El uso de cigarrillos electrónicos se denomina comúnmente ‘vapear’ (‘vaping’, ‘vaporear’, ‘vapeo’). Aunque se cree que estos dispositivos producen vapor, en realidad emiten un aerosol compuesto de diminutas partículas, no vapor de agua.
Los cigarrillos electrónicos son utilizados por fumadores, fumadores que quieren abandonar el consumo de tabaco y exfumadores. Los consumidores tienen la falsa seguridad de que son menos perjudiciales que el tabaco, de ahí que muchas veces se utilicen como una transición para conseguir dejar de fumar. De hecho, estos dispositivos fueron lanzados al mercado como un producto novedoso y de bajo precio, para facilitar su accesibilidad y promover un consumo de bajo riesgo alternativo al tabaco, así como una posible herramienta para los fumadores que quieren dejar de serlo. Lo cierto es que, a pesar de ser una creencia muy extendida, hasta ahora no hay evidencia clara de su eficacia en la ayuda para la deshabituación tabáquica.
La situación que más preocupa respecto al consumo de estos cigarrillos es el consumo entre los adolescentes, quienes los prefieren sobre los cigarrillos tradicionales. Los estudios sugieren que el aumento del consumo de cigarrillos electrónicos entre los jóvenes puede representar una puerta de entrada a la adicción a la nicotina y al consumo de tabaco.
Según cifras obtenidas en la XXIV encuesta realizada por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), el 19,2 por ciento de los adolescentes de 14 a 18 años fuma o consume algún derivado del tabaco, pero los vapeadores son los preferidos para uno de cada cinco.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera preocupante el hecho de que estos productos hayan sido permitidos en el mercado abierto como productos de consumo y se comercialicen insistentemente entre los jóvenes. Incluso se promocionan entre los niños a través de las redes sociales y personas influyentes, utilizando a veces dibujos animados y diseños elegantes para atraer a las generaciones de menor edad.
Actualmente, el vapeo en España está prohibido en centros y dependencias de las Administraciones públicas y entidades de derecho público, centros sanitarios (incluyendo los espacios al aire libre o cubiertos comprendidos en sus recintos), centros docentes y formativos y medios de transporte público (taxis, autobuses, metro, trenes, barcos y aviones), así como en los parques infantiles o zonas de juego para la infancia, incluyendo espacios al aire libre que cuenten con equipamiento destinado específicamente para el juego de niños.
COMPONENTES DE LOS CIGARRILLOS ELECTRÓNICOS
Los cigarrillos electrónicos incluyen una batería, un cartucho o depósito que contiene el líquido, una fuente de calor encargada de calentar el líquido hasta convertirlo en un aerosol, y una boquilla o abertura utilizada para inhalar el aerosol. Pueden ser desechables, recargables mediante un contenedor de carga, o recargables con cartucho de un solo uso.
La solución líquida, conocida como e-líquido, puede estar compuesta por diversas sustancias, tales como:
- Nicotina. No puede exceder los 20 mg/ml.
- Propilenglicol y glicerina vegetal. Ambos compuestos se consideran inocuos al consumirse oralmente. En cambio, su uso en combustión conlleva efectos negativos para la salud.
- Saborizantes (diacetilo).
- Aromatizantes.
El aerosol que se forma puede contener formaldehído, acetaldehído, acetona, acroleína y metales como cobre, zinc y estaño y plomo, y partículas PM2.5.
PRINCIPALES PROBLEMAS DE SALUD RELACIONADOS CON EL VAPEO
El uso o consumo de cigarrillos electrónicos, así como el del tabaco convencional u otros productos del tabaco, son perjudiciales para la salud. Aunque el cigarrillo electrónico puede considerarse menos tóxico que fumar cigarrillos, los riesgos asociados a su uso son los siguientes:
- Irritación de ojos y nariz.
- Dolores de cabeza y náuseas.
- Irritación de las vías respiratorias y disminución de la inmunidad pulmonar.
- Enfermedades respiratorias y agravamiento en enfermedades como el asma, la fibrosis quística y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
- Aumento de la frecuencia cardiaca y presión arterial, arritmias, problemas vasculares y enfermedades cardiacas como angina de pecho o infarto. Según recoge el informe “Cigarrillos electrónicos: una nueva amenaza para la salud cardiovascular“, elaborado por la World Heart Federation (WHF), los consumidores habituales de cigarrillos electrónicos tienen 1,79 veces más de probabilidades de sufrir un infarto agudo de miocardio que los no fumadores.
- Daño hepático y renal.
- Daño al sistema inmunológico.
- Daños cerebrales y del sistema nervioso.
- Alteraciones hormonales.
- Alteraciones en el embarazo (bebés prematuros y de bajo peso al nacer).
