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El impacto de los trastornos musculoesqueléticos en el personal sanitario desde una perspectiva de género

Vanessa Puig Aventín

Las ocupaciones sanitarias presentan una alta incidencia de accidentes laborales por sobreesfuerzos, especialmente en el colectivo de auxiliares. Dentro de este sector, las mujeres registran un índice de incidencia significativamente mayor. Factores como la segregación ocupacional, el diseño androcentrista de los puestos de trabajo o la carga extralaboral incrementan la exposición a factores de riesgo ergonómico, favoreciendo el desarrollo de trastornos musculoesqueléticos. Esto subraya la necesidad de abordar la salud laboral y la gestión de la prevención de riesgos laborales desde una perspectiva de género.

DIFERENCIAS DE GÉNERO EN LOS ACCIDENTES DE TRABAJO

Una de las conclusiones más recurrentes al analizar la siniestralidad laboral es que los hombres sufren más accidentes que las mujeres, una afirmación respaldada por las cifras. En España, durante 2023, se registraron 558.936 accidentes de trabajo con baja en jornada laboral (ATJB), de los cuales 395.670 afectaron a hombres y 163.266 a mujeres.


EL IMPACTO DE LOS SOBRESFUERZOS EN LOS ACCIDENTES DE TRABAJO

Los sobreesfuerzos físicos sobre el sistema musculoesquelético (en adelante, sobreesfuerzos) representan un porcentaje significativo de la siniestralidad laboral. En 2023, fueron responsables del 30,6 % de los ATJB, con una proporción similar en hombres (30,3 %) y mujeres (31,2 %).

Sin embargo, al analizar el índice de incidencia, se observan diferencias significativas entre géneros. En las mujeres, el índice de incidencia fue de 549, lo que significa que, por cada 100.000 mujeres trabajadoras, 549 sufrieron un accidente por sobreesfuerzo. En los hombres, este índice se duplica, alcanzando la cifra de 1132.

Una interpretación errónea pero habitual de estos datos es asumir que los trabajos desempeñados mayoritariamente por hombres conllevan una mayor carga física que aquellos realizados por mujeres. Esta percepción lleva a invisibilizar o subestimar los riesgos presentes en las denominadas profesiones feminizadas.

LOS SOBREESFUERZOS EN EL ÁMBITO SANITARIO

En este artículo analizaremos los sobreesfuerzos en el colectivo de profesionales sanitarios, un sector esencial en el que el 75 % de las personas trabajadoras son mujeres.

Este colectivo se agrupa principalmente en dos grandes categorías según la Clasificación Nacional de Ocupaciones (CON-2011, a 2 dígitos):

  • B-21 Profesionales de la salud: incluye aquellas profesiones que requieren estudios universitarios, como médicos, enfermeros, logopedas y fisioterapeutas, entre otros.
  • H-56 Trabajadores de los cuidados a las personas en servicios de salud: categoría que engloba a técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, técnicos de emergencias sanitarias y otras personas trabajadoras de los cuidados de personas en servicios de salud.

Para simplificar la lectura del artículo, nos referiremos al primer grupo como titulados sanitarios y al segundo como auxiliares sanitarios o auxiliares.

Los datos muestran una diferencia notable en el peso porcentual de los sobreesfuerzos de estos dos grupos (ver tabla 1). En los titulados sanitarios, los sobreesfuerzos representan el 24 % del total, un porcentaje inferior al promedio registrado en todas las ocupaciones.

Por el contrario, en el caso de los auxiliares sanitarios, los sobreesfuerzos se consolidan año tras año como la primera causa de accidentes con baja, alcanzando el 51 % del total de ATJB.

ACCIDENTES DE TRABAJO EN JORNADA CON BAJA POR SOBREESFUERZOS
Tabla 1. Elaborada con los datos proporcionados por la Subdirección General de Estadística del Ministerio de Trabajo y Economía Social sobre accidentes de trabajo en jornada con baja, causados por sobreesfuerzos físicos sobre el sistema musculoesquelético en 2023

Si desglosamos el índice de incidencia* por género en el ámbito sanitario (ver tabla 2), observamos que es mayor en mujeres, especialmente en el colectivo de auxiliares, donde supera en un 25 % al de los hombres.

Índice de incidencia ATJB por sobreesfuerzos (datos 2023)
Tabla 2. Gráfico elaborado con los datos facilitados por la Subdirección General de Estadística del Ministerio de Trabajo y Economía Social y los datos publicados en la Encuesta de Población Activa publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Por tanto, la afirmación de que ‘los hombres se accidentan más que las mujeres’ no se cumple en el caso de los sobreesfuerzos en el sector sanitario.

Además, si comparamos el índice de incidencia de sobreesfuerzos en los auxiliares sanitarios con el de todas las ocupaciones, vemos que es significativamente mayor:

  • En los auxiliares hombres, el índice de incidencia es de 1.645, frente a 1.132 en el conjunto de todas las profesiones.
  • En las mujeres auxiliares, la diferencia es aún más marcada: 2.070 frente a 549 en el conjunto de todas las profesiones.

