Autor: José Manuel Vicente Pardo. Director de la Cátedra Internacional de Medicina Evaluadora, Pericial y Laboral UCAM
Más afiliados a la Seguridad Social con peor salud laboral más bajas
A mayor número de trabajadores, es lógico esperar un mayor número absoluto de bajas laborales. Salvo episodios excepcionales como la pandemia de la COVID-19, lo esperable sería que la tendencia del absentismo por incapacidad temporal creciera en paralelo al número de afiliados. Si las variables salud, atención sanitaria y condiciones de trabajo permanecieran estables, las curvas deberían evolucionar de forma similar.
Sin embargo, no está ocurriendo así. En los últimos años, la salud mental ha empeorado de forma evidente, tanto por la forma de vida actual como por factores relacionados con el trabajo. Tras la pandemia, los trastornos de ansiedad, depresión o agotamiento emocional han crecido de manera notable, y con ellos, las bajas laborales.
A esta situación se suma el colapso de la sanidad pública, que retrasa la atención temprana. La falta de diagnóstico y tratamiento oportunos agrava las dolencias, prolonga la incapacidad temporal y alarga los procesos de recuperación. En otras palabras, se enferma más y se tarda más en curar.
Por otro lado, el propio entorno laboral contribuye de forma decisiva a este deterioro. Las malas condiciones de trabajo, la precariedad, el estrés, los riesgos psicosociales o la alta exigencia son causas directas o agravantes de numerosas enfermedades. El trabajo puede ser, en muchos casos, origen de la enfermedad o factor que la empeora, incluso cuando su causa inicial sea ajena al ámbito laboral.
A menudo se analizan las bajas con datos agregados —gasto total, incidencia o duración media—, como si respondieran a una única causa. Pero la realidad es más compleja. No todos los procesos de incapacidad son iguales, ni en intensidad, ni en tratamiento, ni en pronóstico, ni en su relación con el trabajo.
Por ello, es imprescindible un verdadero “mapeo” de la incapacidad temporal, que permita conocer con detalle:
- Qué enfermedades incapacitan (por grupos diagnósticos principales, como lumbalgias o trastornos de ansiedad).
- A qué tipo de trabajadores afectan (edad, sexo, ocupación) cada una de ellas.
- En qué sectores o actividades se concentran cada una de ellas.
- Con qué incidencia y duración específica se dan.
- Por qué se produce la incapacidad, si es con relación laboral o no.
Solo con estos datos podremos actuar desde una perspectiva epidemiológica y preventiva, y no únicamente con criterios de gestión económica, y elaborar una gestión estratégica de la salud laboral.
Desconocer qué enfermedades incapacitan, a quién afectan y en qué contextos laborales impide actuar preventivamente y gestionar la recuperación de manera eficaz. La mejor prevención de la incapacidad laboral es conocer por qué enfermamos; y la mejor protección social, saber en qué debemos invertir para mejorar la salud y el trabajo.
Así que sí: a mayor número de trabajadores puede haber más bajas… pero si ese aumento se acompaña de peor salud y condiciones laborales, entonces estamos ante un signo claro de alarma.
Festejar el récord de afiliados a la Seguridad Social —21,7 millones alcanzados en septiembre de 2025, un 12% más que en diciembre de 2019— resulta agridulce si lo comparamos con otro récord: el de bajas, que ascendieron a 9,2 millones en 2024, unincremento del 78% en el mismo periodo; la prevalencia de bajas activas alcanzó un máximo histórico de 53,3 por cada 1.000 trabajadores; y las bajas de larga duración (más de 365 días) que también marcaron un récord, al duplicarse respecto a 2019.
Hablar de la “buena salud” del mercado laboral resulta cuestionable cuando nos referimos a las bajas laborales. El coste directo que estas suponen para las empresas es hoy un 62% superior al de 2019. En total, las bajas representan un gasto de 33.000 millones de euros para las empresas y la Seguridad Social, lo que supone un incremento del 12% respecto al año anterior. Sumado a esto, el gasto público por incapacidad temporal (IT) se ha incrementado un 78% desde 2019, y el coste total estimado de la IT —incluyendo costes directos, indirectos y de producción— alcanza ya los 81.000 millones de euros anuales, en términos de PIB.
La incapacidad temporal es un indicador clave de la salud laboral, ya que refleja la pérdida de salud con carácter incapacitante para el trabajo, y así mismo el parte de baja es la certificación médica de que se está impedido para trabajarpor las consecuencias limitantes de una enfermedad o lesión. Las principales variables que explican este fenómeno son el deterioro del estado de salud, la calidad y evolución de la atención sanitaria recibida, y las características y riesgos del puesto de trabajo que determinan la incapacidad.
Una atención sanitaria saturada, con largas listas de espera para pruebas y tratamientos, puede prolongar las bajas laborales y empeorar el estado de salud de los trabajadores. Cuanto más se dilata la atención, más se alarga la recuperación.
