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Cuando la instalación eléctrica se convierte en una fuente de incendio

Cuando la instalación eléctrica se convierte en una fuente de incendio

Un cable deteriorado, una conexión floja, una regleta sobrecargada o un equipo eléctrico inadecuado para el entorno pueden generar el calor o el arco necesarios para iniciar un incendio. La prevención exige mirar más allá del cuadro eléctrico: diseño, mantenimiento, orden, formación y control de las modificaciones deben funcionar como un único sistema.

El antiguo cartel preventivo que advierte de que un cable defectuoso puede provocar un incendio conserva toda su vigencia. Han cambiado los equipos, las protecciones y la normativa, pero los mecanismos físicos siguen siendo los mismos: la corriente eléctrica encuentra una condición anómala, se produce calentamiento o un arco y algún material próximo alcanza la temperatura necesaria para arder.

El problema es que muchas de estas situaciones se normalizan. Una clavija que se calienta, un magnetotérmico que se dispara repetidamente, un alargador utilizado durante años o una conexión reparada con cinta aislante pueden parecer pequeños defectos. En realidad, son advertencias de que la instalación ya no está funcionando en las condiciones para las que fue diseñada.

¿Qué es realmente un incendio de origen eléctrico?

No todo incendio que afecta a un aparato eléctrico ha sido provocado por la electricidad. Si un fuego externo alcanza un cuadro, funde sus cables y genera cortocircuitos, los daños eléctricos son una consecuencia, no necesariamente la causa inicial.

Un incendio puede considerarse de origen eléctrico cuando la energía eléctrica participa directamente en la ignición. Los mecanismos más habituales son:

  • Sobrecarga: por el conductor circula una intensidad superior a la que puede soportar de forma segura.
  • Cortocircuito: se produce una conexión accidental de muy baja impedancia entre conductores con diferente potencial.
  • Mal contacto: una conexión floja, sucia, oxidada o mal montada incrementa la resistencia localizada y genera calor.
  • Arco eléctrico: la corriente salta entre conductores o contactos separados, produciendo temperaturas muy elevadas.
  • Defecto de aislamiento: el envejecimiento, los cortes, la humedad, el calor o la acción mecánica permiten que la corriente siga un recorrido no previsto.
  • Equipos defectuosos o mal utilizados: motores bloqueados, cargadores incompatibles, luminarias cubiertas, ventilación obstruida o aparatos empleados fuera de sus condiciones de diseño.
  • Electricidad estática o equipos no adecuados en atmósferas explosivas: una chispa o superficie caliente puede inflamar gases, vapores o polvos combustibles.

La investigación científica muestra que un contacto deficiente entre una clavija y una base de enchufe puede producir un calentamiento muy localizado y transferir calor al aislamiento y a los materiales combustibles próximos. Un estudio experimental y de simulación publicado en Fire Safety Journal analizó precisamente este mecanismo.

En términos sencillos, la potencia térmica generada en un punto resistivo depende de la intensidad y de la resistencia:

P= I2 * R

Una pequeña resistencia en una conexión por la que circula una corriente elevada puede generar una cantidad importante de calor. Por eso una conexión floja puede resultar peligrosa incluso cuando el consumo total del circuito no parece excesivo.

Lo que indican los datos

En España no existe una estadística pública única que permita conocer, con suficiente detalle, cuántos incendios laborales tienen un origen eléctrico confirmado. Las categorías utilizadas por bomberos, aseguradoras y sistemas de accidentes laborales no siempre son equivalentes. Por ello, no es correcto trasladar directamente al trabajo los porcentajes obtenidos en viviendas.