Esto se traduce en que una mujer que trabaja como auxiliar sanitaria tiene un riesgo de sufrir un sobreesfuerzo casi cuatro veces mayor que el de una trabajadora promedio, un dato que invita a reflexionar sobre la carga física que asume este colectivo.

LA CARGA FÍSICA EN EL SECTOR SANITARIO

Un claro ejemplo de la elevada carga física y de la importancia de no subestimar el riesgo en las profesiones feminizadas se encuentra en la movilización manual de pacientes. Los estudios biomecánicos indican que, al realizar esta tarea, se superan los valores considerados tolerables de carga discal, estimados en aproximadamente 275 kg para mujeres y 400 kg para hombres. En ciertas maniobras, incluso se puede exceder el umbral de rotura de la unidad disco-vertebral, que se sitúa en torno a 400 kg para mujeres y 580 kg para hombres[i].

Por ejemplo, en una tarea habitual como reposicionar a un paciente hacia la cabecera de la cama, sin productos de apoyo como sábanas deslizantes, la fuerza de compresión en la zona lumbar (L5-S1) puede alcanzar los 680 kg[ii].

Además de la movilización de usuarios, el colectivo sanitario está expuesto a otros factores de riesgo asociados a los trastornos musculoesqueléticos, como las posturas forzadas y los movimientos repetitivos. Más allá de la carga física, también influyen los factores psicosociales, como la combinación de alta exigencia y bajo control, el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa, el escaso apoyo social y la elevada exigencia emocional. Asimismo, entre los factores organizativos que contribuyen de forma relevante se encuentran las ratios desfavorables de persona trabajadora por paciente, los descansos insuficientes o inadecuados y el trabajo nocturno.


DIFERENCIAS EN LA EXPOSICION LABORAL EN HOMBRES Y MUJERES

Segregación horizontal y vertical

Hombres y mujeres tienen distintos niveles de exposición a estos factores de riesgo debido a la marcada segregación del trabajo. El 72 % de los titulados sanitarios y el 79 % de los auxiliares son mujeres. Tampoco se puede asumir que hombres y mujeres sanitarios estén expuestos a los mismos riesgos, ya que el grado de segregación varía considerablemente según la profesión. Por ejemplo, las mujeres representan el 93 % de los logopedas, el 84 % del personal de enfermería, el 61 % de los fisioterapeutas y el 60 % de los médicos en activo.

Además, existe una marcada segregación vertical: aunque las mujeres son mayoría en el sector, están infrarrepresentadas en los puestos directivos y de toma de decisiones, como refleja la pirámide de la mujer en sanidad (ver tabla 3).

Tabla 3. Elaborado con datos del Observatorio WOMED3 y de la Estadística Profesionales Colegiados 2023 publicado por el INE.

Androcentrismo en el diseño ergonómico

Otro aspecto a considerar es el impacto del diseño del puesto de trabajo. En ergonomía laboral, existen numerosos ejemplos de androcentrismo, entendido como la tendencia a diseñar entornos, herramientas y equipos basándose en parámetros masculinos como estándar universal. Esto deja de lado las diferencias fisiológicas, antropométricas y funcionales de las mujeres y de aquellas personas cuya morfología se aleja del hipotético “hombre medio”.

Un claro ejemplo se encuentra en las especialidades quirúrgicas. Aunque las mujeres son mayoría en la profesión médica, las especialidades quirúrgicas, salvo las pediátricas, siguen estando ocupadas predominantemente por hombres. Disciplinas como la cirugía cardiovascular (74,6% de hombres), la cirugía ortopédica y traumatología (70,7%) y la neurocirugía (68,5%) reflejan esta tendencia. Como consecuencia, tanto el diseño de las salas de operaciones como el instrumental quirúrgico suelen estar diseñados para hombres.

Diversos estudios muestran que las cirujanas presentan más trastornos musculoesqueléticos asociados a problemas disergonómicos que sus compañeros hombres4,5.  Un reciente estudio6 realizó una encuesta a 453 cirujanas de distintas especialidades, revelando que el 89 % de ellas experimentaban dificultades y molestias al usar el instrumental quirúrgico, ya que este no se ajustaba al tamaño de su mano. Además, el 71 % mencionó la necesidad de ejercer una fuerza de agarre excesiva.

El principal problema radica en que, aunque esta falta de ajuste ha sido identificada, sigue siendo complicado encontrar en el mercado instrumental adaptado a la antropometría de las mujeres o de personas cuyos percentiles se alejan del estándar masculino. Por ello, es clave establecer alianzas con la industria para desarrollar soluciones ergonómicas más inclusivas, que garanticen condiciones de trabajo seguras y equitativas para todos los profesionales de la salud.


OTROS FACTORES DIFERENCIALES

Diferencias biológicas

En ocasiones, ante iguales condiciones ergonómicas, los efectos adversos para la salud pueden ser distintos en hombres y mujeres. Un ejemplo de ello es el síndrome del túnel carpiano, más prevalente en mujeres, que pone de manifiesto las diferencias biológicas entre ambos sexos. Esta patología está relacionada con factores hormonales, como la deficiencia de progesterona o alteraciones de la función tiroidea, lo que implica una predisposición biológica.

