
Vanessa Puig Aventín – Técnica Superior en PRL y fisioterapeuta del Departamento de Formación y Sensibilización en PRL de MC MUTUAL
La epicondilitis es una patología musculoesquelética frecuente en el ámbito laboral, especialmente entre el colectivo que realiza tareas manuales repetitivas. Analizar el mecanismo lesional, los factores de riesgo implicados y los criterios que permiten vincularla con la actividad laboral resulta fundamental para orientar adecuadamente la prevención y proteger la salud laboral.
¿Qué es la epicondilitis?
La epicondilitis lateral, conocida popularmente como codo de tenista, es una lesión frecuente no solo en el ámbito deportivo, sino también en el laboral, especialmente entre personas trabajadoras que realizan tareas manuales repetitivas.
Se origina por sobreuso de la musculatura extensora del antebrazo, que se inserta en el epicóndilo lateral del húmero, la prominencia ósea situada en la cara externa del codo. El principal músculo implicado es el extensor radial corto del carpo, cuya función es extender la muñeca y estabilizarla durante la prensión.
Aunque el término epicondilitis sigue utilizándose de forma generalizada, resulta más preciso hablar de epicondilosis. El sufijo -itis indica inflamación, pero en la mayoría de los casos esta solo está presente en fases iniciales. Lo que predomina es un proceso degenerativo del tendón, con fibrosis, microrroturas e incluso desinserción en casos avanzados.
Dado que se trata de un proceso de carácter degenerativo, resulta poco probable que una epicondilitis derive de un accidente, entendido este como un mecanismo traumático agudo. Por tanto, esta patología se considera enfermedad común cuando no existe relación con la actividad laboral o, en caso contrario, enfermedad profesional (EP).
Epidemiología
Afecta aproximadamente al 1–3 % de la población general, con una distribución similar entre hombres y mujeres y un pico de incidencia situado entre los 35 y 54 años.
En el colectivo de personas trabajadoras manuales, la prevalencia asciende alrededor del 7 % y puede llegar al 15 % según algunos estudios. De hecho, es la EP más frecuente. En 2024, el grupo diagnóstico epicondilitis y epitrocleitis (2D0201) representó el 27 % del total de EP reconocidas.
Criterios de relación laboral
El criterio legal máximo para valorar la relación entre la exposición laboral y la patología viene recogido en el Real Decreto 1299/2006, por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social en España. En este se establece que las actividades de riesgo para la epicondilitis son aquellas que implican una exposición suficiente y acreditada a posturas forzadas y movimientos repetitivos de las extremidades superiores, concretamente:
- Movimientos de impacto o sacudidas, como los producidos al utilizar martillos manuales o herramientas percutoras, durante el golpeo repetido al cortar carne o al manipular herramientas vibratorias o rotativas como radiales, amoladoras o pulidoras.
- Supinación o pronación repetida contraresistencia, como ocurre al aflojar o apretar piezas, usar llaves manuales u otras herramientas que exigen giros del antebrazo.
- Movimientos forzados de flexoextensión de muñeca, especialmente cuando se realizan de forma repetida o con carga, como en trabajos de pintura, carpintería, montaje o ensamblaje.
El Real Decreto incluye, además, un listado abierto de actividades de riesgo en el que figuran personas que trabajan como carniceras, pescaderas, curtidoras, deportistas, mecánicas, chapistas, caldereras y albañiles. Este carácter abierto permite que la epicondilitis pueda reconocerse en ocupaciones no mencionadas explícitamente, siempre que concurran los mecanismos lesionales descritos. Por tanto, lo determinante no es la ocupación, ni mucho menos la profesión, sino la presencia de factores biomecánicos.
Asimismo, el listado tiene un valor orientativo, ya que una persona que desempeñe una ocupación incluida puede no estar expuesta a los factores de riesgo. Por ejemplo, aunque se incluyan deportistas profesionales, un futbolista, a excepción del portero, no suele estar expuesto a los factores biomecánicos asociados a la epicondilitis. De forma análoga, un mecánico puede no estarlo en función de las tareas concretas que realiza o de la implementación de mejoras ergonómicas.