Además, los empleos con condiciones laborales deficientes, altas cargas físicas o mentales, situaciones de estrés, precariedad, entornos inadecuados o mala organización pueden aumentar la frecuencia y duración de las bajas, especialmente cuando generan, además de enfermedad, insatisfacción y desmotivación.
La duración y prevalencia de la incapacidad temporal pueden verse afectadas por una gestión ineficiente de la prestación, la burocracia que retrasa los procesos, la falta de control y, asimismo, por el abuso o mal uso de la misma.
Así que, a mayor número de afiliados, se espera una mayor proporción de bajas. Sin embargo, si no se mejoran las condiciones de trabajo, la prevención de la incapacidad y la estabilidad laboral, y además existe peor salud y una atención sanitaria deficiente, la insatisfacción y la desmotivación laboral incrementarán aún más las bajas.
El aumento de las bajas también puede deberse a factores no médicos o laborales, como una gestión inadecuada, falta de control o mal uso de la prestación.
En estas circunstancias, un mayor número de afiliados puede traducirse en un incremento significativo de bajas, lo que podría seguir estableciendo récords poco satisfactorios, con zozobra del sistema de protección y bienestar social.
La zozobra del sistema de protección y bienestar social
El sistema de protección y bienestar social, uno de los mayores logros del Estado moderno, atraviesa un momento de evidente zozobra. La Seguridad Social, los Servicios Públicos Salud y los mecanismos de apoyo a las personas trabajadoras enfermas se enfrentan a un escenario de descontrol, mala gestión y deterioro progresivo de la salud colectiva.
Por otra parte, el incremento del absentismo por incapacidad temporal se consolida como un reto estructural para las empresas, con un impacto directo en la productividad, los costes laborales (por sustituciones, primas de seguros, etc.) y la organización del trabajo.
Absentismo e incapacidad laboral: dos caras de una misma moneda
La incapacidad temporal: más que un gasto, es un escenario de recuperación
El absentismo y la incapacidad laboral suelen analizarse como fenómenos distintos, incluso opuestos. El primero se asocia habitualmente a la ausencia del trabajo sin causa justificada; el segundo, aunque a veces se denomina de forma coloquial “absentismo por incapacidad temporal”, no debería considerarse así, pues la baja laboral está avalada por un diagnóstico sanitario.
Sin embargo, en la práctica, ambos representan dos caras de una misma moneda: la del deterioro de la salud y de las condiciones laborales. Detrás de las cifras hay personas que, en mayor o menor medida, han visto afectado su bienestar físico o mental por factores laborales, sociales o sanitarios.
La incapacidad temporal puede observarse desde un enfoque limitado, como un gasto creciente o un volumen de procesos en ascenso constante. Pero no debemos olvidar su verdadera naturaleza: estar de baja es estar enfermo, y ello implica una situación de pérdida de salud que requiere tiempo, atención y cuidados para poder recuperarse y volver al trabajo en condiciones adecuadas.
Mientras no se demuestre lo contrario, una persona en situación de baja no es un coste improductivo, sino alguien en proceso de recuperación, a la espera de que el sistema sanitario cumpla su función: restablecer la salud y la capacidad laboral.
Por ello, la incapacidad temporal debe entenderse como un escenario de recuperación, no como una carga. La gestión de la prestación ha de ser ágil, eficaz y libre de burocracias abigarradas que solo añaden frustración y retrasan la curación. La incapacidad temporal no debe convertirse en un laberinto administrativo, sino en un puente entre la enfermedad y la reincorporación laboral.
El trabajador en baja desea, en la mayoría de los casos, recuperarse lo antes posible, reincorporarse y hacerlo de forma saludable, eficaz y continuada. Pero para que esto sea posible, el entorno laboral al que regrese no debe ser un factor de riesgo ni un obstáculo para mantener su salud.
En definitiva, la incapacidad temporal no es solo un indicador económico: es una expresión del estado de salud de la población trabajadora y de la capacidad del sistema para cuidarla, atenderla y facilitar su retorno digno y sostenible al trabajo.
Conclusión.
Hay que trasladar a los responsables de salud laboral y a las administraciones la necesidad de abordar el absentismo desde una perspectiva más integral.
La solución a los problemas del absentismo requiere una mejor gestión y control, para erradicar el abuso y las desviaciones, y una mejor prevención, junto con la mejora de las condiciones laborales y de la atención sanitaria, con el fin de evitar que la incapacidad laboral llegue a producirse.
Ello es aplicable tanto a los procesos de origen directamente laboral como a aquellos en los que el trabajo actúa como factor agravante o perjudicial para la salud de causa no ocupacional o en procesos de origen no laboral.
Además, cuando la incapacidad laboral se produce, es necesario que no se prolongue más de lo estrictamente preciso, favoreciendo la recuperación de la salud mediante una atención sanitaria adecuada y oportuna, sin listas de espera que retrasen la recuperación ni empeoren el pronóstico.
