El trabajo en ambientes fríos —naturales o artificiales— continúa siendo uno de los riesgos menos visibles y, sin embargo, más determinantes para la salud laboral. La expansión de la industria del frío, los trabajos en exterior y el crecimiento de sectores como la logística alimentaria han incrementado de forma significativa el número de profesionales expuestos a condiciones térmicas severas. Las NTP 1036 y 1037 del INSST constituyen actualmente la referencia técnica más completa en castellano para comprender el fenómeno, evaluarlo de forma rigurosa y diseñar medidas preventivas eficaces.
1. ¿Qué entendemos por estrés por frío?
La NTP 1036 define el estrés por frío como una carga térmica negativa, es decir, una pérdida excesiva de calor del organismo derivada de la combinación de temperatura, viento, humedad, actividad física y aislamiento proporcionado por la ropa . Esta pérdida obliga al cuerpo a activar mecanismos fisiológicos —vasoconstricción, tiritera, aumento del metabolismo— que, cuando resultan insuficientes, pueden derivar en lesiones locales, alteraciones funcionales y efectos sistémicos severos.
Los efectos sobre la salud son amplios e incluyen:
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Disminución de la capacidad física y cognitiva, con pérdida de destreza manual a partir de temperaturas en dedos de 30–31 °C .
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Lesiones por frío: desde congelaciones superficiales hasta lesiones profundas por formación de cristales de hielo en tejidos.
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Hipotermia, que puede comprometer funciones vitales cuando la temperatura corporal cae por debajo de 35 °C.
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Efectos respiratorios y cardiovasculares, especialmente en personas con patologías previas.
2. ¿Dónde se producen las exposiciones más críticas?
La NTP 1036 identifica numerosos entornos donde las temperaturas pueden situarse por debajo del umbral de confort:
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Industria agroalimentaria y cámaras frigoríficas.
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Transporte y logística.
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Trabajos en exterior (carreteras, agricultura, aeropuertos).
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Actividades en altura y en montaña.
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Buceo, pesca y operaciones en plataformas marinas, donde la pérdida de calor puede ser 25 veces superior a la del aire .
La variabilidad interindividual —edad, género, patologías, medicación, estado nutricional o fatiga— desempeña un papel relevante en la susceptibilidad al riesgo.
3. Evaluación del riesgo: el método IREQ como referencia técnica
La NTP 1037 desarrolla el procedimiento de evaluación mediante el aislamiento requerido de la ropa (IREQ), basado en la norma UNE-EN ISO 11079:2009, que permite determinar:
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El aislamiento de ropa necesario para mantener el equilibrio térmico.
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El aislamiento real de la ropa utilizada.
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El tiempo límite de exposición (Dlim).
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El tiempo de recuperación térmica (Drec).
El modelo integra parámetros ambientales (temperatura, radiación, velocidad del aire, humedad), metabólicos (intensidad de trabajo) y características de las prendas en uso. La evaluación distingue entre dos situaciones:
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IREQ mínimo: condición de sobrecarga fisiológica alta, donde se mantiene el equilibrio térmico gracias a la vasoconstricción.
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IREQ neutro: condición de sobrecarga baja, compatible con confort térmico.
Cuando el aislamiento de la ropa es inferior al IREQ mínimo, se genera una situación de riesgo y debe limitarse la exposición. Cuando es excesivo, se producen fenómenos de sobrecalentamiento y sudoración, reduciendo el aislamiento real por aumento de humedad en la ropa.
La NTP 1037 aporta múltiples ejemplos prácticos:
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En una exposición a 0 °C, 2 m/s de viento y actividad moderada, con ropa de 2,5 clo, el tiempo máximo de exposición puede reducirse a 2,6 h, seguido de 0,9 h de recuperación térmica en ambiente cálido .
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En condiciones extremas (–20 °C), una ropa excesivamente aislante también supone riesgo por sobrecarga metabólica y acumulación de humedad en capas internas.
4. Evaluación del enfriamiento local
Además del balance térmico global, la normativa exige valorar:
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Dedos y manos, donde el umbral crítico está entre 15 °C (sobrecarga alta) y 24 °C (sobrecarga baja).
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Efecto del viento, valorado mediante el índice wind chill (twc). Por ejemplo, temperaturas equivalentes por debajo de -30 °C indican riesgo inmediato de congelación en pocos minutos.
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Contacto con superficies frías, regulado por UNE-EN ISO 13732-3.
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Vías respiratorias, especialmente cuando la actividad física obliga a respirar por la boca a temperaturas inferiores a -15 °C.
5. Estrategias preventivas: diseño, organización y protección personal
Las NTP ofrecen un marco preventivo sólido:
Medidas técnicas
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Calefacción adecuada en zonas de descanso y posibilidad de secado de ropa húmeda.
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Aislamiento de superficies metálicas y suelos para evitar pérdidas por conducción y riesgo de resbalones.
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Dispositivos de alarma, apertura desde el interior y control de ventilación en cámaras frigoríficas.
Medidas organizativas
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Planificación del trabajo en función de la meteorología.
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Trabajo en parejas, sistemas “hombre muerto”, y comunicación constante.
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Alternancia entre tareas en frío y en zonas templadas.
Medidas personales
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Selección de ropa por capas con alta transpirabilidad.
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Cambio inmediato de prendas húmedas.
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Protección de extremidades, cara y vía respiratoria.
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Pausas en áreas calientes priorizando menos pausas y más largas, tal como indican las NTP .
6. Hacia un enfoque integral del riesgo por frío
El estrés por frío sigue infravalorado en sectores clave y, sin embargo, su impacto sobre la salud, el rendimiento y la seguridad es considerable. La combinación de:
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Evaluación técnica (IREQ),
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Control del enfriamiento local,
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Planificación preventiva,
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Equipos de protección adecuados,
permite reducir de manera significativa la probabilidad de lesiones y mejorar la capacidad de trabajo en entornos fríos.
Las NTP 1036 y 1037 constituyen una guía imprescindible para responsables de prevención, servicios de prevención propios y ajenos, y equipos técnicos encargados de diseñar, evaluar y vigilar condiciones térmicas en el trabajo. Aplicarlas de manera sistemática no solo previene daños, sino que contribuye a un entorno laboral más seguro, eficiente y saludable.














