Los trastornos musculoesqueléticos (TME) son una de las principales causas de absentismo laboral y pérdida de calidad de vida en el trabajo. En el caso de las mujeres, la exposición a riesgos ergonómicos y psicosociales, muchas veces ignorados, revela importantes diferencias respecto a sus contrapartes masculinas, que requieren un enfoque preventivo adaptado.
Diferencias de género y factores de riesgo
Según la NTP 657, las mujeres enfrentan mayores riesgos de TME debido a factores asociados a la segregación ocupacional y las características de los trabajos tradicionalmente feminizados. Estos incluyen:
- Tareas repetitivas: sectores como la limpieza, la industria textil y los centros de atención telefónica presentan una alta prevalencia de movimientos repetitivos, posturas forzadas y sedentarismo.
- Exposición prolongada: muchas mujeres permanecen más tiempo en los mismos puestos debido a menores oportunidades de promoción, lo que incrementa el impacto de los riesgos laborales.
- Condiciones psicosociales adversas: alta carga emocional, interrupciones constantes y dificultad para equilibrar las responsabilidades laborales y familiares agravan los efectos en la salud.
Estas diferencias generan patrones de daño particulares. Las mujeres sufren más lesiones por movimientos repetitivos y presentan una mayor dispersión en las zonas afectadas, como cuello, hombros y extremidades superiores.
Estrategias preventivas esenciales
La NTP 658 subraya la necesidad de un enfoque preventivo integral y sensible al género, con las siguientes recomendaciones clave:
- Evaluación de riesgos adaptada:
- Analizar los puestos de trabajo desde una perspectiva de género para identificar riesgos específicos, evitando tópicos como la “ligereza” de ciertas tareas femeninas.
- Usar técnicas cualitativas como observación directa y entrevistas, involucrando tanto a trabajadoras como a sus supervisores.
- Adaptaciones ergonómicas:
- Ajustar herramientas, mobiliario y equipos para considerar las características antropométricas de las mujeres, como menor fuerza física y diferente alcance.
- Implementar mejoras en el diseño del puesto y organizar las tareas para minimizar movimientos repetitivos y posturas estáticas.
- Formación y sensibilización:
- Ofrecer capacitaciones en horarios accesibles y diseñadas para trabajadoras en sectores feminizados.
- Sensibilizar a técnicos, inspectores y responsables sobre sesgos de género en la prevención de riesgos.
- Vigilancia de la salud específica:
- Introducir indicadores que permitan detectar precozmente TME, como registros de síntomas y evaluaciones periódicas.
- Diseñar programas de seguimiento diferenciado por género para analizar cómo las condiciones laborales afectan a hombres y mujeres.
Hacia una prevención inclusiva
Ambas NTP destacan la urgencia de integrar la perspectiva de género en las políticas de prevención. Esto no solo permite abordar de forma efectiva los TME en mujeres, sino que promueve condiciones de trabajo más equitativas y saludables para toda la plantilla.
La implementación de estas medidas no solo reducirá los TME, sino que también potenciará la productividad y el bienestar de las trabajadoras, marcando un paso esencial hacia una verdadera igualdad en el ámbito laboral.