Sí disponemos de algunos indicadores de contexto. El estudio elaborado por Fundación MAPFRE y la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos contabilizó en España 133.417 incendios durante 2024, un 1,3 % más que en 2023. De ellos, 30.824 se produjeron en edificios. Los incendios y explosiones causaron 234 fallecimientos y, en las viviendas con origen conocido, los problemas eléctricos representaron el 41,9 % de los fuegos mortales. El 69,3 % de las muertes se debió a la inhalación de humo o gases tóxicos. Estos datos son fundamentalmente residenciales, pero evidencian la gravedad potencial de los fallos eléctricos y la importancia de la detección temprana. Fundación MAPFRE y APTB

Para aproximarnos al ámbito laboral resulta útil la información de la National Fire Protection Association estadounidense. Entre 2017 y 2021, los servicios de bomberos atendieron una media anual estimada de 36.784 incendios en propiedades industriales o manufactureras. El conjunto de esos incendios ocasionó anualmente 22 muertes de civiles, 211 personas heridas y daños materiales directos cercanos a 1.500 millones de dólares.

Al considerar únicamente los incendios estructurales en propiedades industriales, los equipos de distribución, iluminación y transferencia de energía eléctrica estuvieron implicados en el 21 % de los casos. El cableado y los equipos asociados representaron el 12 %. La NFPA también identificó el arco eléctrico en el 15 % y el fallo o funcionamiento defectuoso eléctrico en el 13 %. Estas categorías proceden de campos diferentes de investigación y pueden solaparse, por lo que no deben sumarse entre sí. NFPA, datos de 2017–2021

Otro informe de la NFPA estimó una media anual de 16.540 incendios no residenciales asociados a fallos o averías eléctricas durante 2012–2016. Estos causaron 23 fallecimientos, 200 personas heridas y 637 millones de dólares en daños directos al año. El cableado y sus elementos asociados participaron en el 36 % de esos incendios. La categoría “no residencial” incluye diferentes usos y no equivale exclusivamente a centros de trabajo, pero ofrece una referencia sobre la magnitud del problema. NFPA, Non-Home Electrical Fires

Qué está estudiando actualmente la ciencia

Una revisión sistemática y bibliométrica publicada en 2024 analizó 2.915 publicaciones científicas sobre incendios eléctricos correspondientes al periodo 1993–2022. Sus autores observaron un crecimiento notable de la investigación y un desplazamiento progresivo hacia el comportamiento de los materiales, los incendios de baterías, los métodos de detección y las tecnologías de extinción.

Una revisión posterior, publicada en 2025, identificó como causas recurrentes el envejecimiento de los equipos, la instalación incorrecta, los cortocircuitos, las sobrecargas y los fallos de mantenimiento. También destacó las dificultades particulares de cuadros eléctricos, cables, transformadores, centros de datos, baterías y espacios con gran densidad de equipos.

Un estudio de caso de 2025 sobre el incendio de un armario eléctrico mostró cómo una conexión atornillada deficiente podía producir sobrecalentamiento y agravar progresivamente el estado de conexiones adyacentes. Este tipo de fallo resulta especialmente peligroso porque puede desarrollarse lentamente, sin provocar inicialmente una corriente suficientemente elevada para que actúe una protección convencional.

La evidencia también obliga a ser prudentes al investigar un siniestro. Encontrar cables fundidos, marcas de arco o cobre deformado después de un incendio no demuestra automáticamente que la electricidad fuese la causa. El propio fuego puede dañar el aislamiento y generar cortocircuitos secundarios. La determinación del origen debe quedar en manos de especialistas que analicen conjuntamente patrones de propagación, protecciones, consumos, equipos, testimonios y evidencias eléctricas.

Accidentes reales: tres lecciones preventivas

Un arco eléctrico durante una medición

La base BINVAC del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recoge un accidente ocurrido durante la medición de tensión en condensadores. El trabajador introdujo las puntas del polímetro por una zona insuficientemente protegida y una de ellas estableció contacto entre una fase y una carcasa metálica. Se generó un arco eléctrico que le produjo quemaduras en la cara y las manos.

