
Autores: José Manuel Vicente Pardo1, Araceli López-Guillén García2
1 Cátedra de Internacional de Medicina Evaluadora, Pericial y Laboral de la UCAM. Inspector Médico Equipo Valoración Incapacidades. Instituto Nacional de la Seguridad Social. Gipuzkoa. España.
2 Cátedra de Internacional de Medicina Evaluadora, Pericial y Laboral de la UCAM. Inspector Médico Equipo Valoración Incapacidades Instituto Nacional de la Seguridad Social. Murcia. España.

No verdades sobre el absentismo por incapacidad temporal o medias verdades
Hay mucho absentismo porque la población trabajadora es añosa.
Si es cierto el envejecimiento de la población trabajadora, pero no hay relación proporcional directa entre la subida galopante del absentismo y el tiempo en el que se ha producido, y el envejecimiento de la población trabajadora en ese periodo. Se ha doblado la incidencia de bajas en los últimos diez años y se han duplicado las bajas largas en tan sólo los últimos cinco años; frente al 67% de incremento del envejecimiento de la población trabajadora (mayores de 55 años) última década. Así que sí que existe envejecimiento, pero no justifica el incremento del absentismo. Es más, en 2023, al contrario de lo que pudiera esperarse, la población joven (menor de 55 años) duplica las bajas a los mayores de 55 años.
Hay mucho absentismo por el atasco sanitario.
Si es cierta la crisis de la sanidad púbica que no puede atender la demanda asistencial. Las listas de espera influyen en el absentismo, pero con diferente trascendencia dependiendo qué procesos, qué tipo de bajas y qué tipo de trabajadores. Pero, además, las listas de espera no afectan a los procesos cortos (menos de 30 días), aunque si a los procesos largos o muy largos; el 74% de las bajas duran menos de 30 días y el 86% de todas las bajas estarán resueltas en menos de 2 meses; es decir el estar en lista de espera de intervenciones o pruebas o consulta con especialistas no explica por sí solo el crecimiento galopante del absentismo. La crisis del sistema sanitario ya estaba antes de la pandemia y ha continuado, tal vez agravada tras ella. Pero sí, que el atasco sanitario es el causante del 20% de la prolongación indebida de bajas de más de 6 meses y en más del 30% de las bajas que duran más de un año.
Hay mucho absentismo porque hay bonanza económica.
Si es cierto que históricamente han coincidido la subida de la Incapacidad Temporal con el crecimiento económico, pero tal vez no suceda ahora en igual medida a como sucedió en la última crisis del 2008 y la remontada económica del 2013. La tendencia de la incidencia de las bajas está siguiendo un curso exponencial se ha doblado el número de bajas en los últimos diez años, pero no en paralelo al crecimiento económico, de hecho, así frente al 100% de incremento de las bajas, el PIB per cápita en la última década ha subido un 27%, y el PIB anual un 32%. En cualquier caso, la incapacidad temporal es un indicador de salud laboral, no es un indicador de crecimiento económico para ello está el PIB, el PNB, el PIB per cápita, la tasa de empleo, la tasa de pobreza, etc. Perotampoco se correspondería con el 28,2% de incremento en el número de afiliados en los últimos diez años.
Hay mucho absentismo porque las mutuas no pueden dar altas en contingencia común, ni atender sanitariamente sus procesos.
Es cierto que, si las mutuas pudieran dar altas a priori, pareciera que las propuestas de alta que ahora tan solo pueden hacer, se mejoraría el ratio de altas. Pero una cosa es que tengas la capacidad de dar altas y otra bien distinta que la ejerzas con pretendida “contundencia”, que puedas atender al volumen de bajas, y que dispongas de personal capacitado. Y en cuanto al apoyo asistencial este queda reducido al ámbito de los trastornos musculoesqueléticos y supeditado a que el trabajador desee ser atendido por la mutua en vez del servicio público.
Hay mucho absentismo por la incorporación al mercado laboral de la generación Z (nacidos a partir del 98) o por culpa de los jóvenes en general.