- Cáncer. Según un estudio publicado recientemente, se encuentran cambios similares en el ADN en células de fumadores y usuarios de cigarrillos electrónicos. Es decir, los cigarrillos electrónicos provocan algunos cambios epigenéticos en las células de la boca similares a los de los fumadores, y estos cambios pueden estar asociados con el desarrollo futuro de cáncer de pulmón y cáncer de cuello de útero.
La evidencia científica actual indica que el consumo de cigarrillos electrónicos no es inocuo. La mayoría de los conocimientos científicos sobre el uso de estos dispositivos y su impacto en la salud se limita a efectos a corto plazo, dado que su uso es relativamente reciente. Esto subraya la necesidad de investigar sus efectos durante un período más prolongado para conocer mejor sus consecuencias a largo plazo.
FUMADORES PASIVOS DE CIGARRILLOS ELECTRÓNICOS
La OMS advierte que no existe un nivel inocuo de exposición pasiva ni un umbral de consumo seguro, por lo que cualquier exposición tendrá consecuencias negativas en la salud.
Los cigarrillos electrónicos emiten determinadas sustancias volátiles que pueden ser inhaladas de forma pasiva por personas que se encuentren en espacios cerrados. Aunque estas partículas parecen encontrarse en concentraciones menores que en los productos de tabaco convencionales, pueden penetrar profundamente en los pulmones, siendo un riesgo potencial para la salud. Por ello, la evidencia científica respalda la idea de que los cigarrillos electrónicos pueden afectar la calidad del aire en interiores y que las personas no consumidoras de cigarrillos electrónicos también respiren estos aerosoles y sus componentes.
Actualmente, los resultados de diversos estudios sobre el ‘vapeo pasivo’ confirman este potencial riesgo, siendo cada vez mayores las evidencias sobre los efectos que puede tener sobre las personas la exposición al vapeo pasivo de nicotina (aerosol de segunda mano). Se sabe que aumenta el riesgo de padecer determinadas alteraciones de salud como bronquitis, dificultad respiratoria, exacerbaciones de asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Según una investigación publicada en la revista Thorax, la exposición en el hogar al vapor de nicotina de los cigarrillos electrónicos aumenta un 40 % la probabilidad de sufrir bronquitis y un 53 % la de presentar dificultad para respirar.
Otros estudios recientes también apuntan a que, debido a las sustancias cancerígenas que se liberan en la combustión de este tipo de líquidos, existe un riesgo de carcinogénesis en las personas que se ven expuestas a su aerosol.
Es cierto que los estudios señalan que el riesgo para la salud parece inferior al de las personas sometidas al humo ambiental de los productos tradicionales de tabaco y que se necesitan más estudios sobre los efectos del vapeo pasivo. Sin embargo, tampoco podemos perder de vista el claro posicionamiento de la OMS respecto a estos dispositivos: “los cigarrillos electrónicos son dispositivos que mantienen o pueden generar un trastorno adictivo”. Además, la organización afirma que “no se ha demostrado científicamente que los cigarrillos electrónicos puedan ser una ayuda en el proceso de cesación tabáquica”.
NUEVO PLAN DE PREVENCIÓN Y CONTROL DEL TABAQUISMO 2024-2027
El pasado 30 de abril, el Consejo de Ministros aprobó el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027. El nuevo plan incluye líneas de actuación relacionadas con el consumo de los cigarrillos electrónicos, como por ejemplo:
- Regular la venta y el consumo de productos relacionados con el tabaco (con y sin nicotina), avanzando en la equiparación de la legislación para productos del tabaco.
- Prohibición de aditivos que confieren aromas en tabaco y en productos relacionados.
- Avanzar en el estudio de los efectos en la adicción que originan ciertos aromas (mentol y derivados) añadidos a los productos del tabaco y cigarrillos electrónicos y su atracción a jóvenes.
- Ampliación legislativa de los espacios sin humo de tabaco y sin aerosoles de cigarrillos electrónicos y productos relacionados en determinados espacios de uso público o colectivo, especialmente aquellos con presencia de personas menores de edad.
Este plan pretende habilitar los instrumentos necesarios para poder contar con una generación libre de tabaco, en España y en Europa, adelantándose a los desarrollos previstos. Así, antes del año 2025, la Comisión Europea propondrá actualizar la Recomendación del Consejo sobre los entornos libres de humo, incrementando los mismos, especialmente los espacios exteriores, y ampliando la cobertura de dichos espacios a entornos libres de otros productos emergentes, como los cigarrillos electrónicos y los Productos de Tabaco Calentados.
Referencias
Informe sobre los cigarrillos electrónicos: situación actual, evidencia disponible y regulación. (2022). Unidad de Prevención y Control del Tabaquismo. Subdirección General de Promoción de la Salud y Prevención. Dirección General Salud Pública. Ministerio de Sanidad.
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https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/sanidad14/Documents/2024/300424-Plan_Prevenci%C3%B3n_Tabaquismo_Plan_v29_04_18_35_1.pdf