Aunque no evolucionó hasta convertirse en un incendio estructural, el caso demuestra la capacidad de un arco para liberar energía de forma instantánea. También muestra que disponer de un cuadro aparentemente protegido no es suficiente si existen huecos accesibles, el procedimiento obliga a aproximarse a partes activas o la medición se realiza sin una planificación adecuada. Caso investigado por BINVAC-INSST

Una lijadora eléctrica en una atmósfera inflamable

Dos trabajadores resultaron quemados mientras retiraban pintura en el interior de una pequeña embarcación. Los vapores inflamables de los disolventes fueron encendidos por una lijadora eléctrica. El espacio confinado facilitó la acumulación de vapores y aumentó las consecuencias del accidente.

La lección no es simplemente “revisar la lijadora”. Antes de introducir un equipo eléctrico deben evaluarse la ventilación, los productos utilizados, la posible formación de una atmósfera explosiva y la adecuación del equipo a esa zona. Caso documentado por el HSE británico

Un agitador eléctrico y un bidón de acetona

En otro caso investigado por el HSE, un trabajador sufrió quemaduras cuando se incendió un bidón con acetona mientras limpiaba un agitador eléctrico portátil. El equipo tenía doble aislamiento, pero no era adecuado para trabajar en una atmósfera potencialmente explosiva. Bastó una breve conexión para iniciar el fuego.

El trabajador no había recibido formación ni instrucciones sobre un método alternativo. Además, la limpieza de los agitadores de esa manera se había convertido en una práctica habitual. El accidente evidencia que una conducta repetida durante años sin consecuencias puede seguir siendo técnicamente insegura. Caso documentado por el HSE

Dónde suelen aparecer los riesgos

Oficinas

  • Regletas conectadas unas a otras.
  • Adaptadores múltiples sin control de la potencia conectada.
  • Calefactores portátiles en circuitos compartidos con otros equipos.
  • Cargadores no compatibles o deteriorados.
  • Cables atrapados bajo muebles o expuestos al paso de sillas.
  • Equipos cubiertos o con las rejillas de ventilación obstruidas.
  • Acumulación de papel junto a enchufes, cargadores o fuentes de alimentación.

Talleres y establecimientos industriales

  • Bornes y conexiones flojas dentro de cuadros.
  • Conductores insuficientes para la carga real.
  • Modificaciones no incorporadas a los planos.
  • Motores con problemas de ventilación o funcionamiento.
  • Polvo depositado sobre equipos y armarios.
  • Presencia de humedad, corrosión, aceites o temperaturas elevadas.
  • Cuadros utilizados como espacios de almacenamiento.
  • Protecciones puenteadas, bloqueadas o sustituidas por otras de calibre superior.

Almacenes y áreas logísticas

  • Cables golpeados o aplastados por vehículos y cargas.
  • Cargadores de baterías ubicados junto a materiales combustibles.
  • Baterías dañadas, deformadas o con signos de sobrecalentamiento.
  • Recarga sin vigilancia ni ventilación adecuada.
  • Instalaciones ampliadas sin comprobar la capacidad disponible.
  • Mercancía almacenada delante de cuadros eléctricos.

Obras, mantenimiento y montajes temporales

  • Alargadores concebidos para interior utilizados a la intemperie.
  • Conexiones provisionales que terminan convirtiéndose en permanentes.
  • Cables atravesando puertas, zonas de circulación o aristas.
  • Envolventes con un grado de protección inadecuado.
  • Reparaciones improvisadas con cinta aislante.
  • Falta de protección diferencial o de puesta a tierra.
  • Equipos alimentados desde generadores sobrecargados.

Señales que exigen actuar inmediatamente

Un defecto eléctrico suele dejar señales antes de provocar un incendio:

  • Olor a plástico, goma o aislamiento quemado.
  • Enchufes, clavijas, cargadores o cuadros anormalmente calientes.
  • Decoloración, ennegrecimiento o deformación de una base.
  • Zumbidos, crepitaciones o vibraciones procedentes de una conexión.
  • Chispas al conectar o durante el funcionamiento.
  • Parpadeos o interrupciones sin una causa conocida.
  • Clavijas que no quedan firmemente sujetas.
  • Fusibles fundidos o magnetotérmicos que se disparan repetidamente.
  • Cables agrietados, cortados, aplastados o con conductores visibles.
  • Equipos que desprenden humo o presentan abombamientos.