Si es cierto que los jóvenes (menores de 55 años) duplican en bajas a los de más de 55 años, pero lo cierto es que la población trabajadora de menos de 55 años supone más del 70% de la población trabajadora, es cierto que en el absentismo por incapacidad temporal por trastornos de la salud mental hay un predominio etario entre los 36-45 años. Pero no es cierto que, en el resto de las patologías, haya datos que indiquen significativamente que los jóvenes sean más absentistas proporcionalmente al número de trabajadores. La generación joven menores de 45 años puede estar menos motivada o tener distinto concepto del trabajo, tiene un alto índice de rotación en el empleo, pero no se puede afirmar que su tasa de bajas por mil trabajadores (incidencia por grupo etario) sea significativamente mayor que la de la población de más de 45 años, ni que sea proporcional el incremento de la población trabajadora joven la causante del absentismo disparado por incapacidad temporal en los últimos diez años, ni en el último quinquenio. Pero si es cierto que los millennials y también la generación Z tienen una incidencia parecida de bajas por trastornos musculoesqueléticos que los mayores de años de años, lo que no debiera de ocurrir, pues son trastornos ligados a la edad.
Hay mucho absentismo porque hay mucho abuso
Es cierto hay abuso o mal uso (estar de baja no por razón de estar enfermo sino por otras razones dispares ajenas a la enfermedad incapacitante para el trabajo), pero no confundir todo el absentismo con todo abuso, ni el incremento en el absentismo con un incremento del abuso (y menos del fraude). El abuso puede estar presente en las bajas, pero las variables en la presentación y en la prolongación de las bajas son múltiples, y sólo unas pocas dependen del componente voluntario del trabajador en baja (riesgo moral), que puede cifrarse en el 15% de las bajas, aquellas que debieran ser “altables”, con total certeza.
Así que todas estas “medio verdades”, y menos por si solas, no explican el incremento exponencial e imparables de las bajas.
La verdad
Hay mucha Incapacidad Temporal por descontrol.
Hay mucha Incapacidad Temporal por descontrol y lo qué no se controla se descontrola. Entendiendo porcontroladores puros los Inspectores Médicos del INSS y de las comunidades autónomas (CCAA) que son los que pueden dar altas, sobreponiéndose a las bajas del Médico de Atención Primaria (MAP) o admitiendo o denegando las propuestas de alta de las mutuas (Contingencia Común).
Hay mucha Incapacidad Temporal por no implicación de Médico de Atención Primaria.
Hay mucha Incapacidad Temporal por no implicación de Médico de Atención Primaria, y por la consideración de la Incapacidad Temporal, como un trámite o acto administrativo y no como un acto médico que conlleva el reconocimiento médico valorador.
Hay mucha Incapacidad Temporal por desmotivación laboral.
Hay mucha Incapacidad Temporal por desmotivación laboral que implica tanta desmotivación por el tipo de trabajo (mala organización, conflictividad, trabajo no cualificado y/o precario, no posibilidad de conciliación) y desmotivación por trabajar (componente personal), o la distinta concepción del significado del trabajo. En cualquier caso, la desmotivación condiciona la actitud, que pesa en la disposición y en lo subjetivo de cómo uno se siente de capacitado y cómo lo refiere.
Hay mucha Incapacidad Temporal por no conciencia de que es una prestación “graciable”.
Hay mucha Incapacidad Temporal por no hay conciencia de que es una prestación a la que debe accederse no como un derecho gratuito o sin exigencias, sino que exige de forma preceptiva un reconocimiento médico valorador de que se padece una enfermedad, se precisa tratamiento y se está impedido para trabajar por las limitaciones funcionales que la enfermedad presenta. La Incapacidad Temporal es una prestación económica pública sustentada con recursos públicos y costes para la empresa, sujeta a control. Las bajas no se “cogen”, las extiende el médico, tras reconocimiento médico del trabajador y comprobar que su estado de salud es incompatible con el trabajo.
Hay mucha Incapacidad Temporal por falta de prevención.
Hay mucha Incapacidad Temporal por falta de prevención primaria que evite que la incapacidad laboral se produzca, atendiendo adecuadamente los procesos en tiempo y forma antes de desarrollar incapacidad laboral.
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por atasco sanitario.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por atasco sanitario que demora el diagnóstico, el tratamiento y la mejoría, retrasando el alta; causando deterioro de la salud, peor pronóstico, peor evolución, riesgo de cronificación y retorno laboral dificultoso.
