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Industrialización: una oportunidad para mejorar la seguridad en la construcción

Maite Prieto

Maite Prieto – Técnica de Prevención – VISESA

Maite, participarás en el Congreso Prevencionar hablando sobre industrialización y seguridad en las obras. ¿Cómo se conecta la industrialización con la mejora de las condiciones de seguridad y salud laboral en el sector de la construcción?

La construcción industrializada contribuye de forma significativa a la mejora de la seguridad y la salud en el sector, gracias a diversos factores que inciden directamente en la reducción de riesgos y en la creación de entornos laborales más seguros y controlados.

El factor más evidente es que la industrialización permite trasladar muchos procesos constructivos desde la obra al entorno industrial, es decir, a fábricas (construcción off-site), donde la exposición a riesgos se reduce considerablemente y resulta más viable aplicar medidas preventivas eficaces de forma sistemática.

Además, la industrialización conlleva transformaciones operativas y estructurales que repercuten positivamente en la prevención, como la estandarización de tareas, automatización de procesos, reducción de la subcontratación y la colaboración temprana entre agentes clave.

Numerosos estudios demuestran que estos cambios pueden traducirse en una reducción de la siniestralidad laboral de entre un 63 % y un 80 %, especialmente en los accidentes relacionados con trabajos en altura o sobreesfuerzos.

Desde la experiencia con el Proyecto Piloto en Visesa, ¿qué cambios has observado en la gestión preventiva al pasar de un modelo constructivo tradicional a uno industrializado?

La industrialización implica un cambio sustancial en la gestión preventiva, ya que fomenta una prevención proactiva desde las etapas iniciales del proyecto, especialmente durante el diseño y la planificación. Esta anticipación permite que las acciones preventivas dejen de ser reactivas o correctivas para integrarse en las decisiones clave del proceso, lo que incrementa notablemente su eficacia y coherencia a lo largo del ciclo constructivo.

En el Proyecto Piloto desarrollado por Visesa, hemos constatado cómo el paso a un modelo industrializado exige una mayor definición técnica en fases previas, sobre todo en relación con la fabricación de componentes y sistemas constructivos. Esta precisión obliga a identificar y abordar los riesgos desde fases mucho más tempranas, favoreciendo una prevención integrada desde el proyecto, y no solo aplicada en obra.

Además, esta dinámica ha mejorado de forma clara la coordinación entre todos los agentes implicados: redactores, contratistas, industriales, coordinación de seguridad y salud, y dirección facultativa. La industrialización no solo cambia el cómo se construye, sino también el cómo se colabora, generando decisiones más compartidas y procesos más definidos y seguros.

Como resultado, se reduce la improvisación —uno de los principales factores de riesgo en el modelo tradicional— y se promueve una ejecución más ordenada, controlada coherente con una estrategia preventiva planificada desde el origen. Aunque en los procesos industrializados pueden aparecer también incidencias o ajustes durante la ejecución, su naturaleza es distinta y más controlable que en la construcción tradicional: suelen estar identificadas previamente, permiten una reacción más planificada y rara vez comprometen la seguridad, gracias al nivel de anticipación y definición con el que se trabaja desde fases tempranas.

¿En qué fases del proceso constructivo crees que la industrialización tiene mayor impacto en la reducción de riesgos laborales?

La industrialización tiene un impacto especialmente significativo en las fases de estructura y cerramientos, ya que ambas concentran una alta carga de trabajos en altura y una exposición constante a condiciones cambiantes. Al trasladar estas tareas a entornos controlados como fábricas, se consigue una reducción considerable de riesgos graves, ya sea disminuyendo la exposición directa, ajustando alturas de trabajo a las condiciones de transporte o fabricación, o mediante el uso de sistemas automatizados, entre otros.

El beneficio se extiende también a fases como instalaciones y acabados: al reducir el tiempo de ejecución y el número de personas trabajadoras en obra, se minimizan las interferencias entre empresas concurrentes y se favorece un entorno de trabajo más limpio, ordenado y seguro.

En el caso específico de la construcción modular, los módulos llegan prácticamente terminados, lo que acorta la intervención en obra y elimina en gran medida los trabajos en altura. Esto permite centrar el esfuerzo preventivo en garantizar un montaje seguro y eficiente, optimizando así la gestión de la seguridad.