La respuesta no debe consistir en reiniciar repetidamente la protección ni cubrir el daño con cinta. Si puede hacerse sin exposición al riesgo, debe interrumpirse el uso, desconectarse el equipo, identificarlo para impedir su reutilización y comunicar la incidencia. La revisión y reparación corresponderán a personal competente.

Medidas preventivas y buenas prácticas

1. Diseñar la instalación para las condiciones reales

La instalación debe responder a la potencia utilizada, la simultaneidad de las cargas y las características del entorno. No es igual alimentar puestos informáticos que motores, hornos, cargadores de baterías o equipos en una zona húmeda.

Deben considerarse la presencia de materiales inflamables, polvo combustible, agentes corrosivos, agua, temperaturas extremas, impactos mecánicos y atmósferas potencialmente explosivas.

El artículo 3 del Real Decreto 614/2001 exige que las instalaciones y sus componentes se adapten al lugar de trabajo, a la actividad y a los equipos utilizados. También establece que deben mantenerse adecuadamente y que el funcionamiento de los sistemas de protección debe controlarse de manera periódica. Real Decreto 614/2001

2. Evitar las ampliaciones improvisadas

La aparición constante de adaptadores, regletas y alargadores suele indicar que la instalación fija ya no responde a las necesidades del puesto.

Antes de añadir nuevos equipos conviene comprobar:

  • La potencia y corriente nominal del receptor.
  • La capacidad del circuito.
  • La sección y condiciones del conductor.
  • La protección contra sobreintensidades.
  • La puesta a tierra.
  • La protección diferencial necesaria.
  • La simultaneidad con otras cargas.
  • Las condiciones ambientales.

Los equipos de gran consumo deberían disponer de circuitos adecuados y no depender permanentemente de regletas de uso general.

3. No conectar una regleta a otra

La conexión en cadena de regletas no incrementa la capacidad del circuito. Por el contrario, añade contactos, aumenta la posibilidad de conexiones flojas y facilita que se supere la carga admisible.

Las regletas deben:

  • Proceder de fabricantes identificables.
  • Incluir marcado e información de potencia o intensidad.
  • Mantenerse accesibles y ventiladas.
  • No quedar cubiertas por papeles, textiles o mobiliario.
  • No presentar holguras, roturas o calentamiento.
  • No utilizarse como solución permanente cuando se necesitan más bases fijas.

4. Utilizar los alargadores como instalaciones temporales

Los cables flexibles deben seleccionarse según la intensidad, longitud, entorno y esfuerzo mecánico previsto. Un alargador doméstico no es adecuado para cualquier herramienta, obra o ambiente húmedo.

No deberían atravesar puertas sin protección, permanecer enrollados mientras alimentan cargas elevadas, quedar aplastados por ruedas ni sujetarse con elementos que puedan dañar el aislamiento.

5. Implantar mantenimiento preventivo basado en el riesgo

El mantenimiento no debe limitarse a reparar después de una avería. El programa debería establecer:

  • Inventario de instalaciones y equipos críticos.
  • Planos y esquemas actualizados.
  • Frecuencias de revisión basadas en el riesgo.
  • Criterios de aceptación y retirada.
  • Registro de defectos y reparaciones.
  • Responsables y personal autorizado.
  • Seguimiento de reincidencias.
  • Control de modificaciones.

La frecuencia no tiene que ser idéntica para todos los equipos. Un cuadro que alimenta un proceso continuo, una zona corrosiva o un cargador sometido a impactos requieren controles diferentes a los de una instalación estable y de baja utilización.

