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Calor y frío en el trabajo: accidentes laborales y temperatura aparente en España

calor y frio

El calor aumenta el riesgo de accidente laboral: un estudio en España detecta un 38% más de riesgo en construcción con 40 ºC de temperatura aparente

Las temperaturas extremas no solo representan un riesgo para la salud de las personas trabajadoras. También pueden modificar la probabilidad de sufrir un accidente laboral. Una nueva investigación desarrollada en España aporta evidencias sobre esta relación y muestra, además, que el efecto no es igual en todos los territorios ni en todos los sectores.

El estudio, publicado en 2026 en la revista científica Sustainable Cities and Society, analiza durante 17 años —entre 2005 y 2021— la relación entre la temperatura aparente y los accidentes de trabajo en Almería, Ávila, Cantabria, Pontevedra y Sevilla, con especial atención al sector primario y a la construcción.

Los resultados son especialmente relevantes para la prevención: en Sevilla, el riesgo de accidente laboral en construcción alcanza su máximo a 40 ºC de temperatura aparente y resulta un 38% superior al observado a 21 ºC, que fue la temperatura aparente asociada al mínimo número de accidentes en este sector. (ScienceDirect)

Pero el estudio también contiene una advertencia importante: no existe un único umbral térmico válido para toda España. El riesgo cambia de acuerdo con el clima, el territorio, el sector profesional y las características de la actividad.

Más de un millón de accidentes analizados durante 17 años

La investigación, realizada por María Obregón, Ricardo Almendra, Pablo Fernández de Arroyabe, Carlos Leveau y Ana Santurtún, adopta un diseño ecológico de series temporales.

Los investigadores analizaron los accidentes laborales registrados diariamente en cinco provincias españolas con características climáticas y productivas diferentes: Almería, Ávila, Cantabria, Pontevedra y Sevilla.

En conjunto, los datos incluidos en el estudio superan el millón de accidentes laborales durante el periodo comprendido entre 2005 y 2021.

Para estudiar la relación entre condiciones térmicas y accidentalidad se utilizaron modelos estadísticos capaces de detectar relaciones no lineales y efectos diferidos en el tiempo —un modelo aditivo generalizado combinado con un modelo no lineal de retardos distribuidos—. (doi.org)

Esta metodología permite ir más allá de una comparación simple entre días fríos y calurosos y observar cómo evoluciona el riesgo de accidente a medida que cambia la situación térmica.

La clave está en la “temperatura aparente”, no solo en lo que marca el termómetro

Uno de los elementos más interesantes del trabajo es que los autores no utilizan únicamente la temperatura ambiental.

Analizan la denominada temperatura aparente (Apparent Temperature, AT), un índice biometeorológico que pretende aproximarse mejor a la sensación térmica experimentada por el organismo.

Para calcularla se tienen en cuenta conjuntamente variables como la temperatura del aire, la humedad —mediante la presión de vapor de agua— y la velocidad del viento.

Esto resulta particularmente importante desde el punto de vista preventivo porque dos jornadas con idéntica temperatura ambiental pueden generar condiciones térmicas diferentes para una persona que trabaja al aire libre.

La exposición real al calor depende de más factores que los grados registrados por un termómetro.

Sevilla: el riesgo en construcción empieza a aumentar desde los 24 ºC de temperatura aparente

El resultado más contundente en construcción aparece en Sevilla.

Los investigadores encontraron que la asociación estadísticamente significativa entre temperatura aparente y accidentes en construcción se produjo únicamente en esta provincia.

A partir de aproximadamente 24 ºC de temperatura aparente, los accidentes comienzan a aumentar. El riesgo continúa creciendo hasta alcanzar su máximo a 40 ºC, con un riesgo relativo de 1,38 (IC 95%: 1,22–1,58).