En nuestro proyecto piloto en Sopela, aunque algunos módulos han requerido ajustes finales en obra, las medidas preventivas previstas han resultado suficientemente sólidas para dar cobertura a estos cambios sin comprometer la seguridad. La planificación preventiva inicial ha permitido mantener condiciones seguras durante todo el proceso. Esta capacidad de anticipación, inherente al enfoque industrializado, ha sido clave para garantizar entornos de trabajo seguros incluso en situaciones de mayor complejidad operativa.

Uno de los elementos clave en la industrialización es la planificación. ¿Cómo influye una mejor planificación en la prevención de accidentes en obra?

La industrialización exige y promueve una planificación mucho más rigurosa y anticipada desde las fases iniciales del proyecto. Esta previsión no solo mejora la eficiencia, sino que tiene un impacto directo y muy positivo en la prevención de riesgos laborales.

Al requerir una definición precisa de cada proceso constructivo, permite identificar riesgos potenciales desde la fase de proyecto, facilitando su eliminación temprana o el diseño de soluciones preventivas eficaces desde el origen. Esto convierte a la prevención en un componente estructural del proceso, y no en una respuesta correctiva.

Además, la industrialización impulsa procesos planificados, estandarizados y secuenciados, lo que reduce la improvisación —una de las principales causas de accidentes en el modelo tradicional—. Una planificación bien diseñada mejora la coordinación entre agentes, evita solapes de actividades y permite prever de forma precisa las medidas preventivas necesarias en cada fase.

En definitiva, una mejor planificación no solo construye de forma más eficiente, sino que construye más seguro, reduciendo significativamente la probabilidad de accidentes.

En el Libro Blanco de la Vivienda Social Industrializada se abordan aspectos relacionados con la seguridad. ¿Podrías destacar alguna propuesta o conclusión que tenga especial relevancia para la mejora de la salud laboral?

Una de las propuestas más relevantes en materia de prevención del Libro Blanco de la Vivienda Social Industrializada es la integración de la prevención desde las fases más tempranas del proceso constructivo, no solo en el diseño y la planificación, sino también en la fase de contratación y selección de oferta. Este enfoque reconoce que la implicación activa del promotor y su liderazgo en materia de seguridad son clave para garantizar entornos de trabajo más seguros y saludables.

El documento subraya la importancia de que la prevención esté presente en la propia contratación de los diferentes agentes, incorporando criterios preventivos específicos en la valoración técnica de las ofertas, y otorga un papel esencial al Coordinador de Seguridad y Salud (CSS) desde la etapa de licitación, rompiendo así con el modelo tradicional en el que su intervención se limita a la fase de ejecución y muy ocasionalmente a la fase de proyecto.

Un ejemplo concreto de esta estrategia es el caso del diálogo competitivo aplicado en el proyecto de 33 VPO en Sopela-Asu, donde se incorporó al CSS en la fase previa a la contratación. Sus funciones incluyeron entre otras:

  • La elaboración de consideraciones específicas de prevención para sistemas industrializados.
  • La asistencia a reuniones con los licitadores para proponer mejoras preventivas.
  • La evaluación de las propuestas definitivas desde la perspectiva de la seguridad y salud, valorando aspectos como el grado de industrialización, la planificación, la organización de la obra, y la integración de medidas colectivas desde el diseño.

Además, se exigió un perfil altamente cualificado, con formación avanzada en prevención (Técnico superior en prevención de riesgos laborales y curso específico de Coordinación de Seguridad y Salud) y experiencia en obras industrializadas, como garantía de solvencia técnica.

Esta experiencia demuestra que la incorporación temprana del CSS en el proceso de contratación permite anticipar riesgos, eliminar peligros desde el diseño y garantizar una implantación realista y efectiva de las medidas preventivas.

Se propone un cambio de paradigma en el que la seguridad deja de ser sólo un requisito normativo y pasa a ser una variable estructural en la toma de decisiones desde el inicio, con una prevención integrada, proactiva y compartida entre todos los agentes y liderada por el promotor.

