
La importancia de la metodología práctica en la formación preventiva: aprender haciendo para reducir la siniestralidad
En el V Congreso Internacional Prevencionar, celebrado en Madrid los días 24, 25 y 26 de septiembre de 2025, se presentó la comunicación “La importancia de la metodología práctica en la formación: aprender haciendo”, un análisis exhaustivo sobre cómo la formación práctica constituye un factor decisivo para mejorar el aprendizaje en Prevención de Riesgos Laborales (PRL) y reducir accidentes.
El trabajo parte de un hecho ampliamente documentado: la formación teórica tradicional presenta limitaciones evidentes. La información se olvida rápido, la atención disminuye y el alumnado apenas desarrolla habilidades realespara actuar ante un riesgo. Esta desconexión entre aula y realidad laboral provoca que la PRL no se traduzca en comportamientos seguros, afectando directamente a la siniestralidad.
Por ello, el artículo defiende la implantación de metodologías centradas en el “aprender haciendo”, alineadas con corrientes pedagógicas como el aprendizaje experiencial de Kolb o el aprendizaje significativo de Ausubel, que demuestran que las personas adultas —perfil mayoritario en la formación profesional— aprenden mejor cuando experimentan, prueban, se equivocan y corrigen.
El estudio destaca además el papel crítico de la andragogía, especialmente relevante dado que la mayoría del alumnado supera los 25 años. Estos participantes requieren una formación útil, aplicable y motivadora, no sesiones magistrales extensas. La utilización de talleres reales, simulaciones, prácticas con equipos, role-playing, gamificación o realidad virtual permite reproducir situaciones de riesgo de manera controlada, aumentando la memoria, la implicación y la transferencia al puesto de trabajo.
Los autores subrayan que la formación práctica impacta directamente en las tres dimensiones de la competencia profesional: conocimiento (saber), habilidad (saber hacer) y actitud (querer hacer). Además, proponen rediseñar los planes formativos, capacitar al personal docente en metodologías activas, mejorar progresivamente los recursos didácticos y superar barreras prácticas como la falta de espacios, tiempo o cultura preventiva.
La comunicación concluye que la metodología práctica no solo aumenta la eficacia formativa, sino que es un elemento esencial para construir una cultura preventiva real, reducir la siniestralidad y garantizar que las personas trabajadoras actúen de forma segura, competente y consciente.