6. Revisar las conexiones críticas

Las conexiones flojas pueden detectarse mediante inspección, mediciones y, en determinadas condiciones, termografía infrarroja realizada con la instalación en carga.

La termografía permite localizar diferencias anómalas de temperatura, pero no sustituye a las verificaciones eléctricas ni demuestra por sí sola la existencia de un riesgo de incendio. Los resultados deben interpretarse considerando la intensidad, el equilibrio entre fases, la temperatura ambiental, la emisividad y el historial del equipo.

Las comprobaciones de apriete deben realizarlas profesionales competentes, siguiendo las indicaciones del fabricante y, como regla general, con la instalación sin tensión.

7. Comprobar las protecciones

Los magnetotérmicos, fusibles, diferenciales, protecciones contra sobretensiones y demás dispositivos tienen funciones diferentes.

  • La protección contra sobreintensidades limita los efectos de sobrecargas y cortocircuitos.
  • El diferencial protege principalmente frente a determinadas corrientes de fuga y contactos eléctricos.
  • Las protecciones contra sobretensiones reducen daños derivados de sobretensiones transitorias o permanentes.
  • Los dispositivos de detección de arco pueden identificar ciertos arcos que una protección convencional podría no detectar.

Un diferencial no sustituye a un magnetotérmico, y ninguno de ellos garantiza por sí solo que toda conexión floja o arco en serie sea detectado. La selección y coordinación de las protecciones deben formar parte del proyecto y de la evaluación técnica.

8. Mantener separados electricidad y combustibles

No deben almacenarse papel, cartón, envases, textiles, madera, aerosoles o productos químicos junto a cuadros, cargadores, transformadores o equipos que desprendan calor.

Los cuadros eléctricos necesitan espacio libre para su ventilación, utilización y acceso en caso de emergencia. No deben emplearse como armarios ni quedar ocultos detrás de mercancías.

9. Controlar las atmósferas explosivas

Cuando puedan existir gases, vapores, nieblas o polvos combustibles, no basta con que un equipo funcione correctamente. Debe ser adecuado para la clasificación de la zona y para las sustancias presentes.

La evaluación debe contemplar:

  • Probabilidad y duración de la atmósfera explosiva.
  • Fuentes de emisión.
  • Ventilación.
  • Temperaturas superficiales.
  • Chispas y arcos eléctricos.
  • Electricidad estática.
  • Categoría y marcado de los equipos.
  • Operaciones de limpieza y mantenimiento.

10. Trabajar sin tensión siempre que sea posible

El Real Decreto 614/2001 establece como principio general que los trabajos con riesgo eléctrico deben efectuarse sin tensión, salvo las excepciones previstas y con las condiciones correspondientes.

La consignación debe incluir la desconexión, prevención de cualquier realimentación, verificación de ausencia de tensión, puesta a tierra cuando proceda y protección frente a elementos próximos. No basta con apagar un equipo desde su mando de funcionamiento.

11. Gestionar cualquier modificación

Cambiar una máquina, aumentar la producción, incorporar cargadores o instalar nuevos equipos puede alterar la demanda eléctrica y el riesgo de incendio.

Toda modificación debería activar una revisión previa de:

  • Capacidad de la instalación.
  • Coordinación de protecciones.
  • Documentación y esquemas.
  • Condiciones de ventilación.
  • Clasificación de zonas.
  • Carga de fuego.
  • Medios de detección y extinción.
  • Procedimientos de emergencia.

12. Preparar la respuesta ante el incendio

La instalación eléctrica no puede analizarse aisladamente de la protección contra incendios. Deben mantenerse operativos la detección, alarma, compartimentación, alumbrado de emergencia, señalización, extintores, bocas de incendio y demás sistemas exigibles.

Ante humo o fuego:

  1. Dar la alarma.
  2. Avisar a emergencias conforme al plan.
  3. Desconectar la alimentación únicamente si puede hacerse con seguridad.
  4. Evacuar y mantener libres las vías de salida.
  5. Utilizar un extintor solo si se dispone de formación, el fuego es incipiente y existe una salida segura.
  6. No volver a conectar la instalación hasta su inspección.