Por último, resulta esencial una actuación preventiva al finalizar la incapacidad temporal, que garantice un retorno al trabajo saludable, eficaz y duradero.
Urgen medidas frente al absentismo, porque está en juego no solo la SOSTENIBILIDAD DEL SISTEMA, sino también el MANTENIMIENTO DEL ACTUAL NIVEL DE PROTECCIÓN de la incapacidad temporal. Es necesario implantar mecanismos de control eficaces y mejorar la gestión de la prestación, evitando la burocracia innecesaria y los procedimientos ineficientes que alargan los procesos.
Debemos abandonar la visión meramente economicista o victimizadora del trabajador en situación de baja, y AVANZAR HACIA UN ENFOQUE PREVENTIVO Y CENTRADO EN LA SALUD LABORAL. Esto implica apostar por la prevención, reforzar la atención sanitaria al trabajador durante la incapacidad, promoviendo su pronta recuperación mediante programas de atención temprana, especialmente en los casos de salud mental o trastornos musculoesqueléticos.
También es esencial desarrollar políticas efectivas de retorno laboral, tanto para trabajadores que superan enfermedades graves como el cáncer, como para aquellos con bajas prolongadas o recaídas frecuentes. Finalmente, necesitamos un verdadero ‘mapeo de la incapacidad’ que nos permita conocer qué incapacita, a quién, en qué puestos de trabajo y con qué intensidad.
Solo con una visión integral y coordinada entre las administraciones, los responsables de salud laboral y los agentes sociales podremos construir un sistema más eficiente, justo y sostenible, que proteja la salud del trabajador sin poner en riesgo la viabilidad del sistema.
Un récord de afiliaciones y un récord de bajas representan dos caras de una misma realidad: la buena salud del mercado laboral y, al mismo tiempo, la mala salud laboral, que requiere una gestión estratégica.
Las medidas frente a la mala gestión, el descontrol o el posible abuso son de rápida implantación y permiten alcanzar objetivos a corto plazo.
Por el contrario, las acciones orientadas a mejorar la salud, las condiciones y la organización del trabajo, así como a reducir las listas de espera, tienen un alcance más amplio y requieren planificación sostenida en el tiempo.
Asimismo, conviene valorar la posibilidad de compatibilizar la situación de baja, en casos de pluriempleo o pluriactividad, con el desempeño de otro trabajo para el que la persona no se encuentre incapacitada.
Por último, las medidas destinadas a facilitar el retorno laboral tras una baja prolongada, bajas recurrentes o tras un cáncer u otros procesos graves —incluyendo adaptaciones progresivas de jornada y carga de trabajo, así como un sistema de coste compartido entre la empresa y la Seguridad Social— deben impulsarse mediante acuerdos entre los agentes sociales y la Administración de la Seguridad Social, y quedar plasmadas en normas específicas.
Bibliografía de referencia.
Vicente Pardo, José Manuel. Propuestas de mejora preventivas y de gestión en el absentismo por incapacidad temporal.
Vicente Pardo, José Manuel Las bajas, verdades, mentiras o medias verdades en el absentismo por incapacidad temporal 3 de agosto de 2025
https://prevencionar.com/2025/08/03/las-bajas-verdadese-mentiras-absentismo/
Vicente Pardo, José Manuel Qué esconde el incremento de la Incapacidad Temporal https://prevencionar.com/2025/04/23/que-esconde-el-incremento-de-la-incapacidad-temporal/
Vicente Pardo, José Manuel. & López-Guillén García, Araceli, (2024). Cuando el absentismo es enfermedad y no abuso, no es absentismo es enfermedad.
https://prevencionar.com/2024/05/14/cuando-el-absentismo-es-enfermedad-y-no-abuso/
Vicente Pardo, José Manuel, & López-Guillén García, Araceli. Absentismo enfermedad, abuso, descontrol y mejoras https://prevencionar.com/2024/01/19/absentismo-enfermedad-abuso-descontrol-y-mejoras/
Vicente Pardo, José Manuel Absentismo y control, malos tiempos para la lírica https://prevencionar.com/2024/06/13/absentismo-y-control-malos-tiempos-para-la-lirica/
Vicente Pardo, José Manuel, & López-Guillén García, Araceli. Incapacidad laboral, epidemiología ocupacional y la necesidad de un mapa de la incapacidad. https://prevencionar.com/2022/08/29/incapacidad-laboral-epidemiologia-ocupacional-y-la-necesidad-de-un-mapa-de-la-incapacidad/
Vicente Pardo, José Manuel, & López-Guillén García, Araceli. La incapacidad, indicador de salud laboral con alta variabilidad territorial. Medicina y Seguridad del Trabajo, 65(257), 261-284. Epub 22 de marzo de 2021. Recuperado en 22 de abril de 2024, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0465-546X2019000400261&lng=es&tlng=es.
López-Guillén García, Araceli &Vicente Pardo, José Manuel Prevención de la incapacidad laboral en materia de Seguridad Social
