¿Cómo ha sido el trabajo colaborativo entre los distintos agentes (promotor, constructor, técnicos, industria) para integrar criterios de seguridad desde el diseño?

Ha sido, sin duda, un proceso de aprendizaje enriquecedor, gracias a la predisposición de todas las partes implicadas para avanzar hacia un modelo constructivo que garantizara la seguridad de las personas trabajadoras.

Esta primera experiencia con un modelo constructivo industrializado ha supuesto un reto importante. La introducción de un sistema con mayor complejidad técnica y la necesidad de adaptar dinámicas consolidadas en el sector han implicado ajustes relevantes, revisiones de proyecto y una elevada necesidad de coordinación entre los distintos agentes. En algunos momentos, la diferencia entre los ritmos de fabricación y montaje ha requerido reorganizar tareas en obra y reforzar la flexibilidad de los equipos.

Somos conscientes de que aún queda camino por recorrer, y de que toda innovación implica un proceso de adaptación progresiva. Esta etapa inicial, pese a las dificultades, ha sido clave para identificar áreas de mejora, consolidar aprendizajes valiosos y sentar las bases para que futuras experiencias se desarrollen con mayor fluidez. Todo ello ha contribuido a fortalecer una cultura de colaboración y prevención más sólida y comprometida.

A pesar de las dificultades propias de una primera experiencia, la aplicación coherente y anticipada de criterios preventivos ha sido uno de los mayores aciertos del proceso. La incorporación temprana de las aportaciones de quienes iban a ejecutar y fabricar los elementos constructivos, así como de los/las responsables del seguimiento posterior (coordinación de seguridad y salud, y dirección facultativa), ha permitido una mayor definición del proyecto, anticipando posibles problemas técnicos u organizativos con implicaciones preventivas. Esto ha facilitado la detección de puntos críticos en materia de seguridad desde fases muy tempranas del diseño, favoreciendo la búsqueda de soluciones preventivas proactivas y consensuadas entre todos los agentes.

En algunos casos, se ha conseguido eliminar riesgos graves gracias al propio proceso de fabricación y montaje; y, cuando no ha sido posible, se han previsto desde el inicio protecciones colectivas, integradas en la fase de fabricación e implementadas con éxito durante la ejecución, demostrando su eficacia en el entorno real de obra. En aquellos supuestos en los que no ha sido viable la integración previa en fabricación, se han consensuado soluciones alternativas en obra que garantizasen igualmente la seguridad, como la instalación de andamios perimetrales durante el montaje de los módulos.

La implicación temprana del coordinador/a de seguridad y salud ha sido clave para que la prevención no se entienda como una etapa añadida, sino como un pilar estructural del proyecto, con medidas diseñadas desde el origen e implementadas con coherencia a lo largo de todo el proceso. Incluso se han identificado líneas de mejora de cara al futuro, como la necesidad de diseño y homologación de sistemas de protección colectiva específicos para este tipo de soluciones constructivas.

Este cambio de paradigma requiere de una colaboración temprana, transversal y efectiva, de ese modo, no solo puede optimizar el proyecto desde el punto de vista técnico y productivo, sino que refuerza de manera directa la prevención de riesgos laborales, contribuyendo a un modelo constructivo más seguro, eficiente y sostenible.

¿Qué papel juega la ergonomía y la reducción del esfuerzo físico en entornos industrializados respecto al modelo tradicional?

En comparación con la construcción tradicional, el modelo industrializado reduce significativamente la carga física sobre las personas trabajadoras. Esto es posible gracias a la automatización de procesos, el uso de ayudas mecánicas y la realización de tareas en entornos controlados y estandarizados, como las plantas de fabricación.

La fabricación en planta permite aplicar principios ergonómicos desde la fase de diseño, de modo que los componentes pueden concebirse para una manipulación segura y eficiente desde el origen. Además, el entorno de fábrica facilita un ritmo de trabajo más estable, con menos exposición a condiciones adversas y menor exigencia física.

La industrialización abre la puerta a tecnologías emergentes como exoesqueletos, robots colaborativos o sistemas de asistencia al levantamiento de cargas, que pueden complementar el trabajo humano y mejorar aún más la seguridad física del personal.