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por falta de prevención secundaria.
Hay mucha Incapacidad Temporal por falta de prevención secundaria de la incapacidad, es decir, que una vez desarrollada no se actúe de forma temprana, sin demora ni en el diagnóstico, ni en el tratamiento, ni en el seguimiento y con el mejor tratamiento para conseguir recuperar la salud lo antes posible; lo que guarda relación con el atasco sanitario, aunque también con la inequidad, tanto social como territorial en el acceso a determinados tratamientos
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por no implicación del Médico de Atención Primaria.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por no implicación del MAP en el seguimiento del proceso y la actualización del daño incapacitante laboral, es decir valoración continuada de si persiste el impedimento para el trabajo. Priorizando la atención sanitaria, pero olvidando que la baja y su prolongación o confirmación, son un acto médico, exigen un reconocimiento médico y una valoración médica; y, por tanto, no son un mero trámite o acto administrativo.
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por descontrol o falta de control eficaz de las inspecciones médicas INSS y CCAA
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por descontrol o falta de control eficaz de las inspecciones médicas INSS y CCAA, llegando tarde y en ocasiones muy tarde con reconocimientos médico evaluadores, meses y meses más tarde (más allá de los 365 días en la mayoría de los supuestos, y en algunos casos primer reconocimiento médico valorador presencial a los 500 días de baja, o más) de cuando debieron realizarse.
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por no conocer el tipo de trabajo.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por no conocer el tipo de trabajo y los requerimientos funcionales del mismo, que de conocerse procurarían el inicio de la baja y su prolongación de forma correcta, es decir conocer si las consecuencias de una enfermedad impiden trabajar para el trabajo concreto que se realiza, e incluso facultarían también las incorporaciones por mejoría que permitieran trabajar, aunque no hubiera curación todavía. (Altas parciales, incorporaciones graduales)
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por problemas en la gestión.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por problemas en la gestión eficaz y en el trámite de las bajas, parte de confirmación o continuidad y el parte de alta médica, en el justo momento en que se dan estas valoraciones.
Hay mucha Incapacidad Temporal “prolongada” por componente voluntario.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por componente voluntario en mantenerse en la situación de baja exponiendo síntomas incapacitantes que llevan a suponer no hay curación o mejoría suficiente (riesgo moral en el aseguramiento) cuando no es así. También porque a veces este componente voluntario distorsionante encubre el refugio en la incapacidad temporal (IT Refugio) de situaciones ajenas al hecho de estar enfermo e incapacitado laboralmente, sino para cubrir otras necesidades personales de diversa índole.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por falta de comunicación.
Hay mucha Incapacidad Temporal prolongada por falta de comunicación entre entidades involucradas, médico de primaria y atención especializada, inspecciones médicas INSS y CCAA, mutuas en el control de IT por contingencia común, resoluciones del INSS, y el ámbito laboral, servicios de prevención y medicina del trabajo.
De la incertidumbre a la certeza en las bajas.
En la presentación o la prolongación de las bajas hay múltiples variables (ver páginas pp.264-266 La incapacidad, indicador de salud laboral con alta variabilidad territorial. Revista Medicina y seguridad del trabajo. 2019, vol.65, n.257), no todas las variables tienen el mismo peso en la causa del absentismo por incapacidad temporal, no todas tiene el mismo peso en explicar las razones del incremento exponencial de las bajas, y no todas son controlables.
Tipos de variables en la incapacidad temporal:
- Variables propias que guardan relación o están ligadas al proceso, enfermedad, el enfermar, el trabajador y el trabajo, y que es preciso analizar para averiguar las causas, para actuar en prevención, en definitiva, para conocer qué enfermedades la causan, a qué trabajadores, en qué trabajos y con qué duración e intensidad. (Mapa Incapacidad).
- Variables impropias o ajenas a la enfermedad y su consecuencia en el trabajador y para el trabajo, no son debidas al propio proceso del enfermar, ni a su tratamiento, ni a su evolución clínica, ni a su repercusión limitante laboral, son por tanto indirectas, transversales y expresan desviaciones o abuso tanto en el inicio como en la prolongación de la baja y es necesario controlar y realizar una mejor gestión.

