a una cuestión clave: las habilidades también se deterioran cuando no se utilizan. Saber hacer algo hoy no garantiza saber hacerlo correctamente dentro de unos meses si esa tarea no se practica, especialmente cuando hablamos de actividades críticas, poco frecuentes o realizadas bajo presión.
Un artículo publicado en Ergonomics in Design aborda precisamente este problema: la degradación de habilidades, también conocida como skill decay, skill fade o pérdida progresiva de competencia. El trabajo, elaborado por Sue Brouwers y Wendy Joung, presenta la aplicación práctica de una herramienta de análisis para predecir la pérdida de habilidades en tareas críticas de seguridad dentro del sector ferroviario.
La idea es sencilla, pero muy relevante para la prevención: en muchas organizaciones existen tareas que son fundamentales para evitar accidentes, pero que no se realizan todos los días. Pensemos en procedimientos de emergencia, primeros auxilios, evacuaciones, consignaciones, actuación ante alarmas, intervención manual en sistemas automatizados, conducción en condiciones especiales o tareas de vigilancia y protección en infraestructuras críticas. Son actividades que pueden no repetirse con frecuencia, pero que deben ejecutarse correctamente cuando llega el momento.
El problema aparece cuando la organización asume que una persona sigue siendo competente solo porque recibió formación en el pasado. La evidencia revisada por los autores muestra que la pérdida de habilidades depende especialmente de dos factores: el tiempo transcurrido sin práctica y las características de la tarea. Las tareas más complejas, con mayor carga mental, varios pasos, toma de decisiones, ambigüedad o presión temporal tienden a deteriorarse con más rapidez que las tareas simples y muy procedimentadas.
El artículo describe la adaptación de una herramienta predictiva conocida originalmente como User Decision Aid, desarrollada en el ámbito militar, para aplicarla en una gran organización de transporte en Australia. En este caso, la herramienta se utilizó para analizar una tarea de seguridad ferroviaria: el trabajo de vigilancia y protección de trabajadores en vía, realizado por personal cualificado para evitar la exposición a trenes u otros movimientos peligrosos durante tareas de inspección, reparación o mantenimiento.
El método parte de un análisis detallado de la tarea. Cada actividad se descompone en pasos y se evalúa mediante un cuestionario de características de la tarea cumplimentado por expertos. A partir de esa información, la herramienta genera curvas de degradación de habilidades que permiten estimar cómo puede disminuir el desempeño correcto con el paso de las semanas sin práctica.
Los resultados muestran algo especialmente interesante desde el punto de vista preventivo: no todas las partes de una misma tarea se deterioran al mismo ritmo. Algunas actividades mantienen mejor la competencia durante meses, mientras que otras requieren prácticas o reciclajes mucho más frecuentes. En el caso analizado, determinados pasos de la tarea exigían entrenamiento o práctica cada pocas semanas para mantener un nivel aceptable de desempeño sin errores.
Entre los factores que aumentaban el riesgo de pérdida de competencia aparecían la falta de ayudas de memoria, la ausencia de retroalimentación inmediata, la necesidad de tomar decisiones complejas, la combinación de pasos secuenciales y no secuenciales, y la obligación de recordar información relevante en situaciones dinámicas. En otras palabras, la competencia no depende solo de la persona, sino también de cómo está diseñada la tarea.
Este punto es fundamental para la prevención. La respuesta ante la degradación de habilidades no debería limitarse a repetir cursos de forma periódica sin criterio. El análisis permite adoptar decisiones más inteligentes: ajustar la frecuencia de los reciclajes, introducir simulaciones, reforzar actividades críticas, rediseñar tareas, reducir pasos innecesarios, mejorar procedimientos o incorporar ayudas operativas como listas de comprobación, guías rápidas o soportes de memoria.
De hecho, el artículo muestra que introducir ayudas de trabajo puede modificar la curva de pérdida de habilidades. En determinadas actividades, disponer de una guía o apoyo operativo permitía espaciar algo más la necesidad de formación de refresco, al reducir la carga de memoria y facilitar una ejecución más consistente. Esto no elimina la necesidad de práctica, pero demuestra que el diseño de la tarea puede influir en la conservación de la competencia.
La investigación también tiene implicaciones importantes para los sistemas de gestión de la seguridad y salud en el trabajo. Mantener la competencia no es solo registrar que alguien hizo una formación inicial. Implica saber qué tareas críticas realiza, con qué frecuencia las practica, qué nivel de complejidad tienen, qué consecuencias tendría un error y qué mecanismos existen para evitar que la habilidad se deteriore.
Este enfoque es especialmente relevante en organizaciones con alta automatización. Cuando los sistemas funcionan correctamente, la intervención humana puede ser poco frecuente. Pero cuando se produce una anomalía, se espera que el operador intervenga con rapidez, precisión y criterio. Esa paradoja es bien conocida en sectores de alto riesgo: cuanto menos se practica una intervención manual crítica, mayor puede ser el riesgo de no ejecutarla adecuadamente cuando sea necesaria.
La principal aportación del artículo es desplazar la pregunta desde “¿ha recibido formación?” hacia otra mucho más útil: “¿cada cuánto necesita practicar esta tarea para seguir siendo competente?”. Esa diferencia puede parecer pequeña, pero cambia por completo la gestión preventiva de la formación.
También conviene ser prudentes. La herramienta descrita no sustituye a una evaluación de riesgos, ni a un análisis de errores, ni a una evaluación completa de necesidades formativas. Su utilidad se centra en estimar la frecuencia de práctica o refresco necesaria para prevenir la pérdida de competencia en tareas concretas. Pero, bien utilizada, puede ayudar a priorizar recursos formativos allí donde realmente se necesitan.
En prevención, no basta con saber. Hay que poder actuar correctamente cuando importa. Y para eso, las competencias críticas no pueden dejarse oxidar.
Fuente: FBrouwers, S., & Joung, W. (2025). Predicting Skill Decay: A Practical Application of the Skill Decay Analysis Tool. Ergonomics in Design: The Quarterly of Human Factors Applications, 33(2), 81-88.