El fuego eléctrico no constituye actualmente una clase independiente de incendio. La elección del agente extintor depende del combustible, de la presencia de tensión y de las condiciones del recinto. El dióxido de carbono puede resultar adecuado en determinados equipos eléctricos, pero ofrece poca capacidad de enfriamiento y presenta riesgos en espacios reducidos. El polvo puede ser eficaz, aunque ocasiona importantes daños y contaminación. La selección debe quedar definida previamente en la evaluación y el plan de emergencia.

Marco reglamentario básico

En España, la prevención de estos incendios se apoya principalmente en:

  • Real Decreto 614/2001, sobre protección frente al riesgo eléctrico, que incluye expresamente los incendios y explosiones originados por la electricidad.
  • Real Decreto 842/2002, por el que se aprueba el Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión y sus instrucciones técnicas complementarias.
  • Real Decreto 681/2003, relativo a los riesgos derivados de atmósferas explosivas.
  • Real Decreto 513/2017, Reglamento de instalaciones de protección contra incendios.
  • Real Decreto 164/2025, que aprueba el nuevo Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales.

La ITC-BT-05 del Reglamento Electrotécnico establece inspecciones iniciales para determinadas instalaciones, entre ellas algunas instalaciones industriales, locales de pública concurrencia y emplazamientos con riesgo de incendio o explosión. Las instalaciones que precisaron inspección inicial deben someterse, con carácter general, a inspecciones periódicas cada cinco años. Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión

El nuevo Reglamento de seguridad contra incendios en establecimientos industriales actualiza la caracterización del riesgo, las condiciones constructivas, la evacuación, la protección activa y las inspecciones. No obstante, cumplir las inspecciones reglamentarias no elimina la necesidad de un mantenimiento cotidiano basado en las condiciones reales del centro. Real Decreto 164/2025

La prevención comienza antes de ver humo

Los incendios de origen eléctrico no se previenen únicamente instalando extintores. Cuando aparece la llama, ya han fallado una o varias barreras anteriores.

La verdadera prevención comienza con una instalación correctamente diseñada, continúa con la selección adecuada de equipos y depende de que los defectos sean detectados, comunicados y corregidos antes de que generen una fuente de ignición.

Una regleta sobrecargada, una clavija caliente o un magnetotérmico que se dispara no son molestias menores. Son información preventiva. La diferencia entre una incidencia y un incendio puede depender de que alguien reconozca esa señal y actúe a tiempo.

El fuego puede comenzar en un punto aparentemente insignificante. La prevención consiste en no considerar insignificante ninguna anomalía eléctrica.

Referencias técnicas y científicas

  • Li, G., Guo, J., Kang, Y., Huang, Q., Zhao, J., & Liu, C. (2025). Classification and prevention of electrical fires: A comprehensive review. Fire, 8(4), 154. https://doi.org/10.3390/fire8040154
  • Meng, H., Xiao, L., Zhang, C., Zhang, T., Xia, D., & Dong, W. (2024). A systematic review and bibliometric analysis of electrical fires from 1993 to 2022. Fire Technology, 60, 3347–3377. https://doi.org/10.1007/s10694-024-01580-2
  • Zhang, J., Huang, L., Chen, T., & Su, G. (2021). Simulation-based analysis of electrical fire risks caused by poor electric contact between plug and receptacle. Fire Safety Journal, 126, 103434. https://doi.org/10.1016/j.firesaf.2021.103434
  • Zhang, J. et al. (2025). Case study on investigation of electrical cabinet fire caused by poor electrical contact. Fire, 8(11), 412. https://doi.org/10.3390/fire8110412
  • Babrauskas, V. (2008). Research on electrical fires: The state of the art. Fire Safety Science, 9, 3–18. Publicación científica

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