Dando por entendida la realidad sobre las bajas…
Si es cierto que hay mucho absentismo porque hay mucho descontrol, y lo que no se controla se descontrola, procurar la realización eficaz del control. Hay que incrementar la labor inspectora médica, para lo que se requiere disponer de personal en número y capacitación adecuada, sin controladores no hay control. Y también, disponiendo de medios de actuación inspectora como el acceso completo a la historia clínica, el conocimiento cierto de la ocupación y actividad, y herramientas informáticas ágiles, de fácil uso y eficaces para el control de los procesos.
Si es cierto que hay que un aumento de las bajas y más en concreto de determinado tipo de procesos o agrupaciones sintomáticas hay que implementar programas de control de las bajas para aquellos procesos en los que se conoce hay más desviación entre tiempo óptimo y tiempo de baja.
Si es cierto que hay que un aumento de las bajas, indagar sobre qué causa la baja, qué enfermedades, a qué trabajadores, en qué ocupaciones, y durante cuánto tiempo. Análisis de datos para conocer qué incapacita laboralmente, entendiendo que antes que nada las bajas son un exponente e indicador de salud laboral, más allá de una consideración economicista, prestacional o de gasto.
Si es cierto que hay una falta de implicación del médico de primaria en el seguimiento y control de las bajas, aumentar su compromiso, apoyando su acción desde las inspecciones médicas con una mayor colaboración y comunicación, y desde luego asumir las bajas en la “cartera sanitaria”, dotando de tiempo y personal para poder llevar a cabo esta tarea, que es un acto médico.
Si es cierto que hay una falta de prevención hay que trabajar en prevención para que la incapacidad laboral no se produzca, para que cuando aparece se recupere la salud de forma temprana y establecer políticas de retorno tras la baja para evitar recaídas.
Si es cierto que hay atasco sanitario y que este incide en las bajas largas, facilitar atención temprana, priorizando su atención mediante programas de actuación temprana, sobre todo en trastornos musculoesqueléticos y en salud mental.
Si es cierto que hay falta de comunicación entre el ámbito sanitario, el prestacional y el laboral, y que esta falta de comunicación incide en las bajas largas, facilitar la comunicación multidireccional y participativa.
Si es cierto que se desconoce el trabajo que realiza el trabajador en baja y que esto incide en la actuación correcta (inicio, confirmación y alta) facilitar la información sobre ocupación actividad de la empresa y requerimientos funcionales del trabajo.
Si es cierto que los problemas en la gestión y trámite de los partes de baja, confirmación y alta inciden en la duración o prolongación de las bajas, implementar medios de gestión eficaces y que posibiliten la actuación inmediata a cuando se debe de proceder.
Consideraciones sobre las causas, desviaciones, y abuso en las bajas,

Hay que efectuar un completo análisis de las causas de la Incapacidad Temporal (las bajas, el absentismo por IT) para actuar en prevención.
Hay que efectuar un eficaz control de las desviaciones y el abuso, y una mejora en la gestión.
Consideraciones:
- Estar de baja no supone siempre que se debiera estar de baja.
- Estar de baja no supone siempre que no se debiera estar de baja.
- Se debe combatir todo absentismo por IT fraudulento o inadecuado.
- Se debe prevenir todo absentismo por IT para evitar que la incapacidad aparezca se prorrogue o reaparezca.
- Es preciso considerar la incapacidad laboral desde la perspectiva del enfermar de la población laboral, es decir, con criterios de salud laboral, más allá de su consideración economicista, que finalmente victimiza al trabajador que la padece o al sistema sanitario que las contempla.
- Hay que actuar sobre los predictores de incapacidad o de retorno laboral fallido.
- No actuar tan solo sobre predictores de la capacidad laboral o pacientes “altables”.
- La sociedad debe adquirir conciencia de que el fraude o el abuso de la IT atenta contra la protección social pública.
- Toda baja en situación indebida es fraude.
- Las entidades implicadas en la IT servicio público, inspecciones médicas y mutuas deben comprometerse e implicarse en acciones conjuntas frente al fraude.
- Prevenir la incapacidad laboral reduce el absentismo y facilita el retorno laboral.