Qué se entiende por exposición suficiente y acreditada
Supongamos que una persona con epicondilitis está efectivamente expuesta a factores de riesgo en su trabajo. En este caso, debemos preguntarnos qué se considera una exposición suficiente y acreditada. En primer lugar, debe verificarse que la exposición se haya producido antes de la aparición de los síntomas y que coincida con la lateralidad de la extremidad afectada. En esta patología, el tiempo mínimo de exposición puede ser corto, incluso de tan solo unos días, por lo que no suele ser determinante a la hora de valorar la contingencia. La epicondilitis puede desarrollarse tras exposiciones cortas pero intensas.
En cuanto al nivel de exposición, los límites no están claramente definidos. No obstante, el propio Real Decreto incluye algunos valores orientativos que pueden servir de referencia:
- Más de 10 acciones de agarre por minuto, por ejemplo, al coger piezas u otros objetos.
- Más de 20 movilizaciones por minuto, como pronosupinación o flexoextensión de muñeca.
Estos valores ofrecen una primera aproximación del nivel de riesgo en función de la frecuencia, pero para estimar la dosis total de exposición es imprescindible considerar también la duración. No es lo mismo realizar estas acciones de forma puntual que durante varias horas por turno.
En este sentido, los criterios SALTSA, basados en el consenso de expertos a nivel europeo y ampliamente utilizados en medicina del trabajo, constituyen una referencia útil para estimar si un trastorno musculoesquelético (TME) tiene o no origen laboral. En el caso específico del codo y antebrazo, el riesgo se considera relevante cuando la persona está expuesta a factores de riesgo durante al menos dos horas por jornada. No obstante, esta referencia es orientativa, ya que su interpretación depende de otros factores como la postura, la fuerza, la frecuencia, la ausencia de recuperación y factores complementarios como el tipo de agarre.
La evaluación de los riesgos biomecánicos debe realizarse aplicando el modelo de dosis. La conocida expresión de Paracelso, “la dosis hace el veneno”, es plenamente aplicable a la ergonomía. Un movimiento de flexoextensión de muñeca no es lesivo por sí mismo; se convierte en un problema cuando se realiza con elevada frecuencia, con aplicación de fuerza excesiva o cuando la combinación de distintos factores de riesgo supera la capacidad de adaptación del tejido tendinoso. Del mismo modo, actividades que requieren fuerzas más ligeras o posturas menos extremas pueden resultar perjudiciales si se mantienen de forma prolongada en el tiempo.
Para estimar la dosis biomecánica que recibe una persona es necesario considerar de forma conjunta todos los factores de riesgo citados anteriormente. En este sentido, el método OCRA es el recomendado, ya que integra la totalidad de estos factores y cuenta con validación epidemiológica. Esta evaluación analítica proporciona criterios objetivos para definir y priorizar las medidas preventivas más adecuadas, lo que permite orientar la intervención en función de los factores identificados. Si el factor crítico es la fuerza, las medidas deberán centrarse en su reducción; si el problema radica en la ausencia de pausas adecuadas, será necesario actuar sobre la organización del trabajo; y si se identifican puestos con cargas posturales localizadas en distintas regiones anatómicas, se tendrá en cuenta esta información para optimizar la rotación de tareas.
Factores extralaborales
Existen también factores de riesgo extralaborales, como los derivados de la práctica deportiva, por ejemplo, tenis o pádel, o de determinadas aficiones como el bricolaje o la jardinería. No obstante, la presencia de factores extralaborales solo excluiría el carácter profesional de la patología cuando estos hubieran actuado con la suficiente entidad o intensidad como para considerarse la causa principal, y siempre que no haya existido exposición laboral relevante.
En otras palabras, cuando existe una exposición laboral suficiente y debidamente acreditada a los factores de riesgo, el origen profesional de la patología no puede descartarse únicamente por la práctica de actividades extralaborales, como el pádel.
En conclusión, la epicondilitis o, mejor dicho, la epicondilosis, es una patología de carácter degenerativo con una mayor prevalencia en personas trabajadoras manuales que realizan tareas repetitivas. Dado que la prevención es la prioridad, resulta imprescindible realizar una evaluación ergonómica específica en los puestos con exposición a movimientos repetitivos, aplicando el modelo de dosis y siguiendo la evidencia científica disponible. Esto permitirá identificar los puestos y factores críticos para priorizar la implementación de medidas preventivas, con el fin de proteger de manera efectiva la salud de la población trabajadora.















