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El INSST identifica los principales riesgos que afectan a las mujeres que trabajan a pie de obra

Un nuevo documento técnico del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) analiza la evidencia científica disponible sobre las condiciones de trabajo de las mujeres a pie de obra y pone el foco en los riesgos psicosociales, los equipos de protección individual, la formación, la conciliación y las barreras de acceso y permanencia en un sector todavía fuertemente masculinizado.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) ha publicado el documento técnico Conclusiones de la literatura científica sobre los riesgos que más afectan a las trabajadoras a pie de obra, elaborado por Irene Otero Jiménez.

El trabajo sintetiza la evidencia disponible sobre los principales riesgos laborales que afectan a las mujeres que desarrollan su actividad en profesiones como albañilería, electricidad, fontanería, carpintería, pintura, soldadura, operación de grúas, jefaturas de obra o coordinación de seguridad y salud.

La revisión parte de una realidad todavía muy desigual: aunque la presencia femenina en la construcción está creciendo, las mujeres continúan siendo una minoría muy reducida en los trabajos desarrollados directamente a pie de obra. El documento señala que apenas el 0,7 % de las personas que trabajan directamente en obra son mujeres.

Los riesgos psicosociales concentran la mayor atención

Uno de los resultados más destacados es que la literatura científica revisada se concentra principalmente en los riesgos psicosociales, que representan el 34 % de las codificaciones realizadas.

A continuación aparecen los riesgos para la seguridad, con un 27 %, y las barreras de acceso, permanencia y promoción profesional, con un 19 %. En cambio, la investigación sobre ergonomía e higiene industrial desde una perspectiva de género continúa siendo muy limitada.

La exposición de las mujeres a riesgos laborales en construcción no depende únicamente de los peligros propios de la actividad, sino también de factores organizativos, culturales y de género.

EPI y ropa de trabajo: uno de los principales problemas específicos

La adecuación de los equipos de protección individual y de la ropa de trabajo aparece como uno de los problemas más relevantes. El 53 % de las codificaciones relacionadas con riesgos para la seguridad hacen referencia a esta cuestión.

La literatura analizada recoge dificultades para encontrar tallas adecuadas y diseños adaptados a la antropometría femenina. Entre los equipos citados aparecen mascarillas, arneses anticaídas, calzado de seguridad, guantes, ropa de trabajo, cascos y gafas de seguridad.

Un mal ajuste puede reducir la eficacia de una protección respiratoria, aumentar el riesgo de atrapamiento con ropa demasiado holgada, dificultar el agarre con guantes de talla inadecuada o incrementar el riesgo de tropiezos por el uso de calzado que no se adapta correctamente.

El documento recoge incluso casos en los que las propias trabajadoras modifican los equipos para poder utilizarlos. Uno de los estudios incluidos señala que el 32 % de las participantes había tenido que realizar modificaciones en los EPI proporcionados por la empresa o adquiridos por ellas.

Esta práctica puede comprometer la protección originalmente certificada del equipo y generar nuevos riesgos.

La falta de aseos adecuados también afecta a la salud

La disponibilidad de instalaciones apropiadas aparece como otra cuestión especialmente relevante. Algunos estudios incluidos en la revisión muestran que la ausencia de aseos y vestuarios adecuados puede llevar a las trabajadoras a reducir voluntariamente el consumo de agua para evitar utilizar baños compartidos o en malas condiciones.

En uno de los trabajos analizados, el 78 % de las mujeres encuestadas consideraba que la falta de aseos apropiados suponía un riesgo para su seguridad y salud.

La revisión relaciona estas situaciones con problemas como infecciones urinarias o un mayor riesgo de sufrir golpes de calor, especialmente cuando las trabajadoras evitan hidratarse durante la jornada.

Formación preventiva y acceso al conocimiento

El documento también pone de manifiesto problemas relacionados con la formación y la transmisión informal de conocimientos.

En muchas obras, parte del aprendizaje sobre herramientas, equipos o medidas preventivas se produce de manera informal entre personas con mayor experiencia. En entornos muy masculinizados, esta dinámica puede dejar a algunas trabajadoras fuera de las redes de información y apoyo.

Uno de los estudios incluidos señala que el 21,5 % de las encuestadas no recibió información, instrucción ni capacitación para utilizar correctamente sus equipos de protección individual.

Entre las mujeres que sí tuvieron acceso a formación, únicamente el 33,8 % la calificó como adecuada o muy adecuada.

Acoso sexual, discriminación y conciliación

Dentro de los factores psicosociales, el acoso sexual es el riesgo más mencionado en los documentos analizados, representando el 21 % de las codificaciones sobre esta materia.