Propuestas de mejora
Mejorar de la salud de los trabajadores evitando las demoras en la atención sanitaria, propiciando políticas de gestión sanitaria a este fin. Evitar la inequidad en el acceso a los tratamientos. Colaboración entre instituciones sanitarias públicas, concertadas y mutuas. La mejor forma de prevenir la incapacidad o mejorar la situación una vez producida es con acceso inmediato a las pruebas diagnósticas y a la derivación si procede al especialista, y, como no, que diagnosticado un proceso se preste tratamiento de forma idónea en tiempo (sin demoras) y forma (tratamiento protocolizado) y sin inequidad.
Mejorar los procedimientos de gestión o tramitaciones de la baja que faciliten una actuación y comunicación a las partes implicadas (trabajador, empresa, médico de primaria e inspecciones médicas) inmediata, tanto en partes de baja, confirmación, el alta médica, o el inicio de incapacidad permanente.
Mejorar el apoyo y comunicación con el médico de primaria. Entendida que la incapacidad temporal (IT) es iniciada, seguida y finalizada en la mayoría de las situaciones por el médico de atención primaria, una correcta gestión integral de la incapacidad temporal debe contar con él. No victimizar al trabajador en baja o culpar al médico que la extiende.
La mejor valoración de la situación de incapacidad laboral precisa de disponer de la más completa información médico laboral compartida de los procesos, evolución y limitaciones. Mejorar el flujo de información entre las entidades implicadas en la gestión de la IT. (ámbito asistencial, prestacional y medicina del trabajo)
Es preciso poner en conocimiento tanto para primaria como de las instituciones implicadas en la IT, de los requerimientos del trabajo para el que se está incapacitado (a través de la ficha ocupacional). La incapacidad tiene siempre una singularidad expresa tanto por la enfermedad, como por el trabajo para el que incapacita.
Deben implantarse protocolos de actuación en la valoración de la incapacidad para una mejor adecuación de las situaciones de incapacidad laboral. Hay que establecer estrategias conjuntas CCAA y del INSS para valorar la evolución de la IT en cada territorio e implementar programas de actuación para la adecuación de las situaciones de baja.
Elaborar el “mapeo” de la incapacidad laboral (Mapa de Incapacidad) y la divulgación publica y periódica de los datos y su análisis, por un principio de trasparencia obligada de los poderes públicos. La correcta gestión de la incapacidad laboral debe disponer de todos los datos sobre las variables que condicionan la incapacidad laboral con un análisis directo y actualizado del comportamiento de la incapacidad, interrelacionando datos referentes a enfermedad y limitaciones funcionales, edad, sexo, trabajo, puesto, actividad de empresa, tipo de empresa, situación laboral, días perdidos en incapacidad temporal, grado de incapacidad permanente, situación familiar, domicilio, y factores sociales y económicos,
Hay necesidad de implementar políticas de retorno al trabajo tras incapacidad laboral prolongada o tras cáncerque contemplen la “aptitud sobrevenida” tras estos procesos, y facilite el alta parcial o la incorporación paulatina.
Dos actuaciones elementales, en resumen: Analizar porqué se produce la incapacidad laboral y control de desviaciones y/o abuso.
Conclusiones finales:
- Mejorar los sistemas de registro. Mapa de Incapacidad.
- Mejorar la toma de decisiones.
- Mejorar la comunicación entre el ámbito asistencial, el prestacional y el laboral.
- Mejorar la relación empresa, trabajador, y el sistema de protección.
- Facilitar el alta parcial y el retorno gradual.
- Posibilitar la situación de baja y alta para distintas exigencias laborales.
- Procurar la conciliación laboral y la vida personal. Flexibilidad horaria.
- Conocimiento concreto de los requerimientos del trabajo. Ficha Ocupacional.
- Evitar controversia entre no apto y alta o no incapacidad
- Garantizar la bioseguridad laboral. Empresa y trabajo saludable.
- Mayor rigor en la determinación de contingencia causal del trabajo
- Programas específicos de retorno por procesos musculo esqueléticos, trastornos psiquiátricos menores y un plan estratégico en los trabajadores con cáncer.
- Cambios en la norma que hagan todo lo anterior posible.
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