En términos más comprensibles: a 40 ºC de temperatura aparente el riesgo observado fue un 38% superior al registrado a 21 ºC, temperatura en la que se encontraba el mínimo de accidentalidad en construcción en Sevilla. (doi.org)

Este resultado no significa que los 40 ºC constituyan un nuevo límite legal, un umbral universal de seguridad o una temperatura a partir de la cual aparezca repentinamente el riesgo.

Al contrario: el estudio muestra que el incremento comienza antes y que el comportamiento del riesgo depende considerablemente del territorio.

En Andalucía, más temperatura y más accidentes

El patrón también aparece cuando se consideran conjuntamente todos los accidentes laborales.

En las dos provincias andaluzas estudiadas, Almería y Sevilla, el riesgo aumenta significativamente con las temperaturas aparentes elevadas.

En Almería, el incremento se observa desde aproximadamente 17 ºC de temperatura aparente y alcanza su máximo a 41 ºC. A esa temperatura, el riesgo resulta un 22% superior al registrado a 15 ºC.

En Sevilla, el incremento estadísticamente significativo aparece desde los 25 ºC y alcanza un riesgo relativo de 1,14 a 33 ºC: un 14% más de riesgo que a 15 ºC, temperatura asociada al menor número de accidentes laborales en esta provincia. (doi.org)

Los resultados refuerzan así la necesidad de considerar el calor no solamente como un posible causante de daños directamente relacionados con el estrés térmico, sino también como un factor capaz de intervenir en la accidentalidad laboral general.

El sector primario presenta un comportamiento diferente

La investigación también analiza separadamente agricultura, ganadería, silvicultura y acuicultura.

Y aquí aparece uno de los resultados que demuestra por qué sería incorrecto establecer un único umbral para todo el país.

En Cantabria, el riesgo en el sector primario comienza a aumentar significativamente a partir de aproximadamente 22 ºC de temperatura aparente y alcanza su máximo a 34 ºC. En ese punto, el riesgo de accidente resulta 1,73 veces superior al observado a 14 ºC.

En Pontevedra, el incremento se observa desde los 28 ºC y alcanza su máximo a los 38 ºC de temperatura aparente. El riesgo resulta entonces un 48% superior al registrado a 19 ºC. (ScienceDirect)

Los autores consideran que las diferencias territoriales pueden estar condicionadas, entre otros factores, por las características climáticas y por la propia distribución estacional de las actividades productivas.

Y el frío también aumenta la accidentalidad

Aunque gran parte del debate actual se concentra en los efectos del calor, uno de los hallazgos más interesantes de esta investigación es que las bajas temperaturas también están asociadas a una mayor accidentalidad en determinadas zonas de España.

En Ávila, Cantabria y Pontevedra aparece una asociación estadísticamente significativa entre temperaturas aparentes bajas y el conjunto de accidentes laborales.

El caso más acusado se observa en Ávila: a una temperatura aparente de -6 ºC, el riesgo de accidente fue un 49% superior al registrado a 18 ºC.

En Cantabria, a 0 ºC el riesgo fue un 16% mayor que a 21 ºC, mientras que en Pontevedra, con 6 ºC de temperatura aparente, resultó aproximadamente un 11% superior al registrado a 23 ºC. (doi.org)

Los investigadores apuntan a que estos resultados podrían estar relacionados con fenómenos asociados al frío como heladas, nieve, lluvia persistente o niebla, más frecuentes en determinadas zonas del norte y del interior peninsular.

Por tanto, hablar únicamente de “riesgo por calor” dejaría fuera una parte relevante del problema.

¿Por qué puede aumentar el riesgo de accidente cuando hace calor?

La literatura científica recopilada por los propios autores proporciona algunos mecanismos plausibles.

La exposición a temperaturas elevadas puede provocar deshidratación, calambres musculares, fatiga y reducción de la capacidad física, pero también afectar al rendimiento cognitivo.

Y este último aspecto resulta especialmente importante para la seguridad laboral.