Le siguen el acoso por razón de sexo, con un 15 %, las dificultades de conciliación entre la vida laboral y familiar, con un 13 %, y el acoso laboral, con un 12 %.

El análisis también recoge situaciones de aislamiento, menor apoyo social, comentarios sexistas, cuestionamiento de la competencia profesional y una mayor necesidad percibida por parte de las mujeres de demostrar su capacidad frente a sus compañeros.

Esta situación puede conducir incluso a una mayor sobreexigencia física. Algunas trabajadoras evitan pedir ayuda cuando la necesitan para no reforzar determinados estereotipos sobre su capacidad profesional, aumentando así el riesgo de sufrir lesiones.

La evidencia analizada pone de manifiesto que los factores psicosociales y la seguridad física no deben abordarse como ámbitos independientes.

El acoso también puede aumentar el riesgo de sufrir accidentes

Uno de los resultados más relevantes de la revisión es la relación encontrada en algunos estudios entre la exposición a factores psicosociales y la siniestralidad laboral.

Las mujeres que declararon haber estado expuestas a acoso laboral, elevados niveles de acoso sexual o acoso por razón de sexo presentaban aproximadamente el doble de probabilidad de haber sufrido una lesión laboral durante el año anterior en comparación con aquellas que no informaron de este tipo de situaciones.

Este resultado refuerza la necesidad de integrar la perspectiva de género dentro de la gestión de la seguridad y salud laboral, evitando considerar el acoso, la discriminación o el aislamiento como problemas exclusivamente relacionados con el clima laboral.

Estereotipos y barreras de acceso al sector

La revisión identifica también numerosas barreras que dificultan tanto el acceso como la permanencia de las mujeres en el sector.

La percepción negativa sobre las capacidades profesionales de las mujeres es la barrera más repetida en los documentos analizados. Persisten estereotipos relacionados con una supuesta menor fuerza física, menor capacidad para desempeñar determinados oficios o dificultades para compatibilizar las responsabilidades familiares con las exigencias de la construcción.

También se describen situaciones en las que las mujeres son percibidas como intrusas dentro de equipos históricamente masculinos, lo que puede generar rechazo, aislamiento y dificultades adicionales para acceder a formación, promoción o responsabilidades de mando.

Una revisión basada en 36 documentos

Para elaborar este material técnico, el INSST llevó a cabo una revisión narrativa de la literatura científica disponible.

Las búsquedas iniciales localizaron 7.051 artículos. Tras eliminar duplicados y aplicar distintos criterios de selección, se identificaron 137 documentos para una segunda revisión.

Finalmente se seleccionaron 30 publicaciones científicas y seis documentos de literatura gris, que fueron analizados mediante el software MAXQDA para identificar y sistematizar los riesgos laborales más frecuentemente mencionados.

La revisión incorpora estudios cuantitativos, cualitativos, revisiones sistemáticas y trabajos desarrollados en distintos países, lo que permite identificar patrones recurrentes sobre discriminación, seguridad, salud y condiciones de trabajo de las mujeres en la construcción.

Hacia una prevención más inclusiva

Entre sus principales conclusiones, el documento plantea la necesidad de avanzar hacia una prevención que incorpore de manera efectiva la diversidad corporal y las condiciones reales de trabajo de las mujeres.

Entre las medidas que se desprenden de la revisión destacan:

  • Mejorar el diseño y la selección de los equipos de protección individual.
  • Utilizar datos antropométricos más diversos y actualizados.
  • Garantizar aseos y vestuarios adecuados en las obras.
  • Reforzar la formación preventiva y evitar que el conocimiento dependa exclusivamente de redes informales.
  • Prevenir el acoso sexual, el acoso por razón de sexo y otras formas de discriminación.
  • Favorecer medidas de conciliación y flexibilidad organizativa.
  • Incorporar a las propias trabajadoras en el diseño y evaluación de las medidas preventivas.
  • Incrementar la investigación sobre riesgos ergonómicos, físicos, químicos y biológicos desde una perspectiva de género.

El reto no es únicamente aumentar la presencia de mujeres en la construcción, sino garantizar que su incorporación se produzca en condiciones de seguridad, salud, igualdad y plena integración preventiva.

El documento concluye que mejorar la seguridad y salud de las mujeres en las obras requiere un enfoque integral que vaya más allá de medidas aisladas. Adaptar los equipos, las herramientas, los puestos de trabajo y la propia organización a la diversidad de las personas no solo favorece la igualdad, sino que contribuye a crear entornos laborales más seguros y saludables para toda la plantilla.

Fuente: Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST). Conclusiones de la literatura científica sobre los riesgos que más afectan a las trabajadoras a pie de obra. Madrid, agosto de 2026.

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