Exposición extralaboral

Más allá del ámbito laboral, los factores extralaborales también influyen en la salud musculoesquelética. La doble presencia que asumen en mayor medida las mujeres, al combinar su jornada laboral con las tareas domésticas y el cuidado de niños, incrementa el riesgo de desarrollar un trastorno musculoesquelético. Además, el cuidado de familiares mayores o personas dependientes implica una multiexposición a los mismos factores de riesgo, lo que amplifica sus efectos.


REFLEXIONES FINALES

En este artículo hemos presentado los datos sobre accidentes por sobreesfuerzo en el personal sanitario. Si bien las estadísticas proporcionan información valiosa, es importante recordar que solo muestran una parte de la realidad. Un porcentaje de personas trabajadoras queda fuera de estos registros al desempeñar su labor sin un contrato formal. De hecho, se estima que en España alrededor del 30 % de las personas cuidadoras de personas dependientes a domicilio no tienen su situación regularizada en la Seguridad Social.

Además, la infradeclaración de los sobreesfuerzos laborales es un problema ampliamente documentado, aunque su magnitud exacta sigue siendo incierta7,8. Esto se agrava porque la exposición a factores de riesgo ergonómicos no siempre tiene efectos inmediatos; en muchos casos, sus consecuencias aparecen a largo plazo, dificultando su reconocimiento y asociación con la actividad laboral.

Los datos evidencian que el colectivo de auxiliares sanitarios tiene más sobreesfuerzos que la media, visibilizando el riesgo al que están expuestos tanto hombres como mujeres en estas ocupaciones.  Al analizar los datos desglosados por género, se observa que, en el personal sanitario, el índice de incidencia de sobreesfuerzos es mayor en mujeres. Esta diferencia responde a múltiples factores, entre ellos los roles de género, que hacen que incluso hombres y mujeres con la misma profesión desempeñen tareas distintas, el diseño de los puestos de trabajo, que no considera la diversidad de quienes los ocupan, y la distinta exposición a factores psicosociales, entre otros.

Este análisis nos permite comprender mejor la realidad del colectivo sanitario, pero aún queda mucho por hacer. Identificar el problema es solo el primer paso de un largo camino. Es imprescindible seguir avanzando en la integración de la perspectiva de género en la salud laboral y en la gestión de los riesgos ergonómicos. Solo así podremos garantizar entornos de trabajo seguros y equitativos para todas las personas.

*El índice de incidencia relaciona el número de accidentes con el número medio de personas expuestas al riesgo. Para su cálculo, se utiliza la siguiente fórmula:

Para las desagregaciones por ocupación (CNO-2011) de la persona accidentada, no se dispone por el momento de datos de población de referencia de personas trabajadoras a partir de la información de afiliación a la Seguridad Social. En este caso se ha optado por estimar el índice de incidencia utilizando como denominador la población ocupada distribuida por ocupación de la persona trabajadora según la Encuesta de Población Activa (EPA), de la misma forma que se realiza en el Informe anual de accidente de trabajo que publica el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

[1]NPT 907: Evaluación del riesgo por manipulación manual de pacientes. Método MAPO. (2011). Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo.

[1]Jäger M, Jordan C, Theilmeier A, Wortmann N, Kuhn S, Nienhaus A, Luttmann A. Lumbar-load analysis of manual patient-handling activities for biomechanical overload prevention among healthcare workers. Ann Occup Hyg. 2013 May;57(4):528-44.

3Proyecto WOMEDS. Women in Medicine in Spain. www.womeds.es

4Jacovides CL, Guetter CR, Crandall M, McGuire K, Slama EM, Plotkin A, Kashyap MV, Lal G, Henry MC; Association of Women Surgeons Publications Committee. Overcoming Barriers: Sex Disparity in Surgeon Ergonomics. J Am Coll Surg. 2024 May 1;238(5):971-979.

5Altin E, Majeed H, Verma R, Paterson E, Yanagawa B. Promoting gender diversity and ergonomic equity in the cardiac surgery operating room. Curr Opin Cardiol. 2025 Mar 1;40(2):91-97

6Koo YE, Allen C, Ballantyne A, Yassaie E. Androcentric bias in surgical equipment – What challenges do women face? Am J Surg. 2024 Jan; 227:106-110.

7Stock S, Nicolakakis N, Raïq H, Messing K, Lippel K, Turcot A. Underreporting work absences for nontraumatic work-related musculoskeletal disorders to workers’ compensation: results of a 2007-2008 survey of the Québec working population. Am J Public Health. 2014 Mar;104(3):e94-e101.

8Rivière S., Penven E. Cadéac-Birman H, Roquelaure Y, Valenty M. Underreporting of Musculoskeletal Disorders in 10 Regions in France in 2009. American Journal of Industrial Medicine. 2014 Oct;57(10).

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