Una disminución de la atención, de la capacidad para procesar información o de la velocidad de respuesta puede incrementar la posibilidad de cometer errores durante actividades que requieren manejo de maquinaria, conducción, trabajo en altura, coordinación entre trabajadores o toma rápida de decisiones. (doi.org)

Esto plantea una cuestión preventiva importante: el estrés térmico no debe contemplarse exclusivamente desde la perspectiva de evitar golpes de calor.

Las condiciones térmicas pueden interactuar con otros riesgos ya presentes en el puesto de trabajo y aumentar la probabilidad de que se materialice un accidente.

Adaptar horarios, descansos y carga física a las condiciones térmicas

A partir de sus resultados y de la literatura existente, los autores plantean diferentes actuaciones preventivas.

Para situaciones de calor moderado en las regiones mediterráneas del sur proponen, entre otras medidas:

adaptar la ropa y los horarios de trabajo para reducir la exposición, establecer descansos programados en espacios frescos o climatizados, mantener una hidratación adecuada, evitar tareas de elevada intensidad física, evitar cuando sea posible el uso de maquinaria pesada y disponer de sistemas de alerta temprana.

Ante situaciones de calor extremo, el trabajo plantea restringir las actividades al aire libre siempre que sea posible y reducir el tiempo de trabajo o exposición.

También establece recomendaciones específicas frente al frío, incluyendo adaptación de la ropa y los turnos, reducción de la exposición y, en situaciones extremas, restricción de determinadas actividades exteriores. (doi.org)

El mismo plan frente al calor no sirve necesariamente para todos

Probablemente, una de las conclusiones preventivas más importantes del estudio no sea el dato de los 40 ºC de Sevilla, sino precisamente la imposibilidad de convertirlo en una regla general.

Los investigadores señalan expresamente que los resultados no permiten establecer un único umbral de temperatura común a todas las regiones españolas a partir del cual aumente el riesgo de accidente.

Las diferencias encontradas entre Sevilla, Almería, Ávila, Cantabria y Pontevedra muestran que deben considerarse el clima local, los sectores predominantes, el tipo de actividad realizada y las características de la población trabajadora.

Esto conduce hacia planes de prevención frente a temperaturas extremas adaptados al territorio, al sector y a cada realidad empresarial, frente a soluciones generales basadas exclusivamente en un valor predeterminado del termómetro. (doi.org)

Del estrés térmico al riesgo de accidente

El estudio aporta una perspectiva especialmente relevante para la gestión preventiva.

La temperatura no solo puede generar una enfermedad o una emergencia médica asociada al calor o al frío. También puede modificar las condiciones en las que se ejecuta una tarea y aumentar la probabilidad de accidente.

Esta relación resulta particularmente importante en trabajos al aire libre y en actividades físicamente exigentes como construcción y determinadas ocupaciones del sector primario.

La consecuencia práctica es clara: la gestión de las temperaturas extremas debería integrarse en la evaluación del riesgo de accidente y no considerarse como un problema preventivo aislado.

Además, los resultados aconsejan abandonar planteamientos excesivamente simples basados en una única temperatura crítica. La prevención deberá tener en cuenta la temperatura percibida, la humedad, el viento, la carga física, el horario, el territorio, la actividad realizada y la posibilidad de interacción con otros riesgos.

En un escenario en el que los episodios de calor extremo están adquiriendo una importancia creciente, estos resultados aportan nuevas evidencias para una cuestión fundamental: adaptar el trabajo a las condiciones térmicas no solo protege frente al estrés térmico; también puede contribuir a prevenir accidentes laborales.

Fuente científica: Obregón, M., Almendra, R., Fernández de Arroyabe, P., Leveau, C. y Santurtún, A. (2026). Heat and cold at work: Occupational accidents and apparent temperature in the primary and construction sectors across five Spanish provinces. Sustainable Cities and Society, 149, 107785. DOI: 10.1016/j.scs.2026.107785. El artículo está publicado en acceso abierto por Elsevier. (Universidad de Cantabria)

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