Las medidas preventivas y correctoras son el conjunto de acciones que se adoptan en una organización para eliminar, reducir o controlar los riesgos laborales, con el fin de proteger la seguridad, la salud y el bienestar de las personas trabajadoras.
Estas medidas constituyen uno de los pilares fundamentales de la prevención de riesgos laborales, ya que no basta con identificar los riesgos: es imprescindible actuar sobre ellos de forma planificada y eficaz.
Diferencia entre medidas preventivas y correctoras
Aunque suelen mencionarse de forma conjunta, existe una diferencia clara entre ambas:
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Medidas preventivas: se aplican antes de que el daño ocurra, anticipándose al riesgo y actuando sobre su origen.
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Medidas correctoras: se adoptan cuando el riesgo ya se ha manifestado o cuando se detecta que las medidas preventivas existentes no son suficientes.
Ambas son complementarias y necesarias para una gestión preventiva adecuada.
Medidas preventivas: anticiparse al riesgo
Las medidas preventivas tienen como objetivo evitar la aparición del riesgo o reducir su probabilidad y gravedad, siguiendo los principios de la acción preventiva.
Algunos ejemplos de medidas preventivas son:
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Sustituir materiales, productos o procesos peligrosos por otros menos peligrosos.
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Diseñar puestos de trabajo ergonómicos.
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Establecer procedimientos de trabajo seguros.
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Formar e informar a las personas trabajadoras.
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Implantar medidas organizativas que reduzcan la carga física o mental.
Estas medidas buscan actuar sobre la causa del riesgo, no únicamente sobre sus consecuencias.
Medidas correctoras: corregir y mejorar
Las medidas correctoras se aplican cuando:
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se produce un accidente o incidente,
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se detecta una situación de riesgo no prevista,
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o se comprueba que una medida preventiva no es eficaz.
Su finalidad es corregir la situación existente y evitar que vuelva a repetirse.
Ejemplos de medidas correctoras:
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Modificar un procedimiento tras un accidente laboral.
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Reparar o sustituir un equipo de trabajo defectuoso.
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Reorganizar tareas ante una sobrecarga de trabajo detectada.
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Implantar nuevas medidas tras una investigación de accidentes.
Las medidas correctoras deben servir siempre para reforzar y mejorar el sistema preventivo, no para justificar la ausencia de prevención previa.
Relación con la evaluación de riesgos y la planificación preventiva
Las medidas preventivas y correctoras:
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se derivan directamente de la evaluación de riesgos laborales,
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se recogen en la Planificación de la Actividad Preventiva,
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deben contar con responsables, plazos y recursos asignados,
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y han de revisarse periódicamente para comprobar su eficacia.
Sin medidas adecuadas, la evaluación de riesgos pierde su sentido práctico.
Importancia de su correcta aplicación
Una prevención eficaz no se basa únicamente en cumplir la normativa, sino en implantar medidas reales, adaptadas a la empresa y sostenidas en el tiempo.
Cuando las medidas se aplican solo de forma documental, la prevención se convierte en un trámite.
Cuando se integran en el trabajo diario, la seguridad, la salud y el bienestar pasan a formar parte de la cultura de la organización.
Errores habituales en la aplicación de medidas preventivas y correctoras
A pesar de su importancia, la aplicación de medidas preventivas y correctoras presenta con frecuencia errores que reducen su eficacia y ponen en riesgo la seguridad y la salud de las personas trabajadoras.
Los más habituales son los siguientes:
1. Confundir prevención con corrección
Uno de los errores más comunes es actuar solo después de que ocurra un accidente, limitando la gestión preventiva a medidas correctoras.
La prevención eficaz debe anticiparse al riesgo, no reaccionar únicamente cuando el daño ya se ha producido.
2. Aplicar medidas genéricas no adaptadas al puesto
Utilizar medidas estándar sin tener en cuenta las características reales del puesto, del proceso o de las personas trabajadoras reduce significativamente su efectividad.
3. Priorizar el uso de EPIs frente a medidas técnicas u organizativas
El equipo de protección individual debe ser la última barrera, no la primera. Sustituir medidas técnicas u organizativas por EPIs supone trasladar el riesgo a la persona trabajadora.
4. No asignar responsables ni plazos
Las medidas que no cuentan con un responsable claro, un plazo de ejecución y recursos asignados acaban quedándose en el papel.
5. No comprobar la eficacia de las medidas implantadas
Implantar una medida sin verificar posteriormente si funciona correctamente impide detectar fallos, desviaciones o nuevas situaciones de riesgo.
6. No actualizar las medidas ante cambios en la empresa
Cambios en procesos, equipos, organización del trabajo o plantilla requieren revisar y actualizar las medidas preventivas, algo que con frecuencia se pasa por alto.
7. Falta de formación e información a las personas trabajadoras
Una medida preventiva no es eficaz si quienes deben aplicarla o respetarla no la conocen o no entienden su finalidad.