Este modelo no solo contribuye a la prevención de lesiones musculoesqueléticas, sino que dignifica el trabajo, reduciendo el desgaste físico y favoreciendo la incorporación de perfiles diversos, incluyendo a mujeres, a personas con capacidades físicas diferentes y colectivos históricamente infrarrepresentados en el sector. Así, mejora el bienestar y promueve una mayor equidad en el sector.

En términos de cultura preventiva, ¿consideras que la industrialización puede favorecer un cambio de mentalidad entre los profesionales del sector?

Sí, sin duda. La industrialización no solo transforma el “cómo” se construye, sino también el “cómo” se piensa, organiza y gestiona el trabajo. En este sentido, constituye una palanca de cambio cultural hacia una prevención más madura, anticipativa y profesionalizada.

Al requerir mayor planificación, coordinación entre agentes y definición previa, la industrialización impulsa entornos donde la seguridad se integra naturalmente en todas las fases, desde el diseño hasta la ejecución. Frente al modelo tradicional, muchas veces reactivo, este enfoque promueve una cultura basada en la anticipación, colaboración y la mejora continua.

Además, la incorporación de tecnologías y metodologías avanzadas profesionaliza el proceso constructivo y permite que la prevención deje de percibirse como una carga, para pasar a entenderse como una parte esencial del buen hacer técnico y organizativo.

Este cambio de mentalidad es fundamental: no basta con cambiar los métodos si no se transforman también las actitudes y valores. Por eso, la industrialización representa una oportunidad estratégica para consolidar una cultura preventiva más fuerte y compartida.

¿Qué avances crees que todavía hacen falta para que la industrialización sea una palanca definitiva en la mejora de la seguridad en el sector de la construcción?

Aunque la industrialización ha demostrado su potencial para mejorar la seguridad en el sector de la construcción, aún existen retos clave que deben abordarse para consolidarla como una verdadera palanca de transformación.

Uno de los principales desafíos es la adaptación del marco normativo. La legislación vigente responde, en gran medida, a modelos constructivos tradicionales, lo que puede generar vacíos, ambigüedades o incluso contradicciones al aplicarla a procesos industrializados. Por ello, es necesario desarrollar una normativa más flexible, que permita adaptarse a la diversidad de soluciones técnicas y organizativas que ofrece la industrialización; actualizada, para incorporar los avances tecnológicos y metodológicos del sector; y orientada a procesos, es decir, que no se centre únicamente en el lugar de ejecución (la obra), sino que contemple de manera específica las fases de diseño, fabricación en planta, transporte y montaje, donde también existen riesgos laborales relevantes que deben ser regulados con precisión.

También resulta esencial avanzar en formación específica y actualizada. La transición hacia modelos industrializados exige nuevas competencias técnicas, tecnológicas y organizativas. Formar adecuadamente a todos los niveles — personas operarias, mandos intermedios, profesionales de prevención y coordinación de seguridad— es clave para que la seguridad evolucione al mismo ritmo que los métodos constructivos.

Por último, pero de manera decisiva, es imprescindible fomentar una cultura colaborativa en el sector, donde la seguridad se entienda como un valor estratégico compartido, y no como una obligación externa o aislada. Solo desde la cooperación real y el compromiso conjunto entre todos los agentes implicados será posible consolidar un modelo industrializado que sea, además de eficiente, más seguro, humano y sostenible.

Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría transmitir a los asistentes del V Congreso Internacional Prevencionar?

La industrialización no debe entenderse únicamente como una innovación técnica o una mejora en la eficiencia. Es una oportunidad real para transformar la seguridad y salud laboral en el sector de la construcción.

Pero esta transformación no ocurre por inercia. Requiere compromiso, visión estratégica y colaboración real entre todos los agentes: empresas promotoras, proyectistas, técnicos/as de prevención, contratas y administraciones públicas.

Adoptar un enfoque industrializado no solo reduce los accidentes, sino que dignifica el trabajo en este sector, ofreciendo condiciones más seguras, previsibles y saludables. Permite construir mejor, pero, sobre todo, construir cuidando a las personas.

En definitiva, industrializar es prevenir. Adoptar este modelo es apostar por un futuro donde la innovación no solo genera eficiencia y calidad, sino que protege vidas y cuida del principal valor del sector: las personas.

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